Dejó Venezuela, Argentina la impactó y hoy vive lo duro de la distancia: “Me sorprendió que hayan dejado entrar la ayuda”

Por fortuna, los amigos y la familia de Amanda están bien, aunque envueltos en un manto de tristeza que parece no querer ceder. Ella, desde lejos, busca todos los caminos posibles para contener y ayudar, aunque no es sencillo, tiene un hijo que acaba de llegar al mundo y una hija de cinco años. La catástrofe en La Guaira llegó a los oídos de Amanda en un momento personal colmado de felicidad , aunque también de sensibilidad. Y a medida que las noticias empeoraban, experimentó esa sensación tan extraña de estar viviendo varias emociones contradictorias al mismo tiempo: “No fue fácil lidiar con el posparto y este acontecimiento tan fuerte, viendo casos de madres que perdieron hijos, embarazadas que pasaron por esa tragedia y hasta madres que murieron para salvar a sus hijos”, dice.“Estar lejos cuando pasa algo triste en tu país es muy fuerte porque nuestra cabeza esta pensando las veinticuatro horas en eso, viendo las tragedias por las redes y los grupos familiares y, a su vez, tenemos que estar al 100% en el país en el que estamos, cumpliendo con nuestras obligaciones del día a día”.En un primer momento, Amanda intentó limitar el acceso a la información, pero cuando estuvo lo suficientemente fuerte, buscó los caminos para ayudar: “El estudio donde trabajo hizo un evento para recolección de fondos, donando el monto total. Mi participación en este caso, por la tan reciente llegada de mi hijo, fue la de hacer unos diseños para los flash del evento. Apenas me enteré que en el estudio iban a hacer algo por Venezuela, me tomé un tiempo entre el caos de cuidar un recién nacido y a una nena de cinco años. Hice diseños de línea fina, que son los ideales en este tipo de eventos plasmando lo que me gusta de Venezuela: sus paisajes, aves, flores... Un mapa floreado, como queriendo imaginar una Venezuela que resurge y florece”. “Conmueve mucho ver que hay personas que dan todo para salvar a quien estuvo padeciendo tanto. Me sorprendió que el gobierno haya dejado entrar la ayuda humanitaria. Hay veces que hasta niegan esa ayuda o la boicotean, así que por suerte esta vez si dejaron que les llegue esa ayuda”, continúa Amanda. “Así como se unen en Iris (el estudio donde trabaja Amanda), hay muchas iniciativas de recolección de insumos. Lo más necesario son elementos de primeros auxilios, alimentos no perecederos, colchonetas, carpas -ya que hay muchas personas sin casa-. Y se puede ayudar bien sea donando o hasta yendo a clasificar las donaciones o a organizar ciertas cosas en esos sitios”.Dejar Venezuela para dejar florecer una pasiónDesde niña, Amanda Rodríguez calmaba sus ansias de ver el mundo a través del lienzo en blanco que cobraba vida con sus trazos. A pesar de aquel camino de liberación, había algo en su entorno que la asfixiaba. Desconocía qué era lo que había más allá de sus fronteras, pero podía percibir que en algún otro lado de la Tierra sería capaz de respirar más profundo.Corría el año 2016, cuando decidió atravesar los límites de su Venezuela natal por primera vez. Panamá fue el destino inicial al que llegó sola, con una valija en mano, que incluía las herramientas para desarrollar su pasión por el arte del tatuaje.Amanda sabía que su país atravesaba una crisis, pero en aquel instante, cuando sus ojos se encontraron ante una realidad hasta entonces desconocida, el anhelo de emigrar y probar suerte en otro destino surgió con fuerza: “La decisión de salir de mi país, Venezuela, fue impulsada por la situación complicada que existe al vivir allá: la inseguridad y falta de recursos básicos era muy notoria”, asegura hoy, mientras repasa su historia.Un amor y un país intrigante: ArgentinaMás allá de las dificultades que atravesaba en Venezuela, hubo otra circunstancia que alentó la decisión de Amanda: el amor. Fue en Panamá, el primer rincón del mundo en el que había decidido aventurarse como viajera, que se enamoró de Agustín, un argentino con residencia en la nación panameña.A partir de este suceso inesperado, Argentina, un país que siempre había deseado conocer, emergió en el horizonte de Amanda. ¿Debían permanecer en Centroamérica o aventurarse hacia el sur? “Si bien Panamá fue una opción para nosotros, decidimos venir a Argentina en el 2017″, revela la mujer venezolana.“Argentina siempre llamó mucho mi atención. Sentía que su desarrollo artístico en todo sentido era increíble y a su vez en el tatuaje tiene una muy buena recepción. Así que todo cerraba perfectamente para venir”.“Mi familia, mis amigos y el entorno en mi país lo tomaron dentro de todo super normal, era muy usual ver a los jóvenes irse para buscar un mejor destino. De hecho, de mis amigos y primos habían quedado muy pocos. Por supuesto, para mis padres era muy dolorosa la idea de la distancia. En mi caso, a pesar de saber que los iba a extrañar, era muy joven y la euforia de finalmente salir y conocer lo desconocido dominaban mi presente”.Una tierra que abraza inmigrantes: ”Como en casa”Tocó tierra argentina con cierta incertidumbre, pero invadida por el entusiasmo que implicaba descubrir una nación intrigante. De pronto, Amanda fue consciente de que había dejado atrás sus fronteras, sus límites reales e imaginarios. Finalmente, se había animado a viajar y conocer otros lugares, un suceso que la inundó de felicidad.Sin embargo, en esta ocasión todo era diferente. A Buenos Aires no había llegado de visita, sino a vivir. Si bien había arribado de la mano de su pareja, para Amanda el impacto del nuevo comienzo la tomó por sorpresa: “Argentina es un lugar muy cálido en el que me siento muy bienvenida”, asegura.“Pienso que el hecho de estar formado por muchas familias descendientes de inmigrantes es lo que lo hace tan receptivo a la hora de recibir gente del extranjero. Vine a este país y las personas me hicieron sentir como en casa. Me gusta la buena onda de su gente, son alegres y eufóricos”.“A su vez, es muy interesante su cultura, la música, su manera de expresarse. La arquitectura y lo organizado que es de alguna forma, las calles y sus direcciones. Aunque no lo crean, en Venezuela el sistema urbano es poco preciso. Acá con decir el nombre de la calle y la altura ya estás. En Venezuela tienes que explicar exactamente qué hacer con algún punto de referencia conocido más cercano, como un hospital o un centro comercial”.

Fuente: La Nación