Caminos que se bifurcan

Kleinwelka, AlemaniaImpecable, como trazado con regla, este tapiz de setos de tuya de hoja perenne serpentea con la lógica trazada por la mente que pergeñó su recorrido. Desde las alturas, la imagen es exquisita por su simetría. Invita a querer recorrerlo, como esas personas que se han animado a la experiencia. También la toma cenital permite ver sus vericuetos, pero, sobre todo, permite ver la salida. Algo imposible de distinguir cuando uno está internado en su espesura y no tiene forma de saber si va a quedar eternamente atrapado en él o si, en cambio, va a lograr escapar. Sabiamente, Borges, en su poema “Laberinto”, enuncia: “No esperes que el rigor de tu camino / que tercamente se bifurca en otro, / que tercamente se bifurca en otro, / tendrá fin”. Atrapados en nuestros propios laberintos, ilusamente esperamos que el rigor llegue a su fin. Cuando no sucede, es habitual que sobrevenga la frustración o la resignación.

Fuente: La Nación