El fantástico viaje de superación que protagonizó Kimi Antonelli en el GP de Bélgica: de las lágrimas y la frustración al festejo

La final de la Copa del Mundo es el eje de atracción de la jornada, aunque para la Fórmula 1 compartir la escena con el partido más importante del Mundial de fútbol no es una novedad. Por octava oportunidad en la historia, coinciden el calendario del Gran Circo y el duelo por el máximo trofeo de selecciones. La primera vez, en 1954, Juan Manuel Fangio firmó la victoria en Reims (Francia), mientras que más tarde Alemania derrotaba 3-2 a Hungría en Berna. En Nueva York, en el momento en que los planteles de la Argentina y España ultimaban detalles para la definición, Andrea Kimi Antonelli conquistó en el circuito de Spa-Francorchamps el Gran Premio de Bélgica y enseñó el progreso desde la temporada del debut a su segundo año en la F.1. Es un triunfo que lo consolida en la cabeza del Mundial de Pilotos y le asegura que, con una carrera por delante para ingresar en el receso, los 45 puntos de ventaja sobre Lewis Hamilton (Ferrari) lo impondrán en la cima de la tabla de posiciones con cualquier resultado que se registre la próxima semana en el GP de Hungría.La mano derecha en el corazón al sonar el himno Fratelli d’Italia en la ceremonia del podio, el puño agitado para celebrar con sus mecánicos -contra los que saltó para festejar apenas se bajó del Mercedes W17-, el baño de champagne con Charles Leclerc (Ferrari) y Max Verstappen (Red Bull Racing), el regalo de la botella con su firma y la dedicatoria a su padre Marco, que el sábado cumplió 52 años... Todos detalles de un fin de semana magnífico en un circuito emblemático de la F.1 y que resaltó cómo el joven italiano hizo un viaje de superación desde el año pasado, temporada en la que hizo su estreno, a este presente con seis triunfos en 10 grandes premios. “El año pasado estaba muy triste, la diferencia es increíble. Contento, porque pude completar el trabajo. Un gran premio intenso, divertido, con un auto con un ritmo muy alto. Pero no fue nada fácil”, analizó el boloñés, que después de una largada consistente, donde mantuvo a raya a Verstappen, un Virtual Safety Car lo desfavoreció y debió batallar contra el campeón defensor Lando Norris (McLaren) y Leclerc para recuperar el primer puesto. Recortó los tres segundos de desventaja y con una decena de giros para la bandera a cuadros remató la tarea. Desde el muro, su ingeniero Peter Bonnington le advirtió que fuera cuidadoso en el sobrepaso porque Leclerc apretaba a los rivales en la Curva 5 y por los límites de pista, los que podían condenarlo a una penalización.Un año atrás, Antonelli lloró y se angustió en Spa-Francorchamps. El joven sonriente y lleno de desparpajo era un niño asustado. Los abandonos en Imola, Barcelona, Spielberg y Silverstone ensombrecían la apuesta de Mercedes. Una frustración tras otra, difíciles de soportar. La eliminación en la Q1 en la prueba de clasificación, que lo condenó a largar decimoctavo, lo hundió y asomaron las lágrimas. “Me falta confianza. Honestamente, me cuesta extraer el máximo potencial del auto. Es un momento difícil. Tengo que encontrar la luz al final del túnel. Tengo que cambiar mi estilo y me veo obligado a ir más despacio”, palabras que demostraban su enorme desencanto. Pero no se rindió y se reinventó junto al apoyo de Mercedes y el sostén de Toto Wolff, el jefe de equipo que lo eligió para reemplazar a Hamilton y que jamás dejó de creer en su protegido.Un año después de aquel episodio, Antonelli se retira de Spa con 45 unidades más que Hamilton y 50 puntos más que su compañero de garaje George Russell, que abandonó en la primera vuelta, tras un incidente con Hamilton que le valió una penalización de cinco segundos al séptuple campeón. Pero no solamente la estadística avala a Kimi, pulsea mano a mano con apenas 34 grandes premios contra campeones y rivales que lo quintuplican en cantidad de carreras en la F.1. Es el mismo piloto, con mayor temple, y en un escenario diferente. Arrastraba dos de las últimas carreras sin sumar, pero no se desesperó. Construyó el camino y las lágrimas lo robustecieron, lo blindaron: tiene el talento para sentirse el mejor de su clase, también entiende que puede ser vulnerable.Mercedes lo cobijó cuando era un niño y arropó al adolescente en el pasaje de oscuridad. La F.1 demanda crecimientos acelerados, exige madurez a un joven de 19 años que recién terminó de cursar la escuela secundaria. Hasta hace poco no tenía licencia de conducir para manejar por las calles de Bolonia y por las leyes de algunos países no podía beber champagne en los podios. Lidiar con la presión que demanda ser piloto del auto que la cátedra impone como el mejor de la grilla y abordar a un compañero de equipo que esperó durante años el momento para descubrirse como líder del garaje, retos que se le presentan en la temporada y que sortea sin perder la frescura y la sonrisa. El resumen de la victoria de Kimi Antonelli

La frustración que lo rodeó un año atrás, ahora lo envuelve a Russell: “La batería no se cargó y salí de la primera curva con un 35% menos. Y como no se cargó también tuve problemas con el boost. El turbo no se ajustó, no tenía potencia. Llegué a la cima de Eau Rouge con cero de batería. Fue peligroso. Me pasaron tres autos, pero en situación normal no debería haber estado en esa posición. Por eso estoy tan enojado”, disparó el británico, que con el mensaje apunta a Mercedes. Russell arrastraba quejas desde la qualy, donde Antonelli lo pulverizó dejándolo cuarto y a medio segundo del tiempo del poleman.Dos semanas atrás, Antonelli ganó la carrera Sprint en Silverstone, también registró la pole y un problema mecánico lo relegó hasta el 15to puesto, cuando el rendimiento presagiaba una batalla por el triunfo con Leclerc. Lejos de desilusionarse, intentó rescatar un punto en medio de la adversidad. Una señal de entereza, madurez, y de cómo debe enfocarse para lograr el máximo objetivo. En Spa, con la carrera controlada, el Virtual Safety Car modificó el escenario y nuevamente tuvo que salir a correr a Leclerc. No entró en pánico, lo hizo con garra, extrayendo el potencial del auto y con talento. Un año atrás, el miedo y el desconcierto lo tenían atrapado. Lloró, porque el aturdimiento nublaba el futuro. Aquellas lágrimas de impotencia resultaron un quiebre, el primer eslabón para recuperar la confianza y disfrutar de este presente.

Fuente: La Nación Deportes