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Emanuel, de Gran Hermano: cómo sobrevivió a una infancia violenta y la profunda relación que construyó con su hija
En 2011, Emanuel Di Gioia se coronó como uno de los participantes más populares de la sexta edición de Gran Hermano. Quince años después, Emanuel logró ingresar una vez más en el mismo reality, en el marco de GH: Generación dorada, aunque resultó eliminado tras un mano a mano con Solange Abraham. En diálogo con LA NACION, Di Gioia habló de los duros recuerdos de su infancia, la importancia que tiene su paternidad, y cómo mira a la fama luego de participar por segunda vez del reality show. -¿Qué balance hacés de tu segunda vuelta en Gran Hermano?-El balance es positivo. Cuando salí de la casa vi a mi hija, hice el stream con Santiago Del Moro, llegué al hotel y pude estar a solas después de cinco meses de no poder estarlo; la verdad es que internamente estaba feliz. Para mí esto fue una revancha y siento que, aunque quería llegar a la final, fue positivo, real y eso me llena. -¿Cómo fue el Emanuel que entró por primera vez a Gran Hermano, en 2011, y cómo es el Emanuel que entró en esta edición?-Creo que el primer Emanuel era uno más golpeado por la vida, más chispita porque estaba acostumbrado a la calle, al ruido y al barrio. Y esta edición me encontró siendo un Emanuel papá, ya desde otra perspectiva. Antes estaba enojado con la vida pero ahora la estoy disfrutando. Creo que este GH me encontró en una etapa mejor, en la que soy más calculador. La verdad es que me gusta mucho más este Emanuel. -¿Por qué decís que “estás disfrutando más de la vida”?-Porque ahora soy papá, tengo una nena de 10 años. Creo que como un animal que lame las heridas, ella me lamió el corazón. Yo estaba hecho pedazos y ella pudo sacar la mejor versión que tengo. La diferencia es abismal. -¿Qué te dijo tu hija cuando le comentaste que entrabas en Gran Hermano?-A ella le fui contando a medida que hacía los castings. Mi hija era una de las tres personas que sabían, junto a su mamá, a quien le contaba porque era la única en la que confiaba para asegurarme que mi hija estuviera bien. La tercera persona a la que le iba contando todo era a mi mamá. Y cuando se lo dije a mi hija, se lo decía afligido y entendiendo que quizás iba a pasar mucho tiempo afuera. Pero ella me respondió: “Papi, entrá y ganalo”. Automáticamente me di cuenta que era por ahí, ella es lo más grande que tengo. View this post on Instagram -En la casa compartiste que en tu infancia pasaste momentos muy duros... ¿Uno puede reconciliarse con ese pasado y convertirlo de alguna manera en algo positivo?-Totalmente, y cuando lo conté adentro de la casa tenía una lucha interna. Esas situaciones las viví cuando tenía 9 años, en el primer Gran Hermano tenía todo eso presente, pero no tan a flor de piel como cuando fui papá. Y ahora soy un papá muy presente, la llevo al colegio, a todas las actividades, le doy de comer, la llevo a los cumpleaños, dejo lo que tengo que hacer para dedicarme a mi hija, porque ella es lo primordial para mí. Pero afuera no expreso mucho mis sentimientos. A mi taller venían todos a contarme sus problemas, aunque nadie me preguntaba por los míos porque no soy una persona que pueda hablar, porque el mío es un dolor interno. -¿Y eso cambió cuando nació tu hija?-Claro, porque ahí todo salió a flor de piel. Y no podía entender cómo un papá podía hacer lo que le hizo el mío a sus cuatro hijos, especialmente a mi hermana y a mí, que somos mellizos. Mis otros dos hermanos eran grandes, tenían 20 y 18, ya tenían todo vivido. Pero yo no podía entender cómo un papá podía hacer eso con sus hijos, es muy difícil así, pero sinceramente aprendí todo lo que no tengo que hacer en mi vida, y en eso lo pongo como algo positivo. Todo lo que me hacía mi papá, yo no lo hago con mi hija. Hago todo lo contrario. Lo aprendí a los golpes, fue duro, él me molía a palos, me bajó un diente, pero aprendí. Yo a mi hija no le tocaría un pelo, le hablo explicándole y creo que con el amor se puede llegar a todos lados. -¿Tenés algún tipo de contacto con tu papá?-Mi papá vive muy cerca de mi casa; de hecho vive en la casa que era de mi abuelo fallecido. Nosotros teníamos todo cuando éramos chicos, una casa muy linda con pileta, quincho, todo lo que te puedas imaginar en una zona muy linda de Villa Bosch, en Tres de Febrero. Íbamos a un colegio privado, mi papá era diácono, todo era perfecto, hasta que en un momento mi mamá decidió separarse de él porque la golpeaba. Ahí empezó la pesadilla. Perdió la casa, se quedó con toda la plata, prendió fuego todas nuestras pertenencias. Hizo todo lo que no tenía que hacer. Mi hermana melliza vive en Estados Unidos, y ella intentó contactarse con él más que yo. -¿Y pudo hacerlo?-Él le habla en tercera persona, no le habla como si fuese un papá que quiere resarcir lo que hizo. Después me enteré que tengo una hermanastra que tiene la edad de mi hija, porque tuvo familia con una chica joven que era una devota de él, y le hizo cosas malas a ambas. Y la verdad es que yo quiero proteger a mi hija, aunque cuando tenía 6 años ella me dijo que lo quería conocer. Pero creo que tomé la decisión correcta porque él sigue por el mismo camino. Supe que una vez mi primo le comentó que yo había sido papá, y él automáticamente saltó a otro tema. Sinceramente yo perdono, pero no olvido y tengo que aceptar que lo voy a ver cuando él ya no esté en este plano. A veces es difícil, pero nunca estuvo. Entonces antes que salir lastimado, prefiero priorizarme yo. Ahora siento que ya está, que la herida está sanando. -¿Qué le dirías a todos los chicos que salen de Gran Hermano y sienten que gozan de una vidriera que va a durar para siempre?-Yo tengo videos en YouTube con este tema. Les digo que en el momento de la primera etapa, mi consejo más real y más sano es que sigan con sus vidas. Yo tengo mi taller de chapa y pintura hace 18 años, y voy a seguir haciendo chapa y pintura. Vos me ves todo cambiadito porque me voy a un canal, y por ahí en tres días me ves abajo de un chasis soldando un auto. Y cuando me pregunten: “¿Ema, no estás en la tele vos?”, contestaré que “sí, pero tengo que morfar”. Y en este momento el taller es el que me deja pagar las cuentas. Entonces mi consejo es que sigan haciendo lo que estaban haciendo afuera, y que si pinta algo para progresar, mejor. Te soy sincero, no quiero lijar un auto con agua fría nunca más porque vengo laburando desde los 11 años. Me gustaría estar en los medios, en el stream o en la televisión, pero eso no me quita el sueño. Sigan estudiando, sigan perfeccionándose que en algún momento tanto esfuerzo va a tener resultado, pero prioricen eso que les da de morfar y que es su camino. Después todo llega.
Fuente: La Nación