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La muerte de un inmigrante esposado desata una noche de guerrilla urbana y pone a Meloni en el centro de la crisis
ROMA.– El terrible caso de Abderrahim Fakir, un marroquí de 42 años que murió el domingo pasado mientras dos agentes de la policía lo esposaban y él pedía ayuda, provocó una noche de locura en Bolonia, donde escenas de guerrilla urbana tensaron el ya caldeado clima político.La manifestación, convocada en solidaridad por una muerte que conmocionó a la opinión pública tras la difusión de un video con la agonía de la víctima, comenzó de manera pacífica, pero luego derivó en violentos enfrentamientos entre jóvenes encapuchados de grupos antagonistas de izquierda y la policía. Los disturbios dejaron 64 agentes heridos y graves destrozos.En medio de un clima al rojo vivo -no sólo por las altas temperaturas debidas a una ola de calor que no cede- la primera ministra, Giorgia Meloni, definió lo ocurrido en Bolonia como “inaceptable”, en un posteo en sus redes sociales en el que sentó posición sobre un episodio que causó gran impacto el país.Quanto accaduto a Bologna è inaccettabile.Sul decesso di Abderrahim Fakir è doveroso che vengano accertate eventuali responsabilità con il massimo rigore. La verità va ricercata fino in fondo, senza pregiudizi e senza sconti per nessuno.Ma nulla può giustificare la violenza…— Giorgia Meloni (@GiorgiaMeloni) July 21, 2026Al margen de los más de 60 miembros de las fuerzas del orden que terminaron heridos, “las acciones agresivas y violentas” dañaron seis vehículos de la policía, provocaron destrozos en calles del centro, adyacentes a Piazza Maggiore, donde comenzó la manifestación, e incluso a vidrieras y sucursales bancarias —incluidos sus cajeros automáticos—, así como a seis contenedores de basura, señaló la policía de Bolonia. “Se incendiaron dos automóviles y fueron destruidas decenas de bicicletas, utilizadas para crear una barrera con el fin de obstaculizar la intervención de la policía”, precisó también, en un comunicadoMeloni también se refirió concretamente al caso de Fakir, que ocurrió el domingo al mediodía en Pilastro, un barrio popular y multiétnico de Bolonia, ante decenas de vecinos que desde sus ventanas vieron (y filmaron con sus teléfonos) en directo el horror. Según testigos citados este martes por diarios italianos, Fakir -que llegó desde Marruecos a Italia a los 7 años, junto a su familia-, estaba alterado, fuera de sí. Comenzó a gritar y a pedir “socorro” al menos una hora y media antes de su muerte, a las diez de la mañana. “Pedía ayuda, estaba mal, por eso alguien llamó a la policía. Pero no tenía armas, no era peligroso”, contó un vecino. Tuvo forcejeos con los dos policías que llegaron en un patrullero, que, al detectar una crisis psiquiátrica, llamaron al servicio de emergencia. Luego pasaron a inmovilizarlo y esposarlo, tirándolo al suelo, mientras gritaba “¡ayuda!” y “¡basta!”. Las imágenes evocaron el terrible caso de George Floyd en Estados Unidos, de 2020. Minutos después, sin que los agentes se dieran cuenta, Fakir -que tenía una pequeña empresa de fletes y descripto por sus amigos como alguien “bueno”-, falleció.“En relación con la muerte de Abderrahim Fakir, es fundamental determinar cualquier responsabilidad con el máximo rigor. Se debe buscar la verdad hasta el final, sin prejuicios y sin excepciones”, escribió Meloni. La Fiscalía de Bolonia abrió una investigación por homicidio culposo, pero los dos agentes y cuatro miembros del equipo de ambulancia implicados -que asisten sin inmutarse a la escena-, por primera vez se beneficiarán con el “escudo penal”. Se trata de una norma introducida recientemente por su gobierno, por la que no se encuentran formalmente imputados.Más allá de que habrá que esperar a que la justicia esclarezca las cosas, Meloni también salió a respaldar a la policía. “Nada puede justificar la violencia contra las fuerzas del orden. Quienes decidieron utilizar este incidente como pretexto para sembrar el caos en la ciudad, atacar a los agentes e incitar a la violencia —poniendo así en peligro la seguridad de ciudadanos totalmente ajenos a los disturbios— no buscaban la verdad, sino la confrontación”, aseguró. “Fomentar un clima de odio y deslegitimación contra todo un cuerpo de seguridad del Estado constituye un acto de grave irresponsabilidad. Convertir en blanco de ataques a miles de hombres y mujeres uniformados equivale a atacar a quienes sirven a Italia cada día con profesionalidad, sacrificio y valentía”, concluyó.El alcalde de Bolonia, Matteo Lepore, del Partido Democrático (PD), el principal de la oposición de centroizquierda, que fue atacado por la derecha por haber convocado a la manifestación, fue al contraataque. En una carta abierta, explicó que, en verdad, hubo “dos plazas” en su ciudad: Piazza Nettuno, donde miles de personas se reunieron pácificamente para expresar su solidaridad a la familia de Fakir, “que representa a Bologna”, por un lado; y Piazza Roosvelt, donde tuvieron lugar los enfrentamientos, que “no la representa”, porque “quien responde a la violencia con violencia está fuera del Estado de derecho”, subrayó. View this post on Instagram “Creo que corresponde a las instituciones apoyar a las víctimas. Eso es lo que me ha enseñado la historia de nuestra ciudad. Corresponderá a las autoridades competentes determinar qué sucedió el domingo en Pilastro y establecer las responsabilidades; pero ahora, la familia Fakir tiene voz y una Bolonia democrática da un paso al frente: una ciudad que se niega a ceder terreno ante la violencia o la instrumentalización política. Sigamos siendo humanos”, cerró.También la familia de Fakir -que según el Corriere della Sera había estado en contacto con un centro de salud mental- se distanció de quienes sembraron violencia: “nos desmarcamos de los enfrentamientos y disturbios, no los aprobamos en absoluto. Ver el centro de la ciudad maltratado de esta manera nos afecta profundamente, y Bolonia no se lo merece”, hizo saber Yossra Fakir, sobrina de Abderrahim. En la víspera, fue ella quien pronunció un discurso impactante ante las cinco mil personas reunidas en Piazza Nettuno. “No estamos aquí para pedir odio o venganza, sino verdad, justicia, respeto, humanidad y dignidad”, dijo Yossra, con la voz entrecortada por el llanto, entre los aplausos. “Abderrahim no era un caso policial, no era un número. Era una persona, era mi tío, era un hermano, era un familiar, un hombre con una historia y quien lo amaba lo sabe. Era un hombre que merecía ayuda, escucha, respeto, dignidad”, siguió. Durante las interrupciones debidas a la emoción, algunos coreaban: “¡asesinos! ¡asesinos!”. En la plaza se veían pancartas con la leyenda “Justicia para Fakir. Terminemos con los homicidios de Estado”.“Su presencia demuestra que no estamos solos, seguiremos reclamando que se haga luz”, también prometió Yossra, que fue más allá: “quien viste un uniforme tiene una responsabilidad enorme, proteger vidas y sobre todo a los más vulnerables: si se confirmarán responsabilidades, tendrá que haber medidas, quien no cumplió con su deber no puede seguir en un rol que requiere de confianza, equilibrio y respeto por la vida humana”.
Fuente: La Nación