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Tras la final del Mundial, una ola de escraches apuntó contra extranjeros que viven en la Argentina y expresaron su apoyo a España
La derrota de la selección nacional frente a España en la final del Mundial 2026 no quedó limitada al resultado deportivo. En medio de una fuerte tensión en las redes sociales por mensajes en contra del equipo argentino y tras una pila de denuncias de agresiones sufridas por argentinos en el exterior, el conflicto también alcanzó a extranjeros que viven, estudian o trabajan en nuestro país y que expresaron públicamente su alegría por el triunfo español.Historias de Instagram, fotografías, comentarios en X y videos publicados durante o después del partido comenzaron a ser recuperados por otros usuarios, quienes difundieron las identidades de sus autores y cuestionaron que hubiese celebrado la derrota del seleccionado nacional. En algunos casos, las publicaciones incluían chicanas futbolísticas; en otros, solo aparecían mensajes de apoyo a España. Sin embargo, la reacción fue escalando hasta derivar en campañas para identificar a esas personas, contactar a sus empleadores o universidades y hasta exigir que fueran expulsadas.El argumento que más se repitió fue el de la “ingratitud”. Cientos de usuarios señalaron que algunos de los extranjeros expuestos habían estudiado en universidades públicas, utilizado el sistema sanitario o construido su vida laboral en la Argentina. Desde esa perspectiva, consideraban que festejar la derrota de la selección representaba una falta de respeto hacia el país que los había recibido.Uno de los casos que más repercusión alcanzó fue el de una joven brasileña recibida de médica en la Universidad de Buenos Aires. El día de la final publicó una fotografía del seleccionado español acompañada por la frase en portugués: “Hoje eu durmo tranquila”, que significa “Hoy duermo tranquila”.La publicación fue compartida por Nita, el nombre con el que se presenta en las redes sociales Juana Cervio, una influencer que tiene más de 100.000 seguidores en X. Además de replicar la historia, difundió fotografías de la médica y escribió que la joven se había recibido en la UBA, pero había pasado el día burlándose “de los argentinos que le pagaron una carrera de cientos de miles de dólares”.“A esta gente hay que deportarla. Sencillamente”, escribió. También sostuvo que, aunque ya no era posible retirarle el título, quienes insultaran a los argentinos mientras estudiaban gratuitamente en el país no deberían poder recibirse. En el mismo mensaje convocó a compartir publicaciones para exponer a extranjeros que, según su interpretación, “odian” a la Argentina, pero utilizan su sistema sanitario y educativo.Luego publicó un video para profundizar su postura. En la grabación volvió a mostrar fotografías de la joven y cuestionó que estuviera realizando una residencia médica. “Es increíble el nivel de xenofobia que manejan y, lamentablemente, ante la xenofobia no podemos responder con amor”, sostuvo.Las publicaciones recibieron miles de comentarios y abrieron una discusión sobre el límite entre la crítica a una expresión pública y el hostigamiento. Cuando una usuaria le señaló que su accionar era xenófobo, Cervio respondió que la xenofobia consistía en considerar que los argentinos no tenían derecho a defenderse. También calificó de “antipatria” a los argentinos que cuestionaban la exposición y de “desagradecidos” a los extranjeros que lo hacían.En un video, Nita (Juana Cervio) rechazó las acusaciones de xenofobia y defendió haber expuesto el caso al sostener que estaba denunciando expresiones que consideró ofensivas hacia la Argentina.El escrache se extendió rápidamente hacia otras cuentas. Entre los miles de comentarios, usuarios comenzaron a compartir perfiles de ciudadanos brasileños acompañados por expresiones como “hagan justicia” o “a atacar”. En algunos casos se difundieron capturas de publicaciones realizadas después de la derrota argentina; en otros, los perfiles señalados no tenían mensajes relacionados con el partido.LA NACION pudo identificar al menos 16 cuentas, en su mayoría pertenecientes a brasileños residentes en el país, que fueron expuestas en esas publicaciones. Algunos usuarios pidieron que se les revocaran títulos universitarios, que fueran expulsados de sus trabajos o que regresaran a sus países de origen. También se divulgaron correos electrónicos y, al menos en un caso, el número de teléfono celular de una de las jóvenes.Una rápida escaladaLa escalada trascendió las redes sociales. Uno de los seguidores de Cervio compartió una captura de pantalla en la que aseguraba haber denunciado a A.C. ante el Hospital Naval Buenos Aires, donde, según afirmaba, realizaba una rotación académica. En el intercambio difundido se leía una respuesta que decía: “Estamos en eso”, en referencia a un supuesto pedido para cancelar esa rotación.Al compartir esa publicación, la influencer escribió: “Qué bueno esto. Ojalá no quede impune la xenofobia de esta tipa. No puede estar atendiendo en un hospital argentino”.Ante la viralización de esas capturas y las versiones que circulaban en X, LA NACION se comunicó con la Cuenta Oficial de la Sanidad Naval de la Armada Argentina para consultar si esas denuncias realizadas a través de redes sociales eran consideradas por la institución y si podían tener algún tipo de impacto sobre la situación académica o profesional de la estudiante.Desde la institución respondieron que la joven “concurrió a nuestra institución para realizar una rotación académica de la UBA (IAR)”, pero aclararon que “no es residente” y que “su actividad ya ha finalizado”. Además, remarcaron que “no mantiene ningún vínculo laboral, contractual ni de prestación de servicios con la Armada Argentina ni con el Hospital Naval Buenos Aires”.Otros usuarios agredieron verbalmente a la joven brasileña y pidieron que abandonara el país, a la vez que celebraron que hubiera cerrado sus perfiles. Frente a un comentario que señalaba que A. C. siempre se había mostrado respetuosa y que la publicación solo expresaba el alivio de no ser objeto de nuevas burlas futbolísticas, Cervio insistió en que la médica disfrutaba de ver sufrir al país que le había permitido estudiar.También rechazó que se tratara de un linchamiento digital. Según explicó, la joven había utilizado su cuenta para “escupirle en la cara al país que la recibió” y ella había usado la suya para cuestionar esa conducta. “Nosotros somos las víctimas de esta gente. No al revés”, escribió.Entre las respuestas aparecieron, sin embargo, usuarios que advirtieron sobre la gravedad de intentar perjudicar laboralmente a una persona por una chicana futbolística. “Están escribiéndole al trabajo de la chica. ¿Qué pretenden hacer?”, cuestionó una mujer, que calificó la campaña como una “locura”.A. C. finalmente cerró sus cuentas públicas. Su perfil secundario dejó de aceptar solicitudes de mensajes y mostró la advertencia de que la cuenta no permitía recibir comunicaciones de personas desconocidas. Otros extranjeros que habían sido incluidos en las publicaciones también pusieron sus perfiles en privado, eliminaron contenido o bloquearon la posibilidad de recibir mensajes.La influencer brasileña Lays Bressane publicó un descargo en portugués y español en el que mostró los mensajes de odio que aseguró haber recibido y pidió separar la rivalidad futbolística de los ataques personales.La campaña alcanzó, además, a los lugares de trabajo de otros de los brasileños perseguidos por las redes. Usuarios ingresaron a los perfiles institucionales de empresas y organizaciones donde trabajaban para dejar mensajes, exigir sanciones y advertir a sus empleadores sobre las publicaciones.Uno de los casos fue el de la influencer brasileña Lays Bressane, quien realizó un descargo después de recibir insultos y amenazas. Primero habló en portugués y luego decidió repetir el mensaje en español. Explicó que comprendía la pasión argentina por el fútbol, pero remarcó que una rivalidad deportiva no justificaba los ataques personales ni la difusión de datos privados. En sus historias mostró algunos de los mensajes de odio que había recibido durante las horas posteriores a la final y pidió diferenciar el fútbol de los límites que se habían cruzado.La búsqueda de datos personales llegó incluso a los grupos de estudiantes universitarios. Un usuario compartió un archivo de Excel con enlaces de acceso a comunidades de WhatsApp de distintas facultades de la UBA. “Acá están los grupos de toda la UBA. Ahí pueden encontrar a esa gente que nos basurea mientras estudia con la plata de los argentinos”, escribió.Los enlaces conducían a grupos privados en los que figuraban nombres y números telefónicos de estudiantes. La publicación ampliaba así la posibilidad de buscar e identificar a personas a partir de su nacionalidad o de su pertenencia a determinadas comunidades universitarias, aun cuando no hubieran realizado expresiones públicas sobre la final.El fenómeno se produjo al mismo tiempo que argentinos radicados o de viaje en el exterior denunciaban agresiones verbales, amenazas y episodios de hostilidad tras el Mundial. En las redes sociales, esas situaciones fueron utilizadas como argumento para justificar los escraches contra extranjeros, bajo la idea de que el país debía responder frente a una campaña internacional que lo presentaba como racista o violento.Repercusiones en la vida realEn paralelo, otro episodio mostró que las repercusiones podían superar el escrache digital y tener consecuencias profesionales inmediatas. El cantante brasileño de música country João Bueno publicó después del partido una historia en Instagram que decía: “Perdieron las Malvinas, perdieron a Diego y perdieron la copa”.El comentario provocó un fuerte rechazo y el músico fue apartado de un festival de San Juan que iba a realizarse el 25 de julio en un teatro de La Boca. La Asociación de Mujeres y Madres Brasileñas en Argentina, organizadora del encuentro, comunicó que Bueno había sido desvinculado de la programación por considerar que sus expresiones habían herido la memoria y los sentimientos del pueblo argentino. Vie
Fuente: La Nación