Milei, obligado a levantar el ánimo… y la economía

La ilusión terminó. O, tal vez, sea la anestesia lo que se acabó. Y ahora se verá cómo se siente la realidad sin analgésicos, tras el largo paréntesis, lleno de expectativas (y también de sufrimiento), que nos volvió a regalar la selección de Lionel Messi y su tocayo Scaloni.Los sociólogos y expertos en opinión pública se han cansado de advertirnos que un campeonato mundial de futbol, aún en el éxito, no cambia la opinión política ni la percepción de la sociedad sobre cómo está su situación personal y la del país, pero no es lo mismo cómo se aprecia, se afronta y se proyecta la cotidianeidad cuando es tiempo dulce de victorias que cuando llega el momento amargo de la derrota.Después de la caída ante España (un merecidísimo campeón), a Javier Milei y a su gestión le llegará una demanda recargada de los vastos sectores de la sociedad que dos años y medio después del comienzo de su gobierno siguen haciendo esfuerzos, sin haber recibido aún beneficios de su política económica. La frase, pretendidamente atemporal de Messi, sobre la necesidad de hacer felices a esos “que no llegan a fin de mes”, entre otros, adquiere rabiosa actualidad. El Gobierno estará obligado a levantar el ánimo social. Para eso, se sabe, el estímulo efectivo es el de la economía, que sigue ofreciendo resultados positivos demasiado dispares o, mejor dicho, nada masivos. Mucho más cuando el Gobierno tampoco tiene para compensar con el combustible simbólico de la ejemplaridad, afectada por los escándalos que la salida de Adorni no saldaron. En la marcha de la producción, el empleo y el consumo masivo radicaba, ya antes del final no deseado del Mundial, la preocupación a corto y mediano plazo de muchos que apuestan a que al Gobierno le vaya bien y a que Milei sea reelegido. Ahora esa preocupación (y reclamo) puede verse potenciada. Para peor, faltará un analgésico vital: la ilusión de que “de la mano de Leo Messi todos la vuelta (todavía) vamos a dar”. En Nueva Jersey tuvo su último baile mundial y habrá que prepararse para hacer ese otro gran duelo y construir otra ilusión de ese proyecto nacional que es el único que parece capaz de unir a los argentinos, la selección de fútbol. Casi todo lo demás es suelo agrietado, que el propio Milei solo se ha ocupado de profundizar. Y la polarización siempre puede volverse en contra.La preocupación hasta ayer a la tarde en la Casa Rosada estaba puesta de manera excluyente en la organización de la recepción de la Selección, con la expectativa centrada en un soñado bicampeonato, que la superioridad incuestionable de la España de Rodri y Luis de la Fuente se encargó de frustrar. Había conversaciones con los gobiernos porteño y el bonaerense para coordinar el operativo y pocas certezas desde Estados Unidos. “Todo depende de Messi y la verdad no tenemos ni idea de lo que van a querer hacer”, admitió ayer antes del partido y repitió al cierre de este texto un altísimo funcionario del Gobierno. El objetivo era evitar incidentes, generar las condiciones para que fuera una celebración masiva y que nada la empañara, para recibir los beneficios indirectos, aunque sea temporarios, de ese renovado humor social, sin mostrar intenciones de apropiarse de méritos ajenos. Lo había hecho con perspicacia Milei y su equipo al no viajar a Nueva Jersey y al ofrecer el balcón de la Casa Rosada con la promesa de no estar allí para que nadie se lo pudiera cobrar.El agradecimiento eterno que los argentinos sin distinciones sienten para con Leo Messi y sus compañeros, por haber dado alegrías que ningún gobernante ni dirigente político ha sido capaz de ofrecer, hacía que anoche, tras la derrota, la preocupación estuviera aún más vigente. Con un agregado más por lo que pudiera pasar hoy, en la llegada de la Selección, y por cómo será la caída en la realidad sin la compensación de la alegría mundialista.Números amarillos Los últimos números de encuestas de opinión pública recibidos en la Casa Rosada no dan lugar para relajarse. La caída de la imagen encontró un piso hace casi dos meses, pero no hay rebote. La imagen positiva de Milei y de su gestión sigue en torno del 40% y el 35%, pero también el rechazo, que es mayor que la aceptación, se sostiene sin cambios. Una de las consultoras de opinión pública que más prestigio conserva y que le ha dado al Gobierno números positivos un poquito por encima del resto, acaba de cerrar la encuesta de julio, que confirma que la evaluación neta del presidente y su gestión sigue siendo deficitaria, aunque la diferencia entre la negativa y la positiva no sea muy amplia. La cuestión es la proyección electoral que a partir de ahora ya se empieza hacer de esos indicadores. Uno de los predictores más eficaces, como es el Índice de Confianza en el Gobierno, de la Universidad Torcuato Di Tella, permite proyectar que el oficialismo alcanzaría un 41% de los votos en la elección presidencial. Si fuera así estaría obligado a ganar en primera vuelta y a lograr (o rezar para) que la fragmentación opositora se mantenga. “Milei contra un candidato opositor está cabeza a cabeza. Y tiene un techo”, señaló el viernes pasado el director de Poliarquía Eduardo Fidanza.Ante ese panorama, adquiere mayor significación la preocupación por las dificultades que padecen sectores importantes de la población, sobre todo de los grandes conglomerados urbanos, donde se siente con más contundencia el impacto de la política económica sobre la mayor parte de las industrias y la construcción, que son los grandes dadores de empleo. Por algo, el flamante vocero presidencial Adrián Ravier pasó momentos de zozobra después de haber refutado a Messi, el único intocable de la Argentina. “No coincidimos en el Gobierno con esto de que la gente no llega a fin de mes”, dijo Adrián Ravier. Esas declaraciones resultaron indigestas en la cúpula del mileísmo. Ravier fue puesto ahí no para pelearse con las percepciones y mucho menos con los números. Él, por el contrario, está obligado a potenciar los indicadores positivos y, en todo caso, a relativizar o matizar los negativos. No para negar lo innegable.Los números del endeudamiento creciente de las familias son incuestionables muestras de que muchos argentinos no llegan a fin de mes. Y hay más evidencias. El kirchnerismo dejó la piel social muy sensible ante cualquier intento de manipulación de los datos de la economía.En la Casa Rosada y en el Ministerio de Economía abundan discusiones sobre medidas en evaluación para dinamizar la economía. Prometen algunos anuncios en los próximos días, que ahora tienen más urgencia.Al mismo tiempo, el nuevo clima social exige otras señales. El capital simbólico del Gobierno sigue dañado y tuvo en las últimas semanas indicios de nuevas devaluaciones con las señales que alimentan la percepción de que están en curso, otra vez, pactos de impunidad en la Justicia para proteger a quienes detentan poder. Al menos mientras lo conserven. No se descarta que, por eso, se siga intentando soltar lastre. En tal sentido, el subcampeonato tal vez no sea ahora un premio consuelo sino un salvavidas de plomo para los mandamases de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia y Pablo Toviggino. La intocabilidad de Messi no es un atributo transmisible. Habrá que estar atentos.El Gobierno está obligado a levantar el ánimo social y para eso necesita de mejorar la marcha de la economía. Pero no solo eso. Posdata: Gracias eternas Leo y selección por tanta felicidad durante tantos años.

Fuente: La Nación