Acción de Gracias: una lección de templanza y liderazgo

Qué importante que un país entristecido, empobrecido y maltratado como el nuestro salga de pronto al ruedo mundial ofreciendo una fiesta de excelencia indiscutible, y sobre todo, una excelencia respaldada en una virtud a la que nadie puede pasarle la motosierra: la amistad profunda, verdadera, espontánea, que forma el cimiento de un equipo coherente, entusiasta y unido en una mística raigal.Qué importante y confortador el que sepamos que allá afuera nos representa un líder que sustenta una virtud aparentemente poco argentina y sin embargo necesaria: la templanza. Cómo nos alejan su gesto y su palabra de la borrasca de insultos, embustes y calumnias que sufrimos día a día; cómo por un momento dejamos de ser escándalo y podemos ser ejemplo y fuente de alegría para el mundo.Curiosa y excepcional, por cierto, es la política de Scaloni con respecto al espíritu que debe guiar el clima del juego. Paradójicamente, lo fundamental para él es jugar por el puro juego, sin miedo ni responsabilidades, como adultos que han guardado al niño salvaje que fueron dentro de sí. Lo dijo después del partido frente a Inglaterra: “Conozco a estos jugadores, sé cómo son, son indios, en el buen sentido de la palabra. Porque se han criado en ambientes donde no tenían miedo a nada, donde eran los mejores en todos lados, de chicos competían y todos esperaban mucho de ellos, no les pesa la responsabilidad. Ver hoy a Messi en los últimos quince o veinte minutos agarrando la pelota, a De Paul o a Montiel jugando como si pensaran que no había un nunca más… Cuando ves esa demostración de los jugadores es porque están jugando como si tuvieran siete u ocho años, no como si estuvieran pensando en que si fallan quedan afuera del torneo. Están pensando en jugar al fútbol, y por suerte es así”. Coraje e inocencia: “Si no sois como los niños” parece ser el lema de este conjunto al que envuelve un aura mágica indiscernible de su temible poder.Por fugaz que sea, la victoria frente a Inglaterra nos permite legítimamente estar orgullosos de ser argentinos y aún más, admirar la elegancia con que Scaloni defiende su agenda y elige la sobriedad como su estilo de expresión. Su postura y su apostura nos alivian de payasadas bochornosas, de jactancias estériles, de griteríos ensordecedores, de lenguajes obscenos. Hay una celeste y blanca que flamea sobre todos nosotros y nos purifica por encima de todos los disensos, de todas las grietas. Una pausa de paz y dignidad que nos permite volver a respirar y esperar. Y hay quien hizo posible esta alegría.Lionel Scaloni: gracias.

Fuente: La Nación