España: el país de los movimientos separatistas, las dos ciudades en Marruecos y las películas sin subtítulos

Si hay un país con el que los argentinos tenemos un vínculo especial, es España. La relación se remonta al siglo XV, cuando la Corona inició la conquista del territorio americano. Durante casi 250 años, nuestras tierras formaron parte del Imperio español, un período que dejó una huella profunda en el idioma, la religión, el derecho, la organización política y las tradiciones.Sabemos que es el país de la paella, de la tortilla de papas, del jamón ibérico, de la corrida de toros y del flamenco. A continuación, más datos sobre el rival de la Argentina en la final del Mundial 2026. Fuertes lazos con la ArgentinaLa conexión entre ambos países no se explica solo por la historia colonial. Entre mediados del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, la Argentina recibió una de las corrientes migratorias más importantes de su historia: alrededor de dos millones de españoles llegaron al país en busca de oportunidades, impulsados por las crisis económicas y, más adelante, por las consecuencias de la Guerra Civil y el franquismo. Esa inmigración masiva hizo que la presencia española quedara profundamente arraigada en el país. Se estima que cerca de la mitad de la población argentina tiene algún ancestro español. “España y Argentina comparten idioma, vínculos familiares, referencias culturales y una larga historia de movimientos de población en ambas direcciones. Durante los siglos XIX y XX, la Argentina recibió a cientos de miles de españoles; en las últimas décadas, el movimiento también se ha producido en sentido inverso”, destacó Brais Freire, Investigador en Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco, en diálogo con LA NACION. Por su parte, Gutmaro Bravo, historiador de la Universidad de Sevilla, indicó: “El vínculo argentino-español está en todo. Es una historia de ida y vuelta. La emigración económica española, luego el exilio, enorme, hacia la Argentina, se vio reforzado con toda la gente que vino a España porque no hay diferencia, son jurídica, cultural y socialmente españoles. Es una de las historias comunes más ricas del mundo”.En las últimas décadas el movimiento migratorio comenzó a invertirse. Hoy son muchos los argentinos que eligen España como destino para vivir, estudiar o trabajar. Actualmente residen allí más de 450.000 argentinos y alrededor de 500.000 personas cuentan con ciudadanía española, una cifra que creció en los últimos años por la ampliación de los mecanismos para reconocer la nacionalidad a los descendientes de inmigrantes. Los ciudadanos de países iberoamericanos pueden solicitar la nacionalidad española después de dos años de residencia legal, frente al plazo general de diez años, y no están obligados a renunciar a su nacionalidad anterior. “Estas condiciones facilitan notablemente su integración jurídica”, agregó Freire. A este beneficio se suma la llamada “ley de nietos”, incluida en la Ley de Memoria Democrática, que permitió optar a la nacionalidad a descendientes de españoles que habían emigrado o se habían exiliado como consecuencia de la guerra civil y la dictadura.Una monarquía golpeadaEspaña tiene una monarquía parlamentaria desde la aprobación de la Constitución en 1978 y tras la vuelta a la democracia post-dictadura de Francisco Franco, que gobernó entre 1939 y 1975. El rey es el jefe del Estado y cumple funciones representativas e institucionales, mientras que el poder Ejecutivo recae en el presidente del Gobierno [actualmente es Pedro Sánchez] y el Parlamento. Aunque la monarquía fue considerada durante décadas un símbolo de transición hacia la democracia, su imagen se fue deteriorando.El punto de inflexión llegó durante el reinado de Juan Carlos I, designado por Franco como su sucesor, desde 1975 hasta 2014. El monarca, reconocido por su papel en la consolidación democrática, vio caer su popularidad por una serie de escándalos, entre ellos un polémico viaje de caza de elefantes a Botsuana en plena crisis económica y las investigaciones por presuntas irregularidades financieras. La pérdida de confianza fue tal que en 2014 abdicó en favor de su hijo, Felipe VI. “Aunque la institución intentó poner un cortafuego contra la corrupción y elaboró protocolos nuevos frente a ello, mostrando un interés por revertir esta situación, la mayor parte de la juventud no se conecta ideológicamente al sistema de la monarquía”, sostuvo Mariela Fargas Peñarrocha, profesora de Historia Moderna en la Universidad de Barcelona.Desde entonces, Felipe VI intentó recuperar el prestigio de la institución con una imagen de mayor austeridad y transparencia. Sin embargo, partidos de izquierda, como Podemos y otros sectores aliados, defienden la celebración de un referéndum para que los ciudadanos decidan entre mantener la monarquía o avanzar hacia una república. El historiador Gutmaro Bravo, sin embargo, marcó que la propuesta del paso a una república no es popular entre los españoles. “Fuerzas políticas republicanas apenas hay, pero es verdad que crece una desafección hacia la monarquía, no solo en la izquierda, también en el ala más dura de la derecha”, dijo.Además de los escándalos de corrupción y el desencanto de los jóvenes, hay otro factor por el que disminuye la popularidad de la monarquía: la falta de una legitimidad de origen. Juan Carlos I fue designado por Franco y la sociedad española no pudo elegir el sistema político. “Ese origen explica que para algunos sectores la monarquía simbolice la estabilidad y el éxito de la transición, mientras que para otros represente una continuidad insuficientemente cuestionada por su relación con el régimen anterior”, dijo Brais Freire.Las encuestas muestran que la institución ya no goza del amplio consenso que tuvo durante las primeras décadas de la democracia. Un estudio de la Universidad de Murcia señala que un 51,5% de los españoles preferiría la república, por lo que es el país europeo más insatisfecho con la monarquía. Aunque Felipe VI conserva niveles de valoración superiores a los de su padre, la monarquía enfrenta un escenario de mayor cuestionamiento, especialmente entre los jóvenes.“Sustituir la monarquía exigiría el procedimiento constitucional más complejo: aprobación por dos tercios de ambas Cámaras, disolución de las Cortes, celebración de elecciones, nueva aprobación por dos tercios y referéndum obligatorio”, sumó Freire en diálogo con este diario. El problema con los refugiadosComo otros países de Europa, España se convirtió en una de las principales puertas de entrada al continente para miles de migrantes y solicitantes de asilo que huyen de las guerras en África, Medio Oriente y, más recientemente, Ucrania. Su ubicación geográfica, separada del continente africano por apenas 14 kilómetros en el estrecho de Gibraltar, la convierte en uno de los principales puntos de ingreso a la Unión Europea.Esto puso bajo presión el sistema de acogida. Uno de los mayores desafíos se concentra en las Islas Canarias, adonde arriban miles de personas cada año tras cruzar el Atlántico en embarcaciones precarias desde la costa occidental africana, una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo.La situación también tiene un fuerte impacto político. Mientras el gobierno español sostiene una política de recepción y protección para quienes cumplen los requisitos para obtener asilo, sectores de la oposición reclaman un mayor control de las fronteras. De hecho, la consolidación de Vox (un partido de extrema derecha) y el endurecimiento del discurso de parte de la derecha tradicional convirtieron el asilo y la inmigración en uno de los principales asuntos de confrontación. Según el historiador Brais Freire, existen diferencias en la recepción de distintos colectivos. Por ejemplo, los ucranianos fueron acogidos bajo un sistema europeo de protección temporal y los desplazados se encontraron con una actitud social más favorable. “Sin embargo, las personas procedentes del Magreb, de África subsahariana o de países de mayoría musulmana se enfrentan con mayor frecuencia a discursos islamófobos, racistas y a asociaciones simplificadoras entre inmigración, inseguridad y falta de integración”, sostuvo por otro lado.Ciudades fuera de España y la disputa por GibraltarEspaña tiene dos ciudades autónomas en África. Ceuta y Melilla están ubicadas en la costa de Marruecos, pero forman parte del territorio español y, por ende, de la Unión Europea. Estos dos territorios también son foco de refugiados. ¿Pero por qué no se integraron a Marruecos cuando se independizó en 1956? Son dos ciudades conquistadas en el siglo XV: Ceuta en 1417 y Melilla en 1497. Ambas zonas, junto con otras en el norte de África, se convirtieron luego en territorios plenamente españoles. Manuel Alejandro Talavera Santos, historiador de la Universidad de Sevilla, indicó a LA NACION que Marruecos, desde su independencia, reclama su soberanía sobre ambas. “Pero la ley internacional no las considera colonias a estas ciudades, sino territorios plenamente españoles. Por su dimensión y su estatus político, son territorios plenamente integrados en el orden constitucional y en la organización territorial española. En segundo lugar, Naciones Unidas respalda la soberanía española sobre esas dos ciudades”, afirmó. Hoy Ceuta y Melilla ocupan un rol fundamental en la presencia española en el continente africano. “Son dos enclaves que nos permiten tener presencia en la otra orilla del Mediterráneo y en el que además su población se siente plenamente española. No hay prácticamente un ceutí o un melillense que considere que pertenecen a Marruecos”, sostuvo Talavera Santos. Cada episodio de presión migratoria o cada desacuerdo con Marruecos vuelve a colocar a ambas ciudades en el centro del debate sobre inmigración y seguridad. Cada año, miles de personas intentan ingresar a territorio español cruzando las vallas que rodean ambas ciudades o llegando por mar, con la esperanza de acceder posteriormente al resto de Europa. Por ese motivo, Ceuta y Melilla concentran un importante despliegue de fuerzas de seguridad y
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