La colección privada de un gran curador: Marcelo Pacheco exhibe su acervo por primera vez

Una nota sobre Raquel Forner, publicada por una revista a mediados de la década de 1970, llamó su atención. A tal punto que aquel adolescente decidió enviarle desde Necochea una carta a la artista, que vivía en Buenos Aires. Así nació la amistad con esa pintora, escultora y profesora de dibujo que lo superaba en edad por más de medio siglo. Y que continuó hasta la muerte de ella, en 1988, mientras el joven se disponía a dejar una profunda huella en la historia del arte argentino. Bonnie Brennan, CEO de Christie’s: “Los coleccionistas jóvenes pueden pagar un millón de euros por una guitarra de Jeff Beck”Ese vínculo entre dos grandes protagonistas de la escena cultural porteña se cuenta entre los muchos que aborda desde hoy en Colección Fortabat la muestra Reunión en Neocriollo-Colección Marcelo E. Pacheco. “Forner es su primer amor”, dice Santiago Villanueva al señalar un texto que escribió sobre la artista este experto que impulsó la Fundación Espigas, trabajó como curador en el Museo Nacional de Bellas Artes y contribuyó a formar la colección permanente del Malba. Incluye un centenar de obras realizadas durante más de un siglo, que presenta por primera vez. Gracias al gran trabajo de Villanueva y de Mónica Girón, quien concibió el espacio de exhibición, entrar en la sala que la aloja es como abrir la puerta de su casa, ahora casi vacía hasta que las obras regresen a fines de septiembre. Incluso hay un biombo pintado por Alfredo Guido a mediados del siglo pasado, que según sus amigos suele tener en el living comedor. Entre las primeras que se ven llama la atención una pintura realizada por Miguel Carlos Victorica en 1938: es el retrato de Miss, la gata de su tío abuelo Andrés Garmendia Uranga. Gracias a él y a su abuelo José Luis de Ariño, Pacheco conoció desde chico el legado de grandes artistas como Joaquín Torres García, Emilio Pettoruti, Víctor Cúnsolo, Alfredo Guttero, Eduardo Eiriz Maglione y Jorge Larco. A esas pinturas que veía a diario se sumaron en fu formación inicial publicaciones como Plus Ultra y Continente, que reprodujo algunas de la colección de su tío abuelo. “Desde ese momento viene su obsesión por entender cómo se formaron las colecciones en la Argentina”, señala Villanueva. “La palabra neocriollo es un concepto de Xul Solar del año 22 que él aplicó a muchos artistas”, agrega el curador en referencia al título de la exposición, que refleja esa identidad regional “con fronteras borrosas”. La amplitud de la mirada de Pacheco también es evidente en esta selección, que abarca casi la totalidad de su acervo. La pieza más antigua de la muestra es Fulgor de Buenos Aires (1904), una pequeña acuarela pintada por Alfredo Guttero mientras se alejaba en barco de la costa argentina rumbo a Europa. Y entre las más recientes se cuenta una de Girón, realizada 110 años después. “Cuando llegué desde Bariloche a Buenos Aires a fines de los años 80, armé un grupo de artistas y empezamos a buscar quién nos podía apoyar. Porque ya había un canon de artistas mucho mayores, éramos mujeres y estaba complicado -dijo a LA NACION esta última-. Buscamos a los teóricos y curadores y les pedíamos que hicieran conferencias o que hablaran de nuestro trabajo. Marcelo vino al taller y nos hicimos amigos muy pronto, nos queremos mucho. Él entendía mi trabajo y me apoyó desde el inicio: yo tenía obras que no encajaban con lo que estaba más en boga, pero él estaba dispuesto a escribir. Fue un privilegio tenerlo a mi lado. Y en general era un intercambio: yo a cambio le regalaba alguna obra, porque que nadie tenía plata”. A las obras que Pacheco obtuvo gracias a esos intercambios se suman las heredadas, además de compras y regalos. De esa manera, su colección abarca desde las vanguardias y la pintura figurativa hasta los artistas de los 90 que, recuerda Villanueva, “acompañó, pensó y exhibió”. Junto a Bailarinas, una pequeña acuarela realizada hacia por Pettoruti en 1919 y comprada por sus antepasados en Amigos del Arte, cuelga otra de su amigo Oscar Bony, realizada 75 después e inspirada en el artista más cotizado del mercado argentino en subastas, a quien Pacheco dedicó muchos de sus estudios. Están presentes también Antonio Berni, Margarita Paksa, León Ferrari, Liliana Porter, Cristina Schiavi, Fermín Eguía, Alfredo Prior, Pablo Siquier, Elba Bairon. Y una de Girón que se presenta al lado de otra de Forner, su “primer amor”, tal como a él le gusta reunirlas en su casa.Para agendar: Reunión en Neocriollo-Colección Marcelo E. Pacheco, desde hoy a las 19 con entrada gratis en Colección Amalita (Olga Cossettini 141).

Fuente: La Nación