Nicolás Otamendi regresa al fútbol argentino después de 16 años: del orgullo de Vélez a la pasión por River

El último partido oficial de Nicolás Otamendi con la camiseta de Vélez fue el 23 de agosto de 2010. En su despedida del fútbol argentino, el Fortín derrotó a All Boys por 2 a 1, en el Estadio Islas Malvinas de Floresta, con goles de Maximiliano Moralez y Juan Manuel Martínez, el Burrito. El defensor central fue transferido a Porto, de Portugal, que pagó unos 4 millones de euros por el 50% de su ficha; una temporada después, invirtió el mismo número para adquirir la totalidad de su pase.Tenía 22 años. Una vida después, se convirtió en un símbolo de Benfica, su enemigo íntimo. Aunque esa es otra historia.Ese Vélez, campeón con Ricardo Gareca como entrenador, formó aquella tarde con Marcelo Barovero; Fabián Cubero, Nicolás Otamendi, Sebastián Domínguez y Emiliano Papa; Augusto Fernández, Leandro Somoza y Víctor Zapata; Maximiliano Moralez; Juan Manuel Martínez y Santiago Silva. Un equipo de overol, galera y bastón, que salía de memoria. Entre ese día frío de agosto y este sábado invernal, en el que River, su nueva casa, el amor de su vida deportiva, juega con Barracas Central en el Monumental, habrán pasado 15 años, 11 meses y 10 días. Casi 16 temporadas después, el fútbol argentino es otro. El caudillo es otro... aunque no tanto.Tiene 38 años, es campeón del mundo, finalista en Estados Unidos, México y Canadá (sumó 243 minutos, solo en un partido fue titular), todo un símbolo en la etapa más exitosa de la historia de la selección. Diego Maradona lo adoraba: llegó a ponerlo de lateral derecho en un Mundial, en el fatídico 4-0 de Alemania sobre la Argentina, que marcó la despedida en los cuartos de final de Sudáfrica. En realidad, se trata de un central por naturaleza. Diego lo disfrazó de 4 en un triunfo indispensable en la última jornada sudamericana ante Uruguay, repitió en un amistoso ante Alemania y lo confirmó dentro de los 23 convocados en la aventura sudafricana.“Tiene las características de Roberto Perfumo cuando se estaba retirando: habla, ordena. Es increíble, está tres escalones por encima del resto de los defensores que he visto en muchos años”, anunciaba Pelusa, siempre presente, mucho más en tiempos de nostalgia de selección.Lo que siguió es una historia maravillosa: hasta hizo un gol de cabeza en el Maracaná contra Brasil que significó la primera derrota del gigante en Río de Janeiro por las eliminatorias. ¡Desde atrás del arco! Otro angulo del gol de @Argentina para ganar 1-0 a #Brasil por #EliminatoriasSudamericanas 📹⚽️#CreeEnGrande pic.twitter.com/iqgKeUnGgm— CONMEBOL.com (@CONMEBOL) November 22, 2023El General (tiene otros apodos, como Ota) ofrece 27 títulos en su carrera profesional (23 a nivel de clubes y cuatro con el seleccionado). Hasta en Manchester City marcó una era en cinco temporadas. Todo eso pone en juego en su aventura en River, en un enrarecido River, con Eduardo Coudet como entrenador y con múltiples cuentas pendientes. El Otamendi líder combativo, el guerrero que desafía a Rodri en la final mundial por unas supuestas palabras de más, no basta.River necesita un mariscal de área.Cuando estaba en las inferiores de La Fábrica, en plena adolescencia, practicaba boxeo mientras escalaba listones en el Fortín. Entrenaba en un pequeño gimnasio de El Talar de Pacheco con uno de sus primos. Hasta que eligió dedicarse exclusivamente al fútbol. De todos modos, Benfica recreó en un paso de comedia un ensayo boxístico con Richard Ríos, cuando el colombiano aterrizó en Lisboa. Se trató de un pequeño circo a partir de un antiguo encontronazo.🇦🇷🫡 𝗩𝗦 🕺🇨🇴 pic.twitter.com/CgurmiUeJs— SL Benfica (@SLBenfica) July 23, 2025Cuenta la historia que estaba por quedar libre, una situación bastante habitual en nuestro medio y que justamente Vélez sufrió en continuado. Tenía tres zagueros delante. En la primera fecha del torneo anterior, Waldo Ponce, un futbolista chileno, estaba lesionado. Fernando Tobio participaba de un Sub 20 en el Sudamericano de Venezuela. Y Marco Torsiglieri estaba suspendido.Gareca le palmeó la espalda, lo mantuvo todo el campeonato. Y la rompió. Allí surgió la dulce voz de Maradona. Y para Richard (Gareca) ya pintaba en acuarela. “Siempre fue caudillo, serio. Frontal”, advertía.
Casi 16 años atrás, se presentaba en sociedad en una charla con El Gráfico. “Me considero un central ágil al que le gusta salir tocando y no reventarla. Si bien no soy tan alto, pierdo poco de cabeza. Tiendo a marcar de perfil al atacante porque tengo más chances de ganarle la posición. Prefiero achicar hacia adelante en sentido de los costados, ya que consigo más tiempo para sacar a mi rival para afuera y que lleguen los laterales. Mi manera de jugar quizás llama la atención: trato de dejar la vida. Cada partido es una final y la gente se entusiasma. Nota que uno se tiraría a trabar con la cabeza”, se extendía. Ya tenía la pelota en la cabeza y al N°9 rival en un bolsillo.Cuando el plantel empezó a entrenarse en la Villa Olímpica, se tomaba tres colectivos: el 721 hasta Panamericana y 197; el 15, 60 o 21 hasta Puente Boulogne y el 57 hasta Camino del Buen Ayre y Martín Fierro. Desde allí, unas diez cuadras a pie.En cambio, de Talar de Pacheco a Liniers, “sólo” hacía el recorrido de los primeros dos, aunque al final, a veces, se “colaba” en el 21. Unas dos horas y media ida, unas dos horas y media vuelta.Ahora, pisa el lujoso predio millonario en Ezeiza con un automóvil último modelo, baja la ventanilla y saluda a los hinchas, que lo abrazan como a un campeón del mundo. “Una cosa es la edad real y otra es lo que vemos en el campo y, en mi caso, en los entrenamientos. Hay jóvenes de 20 años que son jugadores viejos y hay viejos de 38 y 40 que son jóvenes: Nico es joven”, lo admiraba José Mourinho. El pibe de 38 se quita los zapatos italianos y pone los pies en el barro. Es hora de cerrar el círculo.

Fuente: La Nación Deportes