“La situación es catastrófica”: el drama de un pequeño productor vitivinícola de Mendoza

Mientras recorre las siete hectáreas donde cultiva uvas y olivos en Los Árboles (departamento de Rivadavia) en Mendoza, Agustín Fantino vive la misma realidad que atraviesan centenares de pequeños productores, quienes ya no pueden hacerle frente a una realidad que los ahoga a diario.
No habla desde un escritorio ni únicamente desde su rol como secretario de Juventud de la Federación Agraria Argentina (FAA): habla desde una finca familiar donde cada decisión productiva está condicionada por una ecuación que dejó de cerrar.
“Si sumás que me suben los insumos y me baja la rentabilidad, la verdad es una situación catastrófica“, resumió el productor, quien asegura que sostener una explotación familiar se volvió cada vez más complejo por la combinación de costos crecientes, precios deprimidos y condiciones comerciales desfavorables.
ASAMBLEA AGRARIA EN MENDOZA
Esa preocupación quedó reflejada durante la asamblea del Distrito 13 de Federación Agraria realizada en las instalaciones del INTA Junín, donde participaron representantes de Mendoza, San Juan y La Rioja.
Allí, uno de los principales planteos fue el deterioro que atraviesa la vitivinicultura y, en particular, el impacto que sufren los productores de menor escala.
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“Los delegados manifestaron preocupación por los bajos precios que reciben por la uva y por el vino“, explicó Fantino.
A ese escenario se suman los extensos plazos de pago que impone el mercado. “Son plazos leoninos”, cuestionó, al describir operaciones que se liquidan a 30, 60, 90 e incluso 120 días, un esquema que termina licuando el ingreso del productor e impide planificar la siguiente campaña.

Para Fantino, el problema trasciende la coyuntura económica y ya se refleja en el territorio. Cada vez son más las fincas abandonadas porque sus dueños no logran sostener la actividad.
“Hoy se ven muchos viñedos abandonados porque el productor ya no puede seguir. Sin dudas es una realidad muy triste para los que venimos trascendiendo con esta actividad desde hace más de 3 o 4 generaciones“, lamentó el joven productor.

En su caso, la producción continúa apoyándose en un trabajo completamente manual. “La poda se hace cepa por cepa. La cosecha también“, describió en diálogo con Infocampo, para poner en valor el esfuerzo que demanda una explotación familiar y el papel que cumplen los contratistas de viña dentro del sistema productivo.
Sin embargo, considera que esa dedicación no encuentra reconocimiento en el mercado. Según explicó, las grandes bodegas, que además poseen producción propia, terminan fijando las condiciones comerciales y los precios del quintal de uva y del litro de vino, dejando muy poco margen para quienes producen a pequeña escala.
COSTOS EN ALZA, CRISIS HÍDRICA Y MENOS HERRAMIENTAS
La situación económica se combina con otro problema estructural: la disponibilidad de agua. “Si no nieva, no hay agua y si no hay agua, cuesta mucho avanzar con la vid y con los frutos“, advirtió, al recordar que la producción mendocina depende directamente de las nevadas cordilleranas para garantizar el riego.
A ese escenario se suma, según el dirigente, la pérdida de herramientas de acompañamiento para el productor.
“Nos quedamos sin batería; tenemos que empujarnos entre nosotros, sabiendo que en algún momento el hilo se va a cortar“, graficó al referirse a la desaparición de organismos y programas que anteriormente brindaban asistencia técnica y respaldo frente a contingencias climáticas.

Fantino aclaró que el reclamo no pasa por recibir subsidios permanentes.
“Lo que necesitamos es un Estado que acompañe en los momentos críticos para que el productor pueda volver a ponerse de pie”, sostuvo, al remarcar la importancia de fortalecer las políticas públicas provinciales y nacionales destinadas a las economías regionales.
En ese sentido, también reivindicó el rol histórico del cooperativismo como herramienta de sustento para equilibrar la relación entre pequeños productores y grandes jugadores del mercado.
A su entender, la falta de apoyo a estos esquemas asociativos dejó a muchas explotaciones familiares sin capacidad de negociación frente a una creciente concentración económica.
EL DESAFÍO: “QUE LOS JÓVENES NO ABANDONEN EL CAMPO”
Durante la reunión realizada en el INTA Junín, otro de los ejes centrales fue el arraigo rural y la preocupación por el futuro de los jóvenes. Para Fantino, el problema excede la rentabilidad de la producción. También involucra las condiciones de vida en los pueblos.
“Un hijo de pequeño productor o un empleado de finca que hoy quiere estudiar en mi pueblo tiene que tomarse tres colectivos para llegar a la ciudad. Es un sacrificio muy grande, con una infraestructura que está muy mal”, relató con tristeza.
El dirigente sostuvo que la falta de transporte, conectividad, caminos rurales e infraestructura termina empujando a las nuevas generaciones hacia los centros urbanos, dificultando el recambio generacional en las explotaciones familiares.
En ese marco, también expresó la preocupación de la juventud federada por una eventual modificación de la Ley de Tierras, al considerar que podría complejizar aún más el acceso de los jóvenes al principal recurso productivo y al financiamiento necesario para iniciar una actividad agropecuaria.
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“No es bueno que los campos queden vacíos“, concluyó Fantino. Su historia refleja la realidad de miles de productores de las economías regionales que, con superficies reducidas y un trabajo cotidiano intensivo, siguen apostando por producir.
Pero también expone una advertencia que, desde la Federación Agraria Argentina, consideran cada vez más urgente: sin rentabilidad, sin herramientas de acompañamiento y sin políticas que favorezcan el arraigo, la desaparición de los pequeños productores dejará de ser una amenaza para convertirse en una realidad irreversible.

Fuente: InfoCampo