Sergio y Nadia se enamoraron estudiando ingeniería y se fueron a vivir a Hurlingham. “Jamás imaginamos que un día lograríamos tener nuestro campo, con viñedo a sólo una hora de casa”, celebran ahora

Sergio Angiletta y su esposa Nadia Cicovin se conocieron estudiando las ciencias duras de ingeniería en Buenos Aires. Se casaron y se fueron a vivir a la ciudad de Hurlingham, al oeste del conurbano bonaerense. Hoy reconocen que jamás imaginaron que unos años después lograrían tener su propio campo con viñedo, haciendo enoturismo y hasta con proyecto de bodega propia a sólo 78 kilómetros de su casa.
Cuentan que comenzaron a vacacionar en Sierra de la Ventana, un bellísimo lugar turístico ubicado al suroeste de la provincia de Buenos Aires, y siempre visitaban el viñedo y la bodega de la familia Parra, desarrollados en el pintoresco pueblo de Saldungaray. Fue así como les fueron creciendo las ganas de emprender un viñedo propio. Mientras tanto, comenzaron a traerse uvas de Mendoza a su casa, y a hacer sus propios vinos caseros, con el fin de disfrutarlos con amigos. 

El campo es de ocho hectáreas y media, está ubicado a un kilómetro y medio del pueblito rural -y netamente turístico- de Tomás Jofré, que dista a 100 kilómetros de la Capital Federal, dentro del partido de Mercedes. Desde Buenos Aires, se llega por la Ruta 5 y luego de pasar Luján, se desvía hacia la izquierda, a la altura de Gowland, apenas 7 kilómetros y medio. El campo está ubicado en la calle 607 sin número, a un kilómetro y medio de Jofré, y se llega por el camino viejo, después de pasar el antiguo y tradicional boliche “Silvano”, donde se comen “los mejores ravioles”, según esta pareja feliz.
A su emprendimiento, Sergio y Nadia le pusieron por nombre Bodega Pampa, que si bien aún no la han construido, ya han logrado que su marca registrada figure en Google, y la tienen proyectada.  
Al vino casero que hacían en su casa y compartían con amigos, le habían puesto por nombre “Corriendo la coneja”, y dice Sergio que será la primera línea de los vinos que saquen. “El nombre se debe a que tuvimos un conejo y cada noche lo teníamos que correr para atraparlo y hacer que durmiera en nuestra casa. Pero además, como metáfora de la vida, con la clara alusión de todo lo que veníamos emprendiendo, a costa de mucho esfuerzo y sorteando las vicisitudes que nunca cesan en nuestro país”, explica. 

Cuando Sergio repasa su vida, encuentra en su crianza la razón del contraste, de estudiar y de trabajar en la ciudad, en ingeniería electrónica -y Nadia, ingeniería química- porque un día empezó a hacerle caso a los deseos de su corazón, que le tiraba hacia la ruralidad y a una vida más tranquila, según cuenta: “Es que desde chico, íbamos con mi familia a pasar todas las vacaciones a casa de nuestros parientes Turturici, al pueblito de Monte Buey, en Córdoba. Ellos son todos trabajadores rurales y ese mundo me generaba libertad, de andar por los campos, sin inseguridad”, recuerda. 
Pero hubo un paso intermedio, cuando hace tres años Sergio dejó de trabajar para una multinacional y con su esposa y familiares crearon una PyMe dedicada a la fabricación de accesorios para mascotas, en la misma Hurlingham. “Comenzamos muy bien y eso nos sirvió para poder comprar el campo, pero en julio del año pasado comenzaron a caer las ventas. En marzo de este año repuntó un poco, pero los clientes pagan cade vez más a largo plazo, mientras que los proveedores no venden más a plazo. De modo que la estamos peleando y esperando que mejore. Tiene una temporada baja, en verano, que es la alta para nuestro emprendimiento enoturístico, por lo que se complementan bien”, señala Angiletta. 





El ingeniero comienza a relatar su historia desde el comienzo: “Veníamos ahorrando para comprarnos una casa, pero nos dimos cuenta de que la misma resultaría en congelar nuestro capital y que sería mejor comprar un campo, adonde algún día nos haremos nuestra casa definitiva y nos vendremos a vivir más tranquilos. Pero de paso, que nos diera una fuente de ingreso”.
“Investigamos las zonas posibles, como la de Carlos Keen, pero vimos que Jofré es un polo gastronómico importante y que el municipio de Mercedes al que pertenece, trabaja en forma muy prolija. Así fue que en 2022 compramos 8 hectáreas y media, nos hicimos una casita provisoria y empezamos a armar el viñedo, que hoy ya va por el tercer año y cuenta con 3500 plantas en menos de una hectárea y media. Las compramos al vivero de la bodega Mercier, certificado y con trazabilidad”. 
Nadia agrega que se tomaron el trabajo de recorrer todos los viñedos que pudieron, más de 50 -asegura-, tanto de la provincia de Buenos Aires, como de Entre Ríos, Uruguay y Cuyo.

Comienza a ahondar en el tema: “Como estamos a nivel del mar, sin altitud y con poca radiación solar, plantamos cepas de ciclo corto que se adaptan al clima húmedo: la blanca Chardonnay; una tinta muy suave, el Pinot Noir, ambas que se aprovechan mucho en Patagonia para hacer espumantes, con el segundo se elabora un rosado; además de Tannat y Cabernet Franc. Acabamos de pasar el tercer verano y ya las vides alcanzaron el primer alambre”.
“Nos asesora un enólogo mendocino que viene 3 veces al año a visitar a su familia, y dice que en febrero de 2027 obtendremos la primera cosecha productiva, ya que hacen falta 4 o 5 años para poder empezar a producir vino. De modo que en la primavera del próximo año presentaremos nuestras primeras botellas”, pronostica, esperanzado y orgulloso. 

Retoma Angiletta: “El año pasado logramos poner riego por goteo, cuando antes perdíamos dos días por semana regando con manguera. En esta primavera nos llegarán 2000 plantas más para completar 2 hectáreas, con lo que podríamos llegar a elaborar entre 7000 y 10.000 botellas de vino. Tenemos un bosque tupido, al lado del viñedo, donde empezamos a recibir visitas, pero queremos traer ovejas, gallinas y caballos, para que corten el pasto, abonen la tierra del viñedo y arranquen los chupones, además de que pensamos ofrecer cabalgatas y también paseos en bici”, apunta, y comenta que su señora va al campo los fines de semana, mientras que él, también, pero además pivotea durante los días hábiles, y tienen un casero que los ayuda.  
Completa Sergio: “La municipalidad de Mercedes organiza la Ruta del Vino y nosotros somos uno de los cinco pequeños viñedos del recorrido. Estamos inscriptos como viñedo y habilitados para producir uva en fresco y proveer a una bodega. Pero para vender vino, tenemos que estar inscriptos como bodega, y para esto había que contar con el asesoramiento de un enólogo, cuando en la provincia de Buenos Aires aún es difícil de conseguir. Últimamente se ha comenzado a flexibilizar este requisito y te permiten contar con un ingeniero agrónomo especializado en vides, o un ingeniero en alimentos, o también una ingeniera química, por lo que mi esposa debería rendir las dos materias que le faltan para recibirse y nos ahorraríamos un gasto”, afirma, el ingeniero, mientras mira de reojo a su esposa y se ríe. 





Culmina Nadia, quien ya dio a luz a Chiara, que con 10 años los ayuda a guiar a las visitas, y recientemente a Luca: “Yo me recibí de sommelier y Sergio, de chef de cocina, por lo que recibimos visitas, él cocina algo rico, cocina de autor o platos regionales, mientras yo les hablo de los vinos que pueden crearse en esta región. Por ahora nos gusta ofrecer, sobre todo, degustaciones de vinos entrerrianos. Además mi marido es músico e integró una banda que llegó a ser seleccionada para tocar en Liverpool, en tributo a Los Beatles”. 
Completa Sergio: “En el campo tenemos una casita de barro de 90 años, que estamos acondicionando para que sea pulpería y seguramente allí surjan buenos encuentros musicales. Además, queremos construir cabañas para quienes quieran pernoctar. En la última temporada de verano, pasamos de tener 200 seguidores en las redes, a 2500, lo que nos indica que vamos bien. Todo es con mucho esfuerzo, pero no vemos el día de venirnos a vivir. Este proyecto nos llenó de sueños y de ganas”. 
Sergio y Nadia eligieron dedicarnos la canción “Inconciente colectivo”, de Charly García, interpretada por él mismo junto a Mercedes Sosa, como una síntesis emblemática entre un folklore urbano y rural, al igual que sus vidas, entre el campo y la ciudad.  

 
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