Qué es la “enfermedad del vikingo”, la patología común en hombres noruegos

Aunque su nombre puede remitir a una leyenda o a una enfermedad antigua, la llamada “enfermedad del vikingo” es una patología real que afecta las manos y puede dificultar tareas cotidianas como apoyar la palma sobre una mesa, estrecharla o sujetar objetos.Su denominación médica es enfermedad de Dupuytren, pero popularmente se la conoce como “enfermedad del vikingo” debido a su elevada incidencia entre personas con ascendencia del norte de Europa, especialmente en países como Noruega, Suecia, Dinamarca e Islandia. En los últimos años, además, distintos estudios genéticos sugirieron que parte de la predisposición a desarrollar esta enfermedad podría estar relacionada con variantes heredadas de los neandertales.La traumatóloga Sandra Pérez explicó a través de un video publicado en sus redes sociales que la enfermedad se origina en la fascia palmar, una capa de tejido conectivo que recubre los músculos y tendones de la mano. Cuando aparece esta patología, ese tejido comienza a engrosarse de manera anormal y forma una especie de bandas o cuerdas debajo de la piel. Con el paso del tiempo, esas estructuras tiran de los dedos hacia la palma y pueden impedir que la mano se estire completamente.“No conocemos la evolución de esta enfermedad, es decir, en algunas puede cursar de forma lenta y en otras en forma más rápida y agresiva. No conocemos tampoco un tratamiento para detenerla, pero el tratamiento definitivo va a ser el quirúrgico. ¿Y cuándo lo vamos a llevar a cabo? Cuando le pedimos al paciente que coloque la mano sobre una superficie plana, pero no consigue tener la mano completamente extendida en esta superficie. El tratamiento va a ser una resección selectiva de esta cuerda”, explicó la médica.Traumatóloga explica la enfermadad del vikingo Según el portal National Library of Medicine, la displasia fibrosa (DF) es relativamente rara, ya que afecta del 1% al 2% de la población. En los casos más avanzados, la enfermedad puede impedir realizar movimientos tan simples como abrir completamente la mano, estrechar la de otra persona, colocarse un guante, agarrar objetos grandes, sostener herramientas o apoyar la palma sobre una superficie plana. Aunque generalmente no provoca dolor intenso, la pérdida progresiva de movilidad puede afectar de manera significativa la autonomía y las actividades cotidianas de quienes la padecen.Tras la cirugía, muchos pacientes recuperan gran parte de la movilidad y mejoran significativamente su funcionalidad. Sin embargo, el resultado depende del grado de avance de la enfermedad y del tiempo que los dedos hayan permanecido contraídos, por lo que no siempre es posible recuperar la movilidad en su totalidad. Además, los especialistas advierten que esta patología puede reaparecer con el paso de los años, por lo que es importante mantener controles médicos anuales para poder controlarla en el resto de los dedos de las manos.

Fuente: La Nación