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Calles vacías y 30.000 personas frente a una pantalla gigante, el preludio en Barcelona de una fiesta hasta la madrugada
BARCELONA.- Como en las grandes ocasiones, a las 21, hora de inicio de la final, las principales arterias de Barcelona, habitualmente rebosantes de tráfico, estaban completamente vacías. Tan solo se veía algún taxi vacío y los repartidores a domicilio afanándose por entregar llegar a su destino. La escena recordaba el ambiente de las finales del Barça en las Champions, o los toques de queda del covid.En el descanso, algún petardo aislado rompió un silencio que duró exactamente 106 minutos. Tras contener la respiración durante unos largos 90 minutos reglamentarios, cuando el tiro de Ferran besó por fin la red, miles de personas estallaron en un grito de alegría en el Parc del Fórum, una gran explanada al lado del mar escogida por el Ayuntamiento de Barcelona para instalar una gran pantalla. Otros cientos de asistentes, muchos de ellos con la remera argentina, exhalaron un suspiro de angustia. La tensión se prolongó unos cuantos minutos más, los que transcurrieron hasta el final de la prórroga. Entonces, los gritos de alegría se vieron acompañados de una retahíla de petardos que iluminaron el cielo de la ciudad condal.Sara, ataviada con una bandera de la selección española, sostiene un cilindro del que salen varios cohetes que exudan una luz verdosa. “Estoy muy contenta. Esto de ganar un mundial no pasa casi nunca. Teníamos uno solo”, comenta al lado de su novio Gabriel. Los dos se declaran culés. Al ser preguntados por Messi, el chico responde. “En España hay muchos jugadores del Barça, por eso estoy contento. Pero me sabe mal por Messi. Él nos dio muchas alegrías y es una pena que acabe su carrera con una derrota.Según las cifras ofrecidas por las autoridades, más de 30.000 personas presenciaron el partido en la gran pantalla del Parc del Fórum, situado en una de las zonas más turísticas de Barcelona, una ciudad que en 2025 recibió 25 millones de visitantes. Por eso, buena parte de los asistentes en Parc del Fórum eran turistas.Cuando se llenó el aforo, la policía ya no permitió la entrada a más personas. Algunos se arremolinaron alrededor de los cristales de los bares y hoteles de la zona, otros miraron el partido en el teléfono móvil sentados en bancos. Entre ellos, una pareja de brasileños. Él luce la camiseta blanca de la selección española. Ella, un top con la bandera de Brasil. “Vamos con España porque Argentina es nuetro rival más directo. Además, España tiene menos mundiales que España”, explica Joao, cuyo principal interés parece ser que Brasil continúe siendo el país con más estrellas mundialistas.En un parque con césped en los aleadaños de Parc del Fòrum, unos niños y algunos jóvenes juegan a fútbol, más interesados en sus propias hazañas sobre el terreno de juego que en las que tienen lugar en Nueva York. Quien sabe si de aquí una década, algunos de ellos tomará el relevo de Lamine Yamal, como él lo ha tomado de Messi. Varios de los chicos se comunican en italiano. “Yo siempre he tenido simpatía por Argentina, pero como estoy aquí de vacaciones, pues hoy voy con España”, comenta Riccardo, en un descanso del partido.Las muecas de tristeza de los aficionados argentinos contrastan con la alegría de los españoles. “Estoy deprimida. No tengo más nada que decir”, espeta al corresponsal de La Nación una joven morena ataviada con los colores albiceleste. Le acompañan en la tristeza cinco bangladesíen albicelestes que caminan detrás suyo. Otro grupo de tres chicos con caras largas sí que tienen aún ánimos de hablar. Uno de ellos lleva colgada de las espalda una estelada, la bandera independentista catalana con una estrella,“Ellos dos son argentinos, pero yo soy catalán. Apoyaba Argentina porque voy contra España”, asevera Ferran, un chaval de ojos azules. Sus dos amigos, Diego y Lucas, expresan su decepción por el desarrollo del partido. “Argentina no jugó a nada. El fútbol es así. Hay días que no te sale nada. Ellos fueron mejores”, añade Diego, con el torso desnudo, y la camiseta argentina colgada del cuello a modo de bufanda. Los tres forman parte de un experimento de fusión musical: su género es el cuarteto, pero las letras las canta Ferran en catalán.La multitud sale del recinto en una actitud sorprendentemente contenida y ordenada, tan solo con algunos adolescentes gritando: “España! España!”. Ahora bien, cuando la columna de aficionados cruza el puente de la autopista, se encuentra un ambiente mucho más eufórico, quizás fruto de la ingesta de unos litros de alcohol más bien ausentes en Parc del Fórum.Cientos de jóvenes cortaron el tráfico en una intersección mientras coreaban “Campeones, Campeones, oe, oe, oe!”. Son los mismos que encendieron un par de bengalas con el gol de Nico Williams en el minuto 95. Las tuvieron que apagar enseguida, pues el árbitro lo anuló por una falta anterior, y ahora ya se les han agotado. Los coches atraviesan como pueden la multitud haciendo sonar el claxon.Entre los que celebraron el resultado se cuenta el presidente del Barça, Joan Laporta. Ya lo había destacado antes de la final; fuera cuál fuera el resultado, el club catalán, y sobre todo, su fábrica de talentos, la Masía, ya había ganado. No en vano, el mejor jugador de las últimas décadas, Leo Messi, y su probable relevo, Lamine Yamal, se han gestado en la escuela del Barça. “Esta final es un orgullo para la Masia. Estamos muy orgullosos de los jugadores que tenemos en la final. España juega con un estilo parecido al nuestro. El Barça es lo mejor que hay, y todo el mundo lo reconoce”, remachó Laporta. Así pues, y por motivos diversos, Barcelona vivió con alegría el segundo mundial de la selección española.
Fuente: La Nación