Dani Olmo frente a Lionel Messi: el duelo de los números 10 que esperó durante toda su carrera

Dani Olmo tenía ocho años, una pelota y pocas intenciones de abandonar el juego. Pateaba contra una pared en Castelldefels cuando su padre, Miguel, le advirtió que Lionel Messi se encontraba en una de las tribunas. Le pidió que se acercara para tomarse una fotografía. El chico se resistió, accedió a regañadientes y regresó enseguida a su balón. Veinte años después, aquella imagen está enmarcada en su casa y los dos protagonistas volverán a coincidir, aunque esta vez como rivales, con la camiseta número 10 y en una final del Mundial.Será el primer enfrentamiento de sus carreras. Olmo nunca pudo compartir una cancha con Messi, pese a que ambos transitaron por Barcelona y sus caminos estuvieron cerca de cruzarse en más de una oportunidad. París Saint-Germain y Leipzig integraron el mismo grupo de la Champions League 2021-2022, pero una lesión dejó al español afuera del primer partido y el argentino no viajó para el segundo.Tampoco se encontraron en la Finalissima que debía jugarse a principios de este año pero que quedó vacante. Ni siquiera coincidieron en ceremonias individuales. “Nunca, pero nunca más, me lo he cruzado a Leo. Y es algo que me jode”, reconoció Olmo en una entrevista con LA NACION antes del comienzo del Mundial. “Contra Cristiano Ronaldo sí he tenido la oportunidad de jugar, pero contra Leo no, nunca”.El destino reservó para ese estreno el escenario de mayor relevancia. Olmo, de 28 años, conducirá a España con el número 10. Messi, a los 39, llevará otra vez la camiseta que acompañó los capítulos principales de su recorrido con la selección argentina. Uno intentará conquistar su primera Copa del Mundo; el otro buscará revalidar el título obtenido en Qatar.El mediocampista español llega a la definición en uno de los mejores momentos de su carrera. Suma dos asistencias en el torneo, una nada menos que en las semifinales ante Francia, y alcanzó las ocho en grandes competencias internacionales: cinco en Eurocopas y tres en Mundiales. Esa cifra lo convirtió en el máximo asistidor de la historia de España entre ambas competiciones.Su influencia no se limita a la generación de ocasiones. Olmo ya tuvo un papel determinante en la consagración de la Eurocopa de 2024, en la que convirtió tres goles, aportó dos asistencias y terminó como uno de los máximos anotadores. En la final contra Inglaterra también evitó sobre la línea el empate del adversario en los minutos finales.Esa capacidad para aparecer ante rivales de jerarquía se repitió a lo largo de su recorrido internacional. En los últimos dos años: le marcó a Brasil en un amistoso disputado en el Santiago Bernabéu, anotó frente a Francia en la Eurocopa y aportó un gol y una asistencia contra Alemania en el mismo certamen. También asistió a Álvaro Morata contra Italia en la edición de 2021.El domingo le tocará responder ante el campeón vigente y frente al jugador que representó el modelo más cercano durante su formación. “Yo estaba en La Masia y él era nuestro referente total, para todos. Si había un lugar donde mirarse era en él”, explicó. Olmo llegó a La Masia en 2007, con nueve años, y permaneció allí hasta 2014. Para él, Messi no solo personificaba la excelencia individual, también encabezaba el sistema futbolístico que los juveniles debían comprender e incorporar.“Hacer lo mismo que Leo era complicado, claro, pero tenías esa idea adelante, ese juego colectivo, esa combinación de movimientos que podías mirar en el primer equipo para aprender todo el tiempo”, describió.Sus caminos también guardan una coincidencia. Ambos dejaron su país durante la adolescencia para apostar por una carrera profesional. Messi se trasladó a Barcelona a los 13 años. Olmo abandonó España a los 16 para incorporarse a Dinamo Zagreb, una decisión poco habitual para uno de los jóvenes mejor considerados de La Masia.“Nada comparable con lo de Leo”, aclaró el español. Sin embargo, los dos terminaron en el club que reconocen como propio. Messi construyó allí la mayor parte de su carrera; Olmo regresó una década después de su partida y se convirtió en una de las piezas principales del equipo. “Los dos conseguimos jugar en el club de nuestros sueños y de nuestros amores. Leo es una inspiración, es un ídolo, es el mejor de la historia”, sentenció.Esa devoción no modificará su actitud competitiva. Antes del Mundial, Olmo fue categórico sobre la posibilidad de enfrentar a la selección argentina: “Si nosotros nos llegamos a cruzar con Argentina, a Leo lo vamos a marcar como si tuviera 20 años. A Leo no le puedes dejar un metro nunca”.La frase adquiere ahora otro valor. Messi alcanzó la final después de volver a demostrar su vigencia, con ocho goles -máximo anotador junto con Mbappé hasta el momento- y cuatro asistencias en siete partidos. “Podrá tener la edad que tenga que Leo va a ser un jugador diferente hasta que se retire”, aseguró.Olmo distingue la admiración de la responsabilidad que asumirá en la final. Antes del certamen había anticipado que intentaría conseguir la camiseta del argentino, aunque sabía que sería una de las más pretendidas. Primero deberá tratar de limitarlo y conducir el ataque de España.El número que llevará sobre la espalda agrega un componente simbólico. Olmo entiende al 10 como un futbolista capaz de aparecer entre líneas, resistir bajo presión y resolver una acción con un pase, un remate o una gambeta. En esa definición caben varios de sus referentes: Messi, Diego Maradona y Juan Román Riquelme, otro de los jugadores que admiró desde chico por influencia de su padre.La final será, además, una disputa entre dos formas de ejercer ese lugar. Messi conserva la libertad para interpretar los espacios y decidir el ritmo ofensivo de la Argentina. Olmo ocupa distintas posiciones, retrocede para asociarse y se acerca al área para transformar el dominio de España en goles o asistencias.No existe un antecedente directo entre ellos. Hasta el domingo. Messi tendrá enfrente a uno de los tantos futbolistas formados bajo su influencia en Barcelona, aunque esta vez se tratará del encargado de llevar el mismo número en el rival. Aquel chico que no quería dejar la pelota para acercarse al astro argentino ya no buscará una fotografía. Intentará impedirle otro título mundial. Después, cuando termine la final, llegará el momento de competir por su camiseta.
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