El día que algún científico loco pueda analizar el cerebro de Federico Sturzenegger se llevará seguro más de una sorpresa: Lo más probable es que descubra entre la sesera del ministro de Desregulación de Javier Milei a un niño violento que destruyendo los castillos de arena o las casitas de ramas que armaban los otros chicos del barrio disfrutaba más que armando uno propio. Es que ese es el rasgo repetitivo que tienen la mayoría de las decisiones que toma el “coloso”, que desde el Gabinete se ocupa especialmente de destruir políticas públicas, con el argumento de que no son útiles, pero sin proponer ninguna construcción alternativa ni mejorar lo preexistente.
Es el goce de ver como se hacen añicos las estructuras ajenas lo que envalentona a Sturzenegger, que no repara en los daños que produce con sus actos ni piensa en “colaterales” y mucho menos repara en los costos de sus decisiones, incluso para la propia tropa de La Libertad Avanza. La mayoría de los funcionarios libertarios, hay que decirlo, no tolera al super ministro, pero lo banca en silencio y hasta obedece sus prepoteadas (el caso de la Secretaría de Agricultura y el Senasa es, en este sentido, de un patetismo irreparable) simplemente porque el poder de Sturzenegger emana del propio Milei. Y porque de donde se come no se caga, dicen.
Pero hasta Messi encontró su límite. Y quizás el desregulador serial encuentre el suyo en las próximas horas, debido al riesgo de que sus andanzas puedan llegar a enturbiar el paso victorioso de Milei (y de Karina) por la pista central de Palermo, donde participarán del acto central de la Exposición Rural. Eso, a la pareja presidencial, es algo que les encanta. Sentirse Roca y Mitre por un momento.
Foto: Diario La Nación
Para ese acto, hasta aquí, todo parecía demasiado tranquilo y se preanunciaba un escenario muy favorable al Presidente Milei hasta que el diablo metió hoy la cola. O el pelado, como prefiera llamarlo. En un almuerzo con la cúpula de la Sociedad Rural Argentina (SRA), nada menos que en el restaurante central del predio, Sturzenegger ratificó que pretende demoler una de las pocas políticas públicas consistentes que más o menos tiene el agro argentino. En un proyecto de ley que ya pasó por el examen político del gobierno, el ministro irá en contra del sistema de financiamiento del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), un ente mixto creado meses después de la crisis de 2001, cuando había que recuperar al país ganadero de las pérdidas millonarias que le había provocado la crisis de la aftosa, con la pérdida de todos los mercados sucedida en el gobierno de Fernando de la Rúa, que Sturzenegger también integraba.
Para el acto inaugural de la Rural 2026 pintaba todo de maravillas, y hasta el organizador principal, el titular de la SRA Nicolás Pino, aceptó cambiar de día (de sábado a domingo) para que Milei pudiera estar y cosechar los aplausos de una platea que es mucho más liberal que cualquiera de los integrantes del gobierno, y que lo es desde hace 160 años además. La inmensa mayoría de los productores que integran esa entidad comulga con el sendero económico elegido por el gobierno, y si algo critica acaso sea la velocidad en que se toman las decisiones.
Además, y sobre todo, el acto no tenía nubarrones posibles desde el anuncio anticipado de Milei respecto de un cronograma de rebaja de las retenciones a la soja y otros granos a partir del 1 de enero de 2027. Con esa jugada brillante, aunque esté por llegar dentro de seis meses, el gobierno desactivó el previsible gran reclamo en el discurso de Nicolás Pino, que ahora deberá esforzarse por demandar mejor infraestructura y menos burocracia para respetar su rol de gremialista.
Comienza a regir la disminución de retenciones para trigo y cebada y se oficializó el cronograma de rebajas progresivas por implementar en 2027 (además de una sorpresa)
Si ya no pueden reclamar por retenciones, ¿qué otra cosa quedaba para la tribuna de Palermo que aplaudir con fervor la presencia de Javier MIlei en la pista? Aunque no han trascendido otros anuncios, todo estaba dado para que el Presidente atraviese con singular éxito su tercer acto en Palermo. Como ícono de la Generación del 80 que tanto venera, y el modelo de país que tanto extraña, es sin duda uno de los actos que más le gustan. A lo sumo irá a anunciar el fin de ese adefesio (que él mismo creó) de las retenciones por género: las vacas no pagan derechos de exportación, los novillos si lo hacen. Un estropicio imposible de controlar y del cual han abrevado solo los grandes frigoríficos.
Todo era dicha, hasta que llegó Sturzenegger, el chico al que le gusta patear los castillos de arena ajenos, solo para llamar la atención y ser considerado.
Lo que propone el ministro estrella es reemplazar el artículo 14 de la Ley 25.507, que es justamente el que habla del financiamiento que tendrá el IPCVA para cumplir con sus funciones, que son básicamente la de promover el consumo de la carne argentina en los diferentes mercados que tiene, 70% consumo interno y 30% en los países que la importan.
Luego de dos años, a partir de la faena de diciembre, el IPCVA incrementará un 40% la contribución de productores y frigoríficos para su funcionamiento
Desde que en 2002 se sancionó esta ley, una de las pocas que un Congreso holgazán y pedorro le ha dedicado al sector agropecuario, el Instituto de Promoción se ha financiado del siguiente modo: por cada cabeza bovina que se faena en la Argentina (unas 12 o 13 millones por año), se le cobra a la cadena (productores y frigoríficos) un aporte obligatorio, que históricamente ha sido equivalente a 1 kilo de novillo en el viejo mercado de Liniers, pero que ahora está algo por debajo de ese valor de referencia. Este aporte “compulsivo” no incomoda a casi nadie salvo a los que creen que “la suya” es mucho más importante que cualquier objetivo colectivo, incluyendo a Sturzenegger. Por eso el ministro propone que ese pago sea voluntario.
“Créase el Fondo de Promoción de Carne Vacuna Argentina para financiar el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina el cual se integrará con los siguientes recursos: a) Las contribuciones voluntarias de cualquier persona humana o jurídica interesada, nacionales o extranjeras. b) Las herencias, donaciones y legados destinados al mencionado Instituto. c) Los ingresos por contraprestaciones derivadas de actividades de asistencia técnica, capacitación, certificaciones, publicaciones y otras actividades compatibles con los fines del Instituto. d) Las rentas e intereses que generen los recursos del propio Fondo”. Eso dice el proyecto de ley que el Poder Ejecutivo presentaría el Congreso, a instancias del ministro demoledor.
Todo el mundo sabe que esa modificación -que los aportes sean voluntarios y no compulsivos- es el acta de defunción del IPCVA. En la Argentina del “sálvese quien pueda” no hay aporte voluntario que se sostenga ni causa común que nos enamore. Mucho menos la de salir a promover la compra de bifes argentinos a Bangladesh o Mauritania, donde sea.
La ofensiva de Sturzenegger contra este Instituto de Promoción (que a duras penas recauda unos 15 millones de dólares por año, porque además hay muchos frigoríficos de “consumo” que han encontrado el vericueto para incumplir con sus aportes), llega en el peor momento, cuando la Argentina tiene que dar batalla en serio para conquistar nuevos mercados y obtener mejor valor por sus cortes bovinos, ya que hay un déficit crónico de oferta que no alcanza a cubrir toda la demanda. El sueño de la Argentina exportador a de carne de calidad está a la vuelta de la esquina, pero se necesita trabajar para concretarlo. Y justo ahora aparece el pibe resentido a patear los castillos de arena. Quiere destruir todo en vez de mejorarlo.
Pero las broncas de Sturzenegger contra la “obligatoriedad” del aporte no encuentran sustento en ninguna de las entidades de la cadena de ganados y carnes. Solo los matarifes expresaron a vivas voz alguna vez su recelo porque la plata de los ganaderos y los frigoríficos de consumo doméstico (insisto en que es el mejor mercado para la carne argentina) se dedique solo a promocionar costosas “presencias” en las ferias del extranjero, con bifes de chorizo gratis incluidos para influencer chinos. La SIAL de París y de Beijing, o la ANUGA de Alemania, a la que asisten siempre los mismos treinta frigoríficos exportadores que abrevan de las mieles de un mercado internacional ávido, pero financiados por otros.
Nunca una promoción en la feria del chorizo colorado de Espeleta. Ahí está el origen del verdadero drama. Y ahí está la razón de la queja de algunos pocos sectores de la minoría cárnica que se sienten afuera de la fiesta.
Presente un proyecto de ley para hacer voluntarios los aportes al IPCVA. Otro costo oculto que encarece los precios que pagamos en los consumidores en las carnicerías! https://t.co/T23slPSeUI
— Marcela Pagano (@Marcelampagano) May 24, 2025
Curiosamente fue la diputada ex libertaria (ahora denunciante) Marcela Pagano la primera que se hizo eco de esas quejas en sordina y presentó un proyecto de ley para que el aporte al IPCVA sea voluntario. No prosperó, enemistada como está la ex periodista con el poder de turno. Sturzenegger recogió el mismo guante que Pagano y quiere patear el castillo de arena, porque eso mismo es el IPCVA, con idénticos argumentos.
Lo que no se dan cuenta ni Pagano ni Sturzenegger, finalmente dos grandes ignorantes del mundo de la carne, es que la protesta por este aporte obligatorio es muy marginal, y que el verdadero sostén del IPCVA está en toda la cadena que abreva, de un modo o del otro, del mismo Instituto.
Es que finalmente ese ente y su mediocridad es una de las pocas políticas de Estado que ha tenido la ganadería en los últimos 25 años en la Argentina, y en el medio sucedió de todo: Kirchner cerró las exportaciones, M
Agro & Campo
Sturzenegger está a punto de dinamitarle a Milei un paso estelar por la Exposición Rural de Palermo: Lanzó una cruzada personal contra un Instituto de la Carne que es defendido por productores y frigoríficos
Fuente: Bichos de Campo