“Memoria emotiva”: la clave del Decorativo para conseguir decenas de donaciones

“Qué lindo esto para el museo… ¿Por qué no lo donás en memoria de tus padres, o de tus abuelos?” Con esa simple pregunta Hugo Pontoriero, director del Museo Nacional de Arte Decorativo (MNAD), logró sumar al patrimonio público en los últimos dos años gran parte del medio centenar de piezas que se exhibirán desde mañana en el Palacio Errázuriz. Bonnie Brennan, CEO de Christie’s: “Los coleccionistas jóvenes pueden pagar un millón de euros por una guitarra de Jeff Beck” “A veces a la gente no se le ocurre donar. De esa forma le tocás la memoria emotiva, y funciona”, explica a LA NACION este experto que asumió el rol actual en 2024 y que trabaja en el museo desde hace un cuarto de siglo. Comenzó como pasante, siguió como museógrafo y luego fue el curador general. “Esa es la tarea de un director: hay que pedir donaciones –opina-. Eso lo aprendí de Ignacio Pirovano; están las cartas donde él le pedía a los coleccionistas”.De este último, primer director del MNAD, se incorporó al acervo un desnudo pintado en 1929 gracias a la generosidad de su descendiente Ignacio Estrada. También un tapiz de Aubusson del siglo XVIII cedido por Norah Garfunkel de Hojman, vicepresidenta honoraria de Fundación Malba. Muebles de la Casa Gauweloose cedidos por Lili Gaubin, una cómoda de época y arañas de cristal Baccarat por Andrés Rosarios y el reloj de chimenea titulado Carta de amor, por Felipe de la Balze. Esta última pieza, realizada a principios del siglo XIX, lleva la firma de François-Louis Savart Charles Le Roy y fue realizada para la madre de Napoléon Bonaparte.“Gauweloose era una casa de decoración muy importante en la Argentina entre los años veinte y cuarenta –explica Pontoriero-. Hacía muebles en Buenos Aires con el estándar francés, de alta calidad. Este es uno de los pocos vestigios que quedaron de la industria nacional de esa época y un aporte clave para la puesta en valor de los departamentos privados, ya que sólo se conservó un ochenta por ciento de los muebles originales”, explica Pontoriero en referencia a las antiguas habitaciones de Josefina de Alvear y de su hija en este palacio de este palacio diseñado por René Sergent. Esas salas están volviendo a su estado original tras haber alojado durante casi seis décadas al Museo Nacional de Arte Oriental, y está previsto que se abran al público en octubre. “C’est magnifique”, comenta uno de los tapiceros franceses enviados por la casa francesa Phelippeau para restaurar las sillas antiguas. “Ellos también están donando su trabajo”, señala Pontoriero, quien aportó a su vez al acervo del museo –integrado por 6000 piezas- una escultura realizada por César Santiano en París en 1912. “La compré en un remate en Bullrich Gaona Wernicke –agrega el director-. Si tenés algo de plata, también podés comprar y donar. No es necesario haberlas heredado”. La mayoría de las piezas, sin embargo, pasaron de generación de generación desde una época dorada de la Argentina. Entre los principales mecenas del museo se cuenta por ejemplo Felipe de la Balze, descendiente de los generales Urquiza y Luis María Campos. “Heredó una gran colección –observa Pontoriero-. Este vaso de porcelana japonesa Imari del siglo XIX era de su familia, lo tenía en su casa”.También Mauro Herlitzka donó parte de su herencia: un conjunto de miniaturas y dos retratos familiares. “El cuadro de mi bisabuela paterna fue pintado por Antonio Zuccaro hacia 1875 –explicó este último-. Iba a ir a un museo de Trieste, Italia, de donde ella proviene. Pero antes de enviarlo al exterior decidí ofrecerlo a un museo argentino. Pontoriero, al verlo, observó el retrato de mi abuela: Sofía Charpentier de Herlitzka, ávida coleccionista. Fue pintado por Alfredo Galli en 1927 en Nueva York, y le encantó. Entonces le ofrecí donarlo también, junto a objetos y miniaturas que le pertenecían, para que tuvieran un destino extrafamiliar”.Gabriela Grobocopatel, en tanto, aportó El Perdón: el regreso del hijo pródigo, una escultura realizada a fines del siglo XIX por Ernest-Henri Dubois, discípulo de Auguste Rodin, como maqueta de un monumento de mármol en gran escala. “Es una obra muy significativa dentro de la producción del artista y existen ejemplares en importantes colecciones internacionales, como el Museo de Orsay de París y la Gliptoteca de Copenhague -explicó la artista, que integra la Asociación Amigos del MNBA y el Comité de Adquisiciones del Malba-. Decidí donarla porque creo profundamente en la importancia de enriquecer el patrimonio de las colecciones públicas y de que obras de esta calidad puedan ser disfrutadas, estudiadas y preservadas por toda la comunidad”.El “círculo virtuoso” que se logra con esta “causa colectiva”, coincide Pontoriero, funciona como un nexo entre lo privado y lo público. “No es poca cosa que algo pase de ser de poquitos a ser de todos –opina-. Hay un montón de cosas valiosas que si no terminan vendiéndose en otro país, y de esta manera se preserva el patrimonio nacional”.De todos modos, aclara el director, se rechaza el 80 por ciento de lo ofrecido como donación. “Es por un tema de pertinencia a la colección -explica-. Los objetos tienen que tener calidad de ejecución y ser afines a las colecciones ya existentes. En general, enriquecen lo que ya tenemos”.Para agendar: Donaciones y Adquisiciones 2024–2026 en el Museo Nacional de Arte Decorativo (Av. del Libertador 1902). Desde mañana a las 18 hasta el 30 de septiembre. De 13 a 19, con entrada gratis.

Fuente: La Nación