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Irán, latigazos por cantar
Las tensas negociaciones entre Washington y Teherán han corrido el foco respecto del endurecimiento del régimen iraní fronteras adentro. Mientras tanto, las llamadas patrullas de la moral han intensificado su labor, persiguiendo a mujeres que no usan hiyab y a hombres que portan pantalones cortos y otras prendas que infringen las normas oficiales. Las detenciones en las calles son moneda corriente, así como los controles de celulares y el registro fotográfico a cargo de agentes en espacios abiertos.En las últimas semanas, la intolerancia cargó contra la cantante iraní Parastoo Ahmadi por haber participado de un concierto virtual a puertas cerradas, en diciembre de 2024. Vestida de manera impropia, pues dejaba ver sus hombros, desde un histórico caravasar y acompañada por cuatro músicos, cantó sin portar velo. Inmediatamente, se sustanció una causa penal en su contra que la llevó a prisión, aunque al poco tiempo fue liberada bajo fianza. Ahmadi había participado activamente en las movilizaciones masivas a raíz de la muerte de Mahsa Amini, incluso habiendo reinterpretado entonces la canción patriótica “De la sangre de la juventud de la patria” que cuestionaba al régimen.Las artistas iraníes solo pueden cantar ante audiencias exclusivamente femeninas y bajo estricta prohibición de registro fotográfico o audiovisual. La grabación en cuestión, de 27 minutos de duración, bajo el título “Un concierto imaginario”, en directa referencia a la prohibición que impide que una mujer iraní pueda cantar en público, tuvo un impacto masivo y alcanzó más de 3 millones de reproducciones en YouTube.Ha sido la misma Ahmadi quien difundió desde su cuenta de Instagram las graves acusaciones recibidas por “ofensa de la moral pública” al “producir, enviar, distribuir y publicar” contenidos considerados “inmorales”. Un tribunal de la ciudad de Qom condenó a la cantante de 29 años y a otras 8 personas del equipo que participó en la grabación a 74 latigazos “de carácter correctivo”, dos años de prohibición de salida del país y de ejercicio de actividades artísticas por “atentar contra la moral pública mediante la producción y difusión de contenidos obscenos y contrarios a la ética en el entorno virtual”.Lo cierto es que la ley iraní no penaliza ni el canto ni la difusión por parte de mujeres, pero el régimen legisla a discreción. De hecho, se había permitido la actuación de la cantante Julia Boutros sin hiyab en una manifestación a favor de la guerra con Estados Unidos. Tras firmarse el acuerdo de paz, un grupo de altos mandos de línea dura adquiere mayor peso dentro del régimen lo cual podría intensificar la represión contra las mujeres.A pesar de que las organizaciones de derechos humanos contabilizan más de 7000 muertos por la represión, las mujeres iraníes siguen adelante con una valiente campaña de desobediencia civil. La lucha contra el arcaico régimen sigue inscribiendo tan inconcebibles como indignantes capítulos.
Fuente: La Nación