Bichos de Campo viajó hasta Laguna Naineck, en el norte profundo de Formosa, para retratar lo que está pasando con una de las economías regionales más golpeadas del país. Llegamos hasta la casa de don Gerardo Cabrera, un productor emblemático de la zona, uno de los lugares donde nació el cultivo de la banana en esta provincia hace más de medio siglo.
Ahí nos esperaba también Pánfilo Ayala, presidente de la filial Laguna Naineck de la Federación Agraria Argentina, hijo y nieto de agricultores, productor bananero él mismo hasta hace muy poco. Porque lo primero que Ayala cuenta, incluso antes de empezar a hablar de cifras y de políticas públicas, es que tomó una decisión que lo desgarra: dejar la banana. “Yo soy hijo de la tercera generación de agricultores. No tenemos chacra, apasionado por lo que fue mi papá y mis abuelos, yo hago el cultivo de la banana y otros cultivos acá en la provincia, alquilando tierra. Y la banana para mí es una pérdida de hace mucho tiempo”, le dice a este medio.
“Me empuja a tomar una decisión que capaz está siendo pública en este momento: dejar la banana. Dejar, pero no dejar la lucha por el sector, no dejar la representación que tenemos acá en la Federación Agraria, y luchar por la familia de los pequeños productores de banana, de mandioca, de otros cultivos que hacen a la diversidad de la actividad agrícola de la familia del pequeño productor” agrega Ayala.
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La producción bananera de Laguna Naineck e Isla Puán fue, durante décadas, uno de los polos productivos más importantes del interior formoseño. Hoy, de las 12.000 hectáreas que supo tener el cultivo en los años setenta y ochenta, quedan apenas 200.
Ayala fecha con precisión el inicio de la debacle. “Estos tiempos coyunturales de mucha sequía, de exceso de lluvia, se le suman a uno de los problemas más graves que tenemos, que es el problema de mercado. La Argentina empezó a importar banana desde el gobierno de Menem para acá, nunca estuvo regulado. El gobierno de Milei actualmente prácticamente legaliza la importación de banana en grandes volúmenes. Pero cuando empezó la importación en los 90, ahí fue donde empezó el declive de la producción formoseña de banana”, relata.
“En los 90 empieza el declive, y empezamos a reducir sin pausa cada año, con distintos gobiernos, distintos colores políticos a nivel nacional, y con el gobierno actual de la provincia de Formosa, que tiene más de 30 años en el poder, sufrimos esta decadencia que es desgraciada, que es terminal, que es dolorosa, y que también habla de la falta de políticas públicas que no podemos dejar de mencionar”, agrega Ayala.
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El productor no le escapa a la dimensión social de ese retroceso. “El Estado argentino, el gobierno de la provincia de Formosa y el municipio no han dictaminado ninguna medida para proteger nuestra producción, para salir en auxilio en los distintos momentos de problemas comerciales, productivos, climáticos, para que este cultivo siga siendo sustentable. Este cultivo ha hecho grande a la economía de esta parte del país, del interior profundo, donde hay familias rurales que hoy ya no están. Nos duele mucho ver personas muy adultas acá, como las que vimos hoy en lo de Gerardo. Y los jóvenes hoy no quieren estar en la chacra, porque no quieren sufrir lo que sufrió su papá, los fracasos comerciales o productivos que tuvo su papá. Están sufriendo ahora”.
Consultado sobre qué medidas podrían frenar el desarraigo, Ayala no duda. “Primero, regular la importación de banana, y cuando produce la Argentina —Formosa, Salta y Jujuy— que se regule para que nosotros podamos tener el espacio comercial adecuado y que la competencia no sea desleal. Casi toda la banana que se consume en la Argentina viene a un precio muy alto cuando no hay banana nacional, o muy bajo cuando nosotros producimos. Esto nos preocupa mucho porque estaríamos ante un escenario de dumping”.
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Y agrega: “Necesitamos una política pública diferenciada. Cuando hay una crisis comercial, el Estado tiene que intervenir, usar los recursos para brindar subsidio a los productores, porque cuando este problema sucede acá en el cultivo, hay un problema social. Y cuando hay problema social, los pueblos del interior se desintegran, las familias se desintegran”.
La Federación Agraria, cuenta, presentó carpetas con propuestas concretas a lo largo de los años, desde la gestión de Julián Domínguez hasta la actual del secretario de Agricultura, Sergio Iraeta: un fondo nacional bananero, precios mínimos de referencia, declaración de emergencia agropecuaria y créditos de fomento a largo plazo. “No le dieron mucha bola”, resume. “Nosotros no somos la soja, no somos el trigo, no somos la macroeconomía. Somos la pequeña economía familiar que producía el consumo que necesitaba la Argentina y abastecíamos sin problema el consumo interno”.
Mirá la entrevista completa con Pánfilo Ayala:
Ayala repasa que el reclamo contra lo que FAA llama “bananicidio” tiene más de 15 años y que, lejos de resolverse, se profundizó. “Teníamos 5.000 hectáreas en esta área. Después fuimos reduciendo a 3.000, a 2.000, a 1.000. Nuestra estimación habla de alrededor de 200, quizás un poco más, un poco menos”. El cultivo, explica, requiere técnicamente tres aplicaciones anuales de entre 600 y 900 kilos de fertilizante, una inversión que ya no está al alcance de la mayoría.
“Los valores que hoy se pagan por la banana son de 2.000 a 2.500 pesos por caja de 22 kilos. ¿Sabe qué significa eso? Significa tener que vender 100 kilos de banana para comprar un kilo de carne en nuestro pueblo. La distorsión es inmensa, demuestra claramente que no somos formadores de precio. Esto nos causa daño, y el daño es terminal. Creemos que no vamos a poder aguantar cinco años más en estas condiciones políticas y productivas, en la ausencia del estado, en la ausencia de políticas que garanticen sustentabilidad y existencia del cultivo en esta parte del país”.
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Frente al planteo del gobierno nacional de que el mercado se irá acomodando y que quien no pueda competir deberá reconvertirse, Ayala es tajante. “¿Cómo un agricultor de una, dos, tres o diez hectáreas se puede reconvertir en medio de una crisis económica profunda, donde la política para el sector más vulnerable, que es el pequeño productor, no existe? Nosotros no vemos una política del gobierno provincial ni del gobierno nacional. Y el gobierno nacional empieza a querer instalar algo que a nosotros nos perjudica: el libre mercado. Sufrimos el ingreso masivo de banana extranjera. Acá, solamente en Clorinda, pasan entre 20 y 30 camiones por día, con 1.500 cajas cada uno, a un precio bajísimo. Nos pone en una condición en la que no podemos vender, y cuando lo tenemos que hacer, nos encontramos con un precio que no nos sirve”.
A eso se suma, dice, el contrabando. “Hemos presentado pedidos formales al gobierno de la provincia, a Gendarmería, a Prefectura. Solamente nos contestó la Prefectura respecto a lo que están haciendo. Gendarmería no, los intendentes tampoco”.
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Hay además una preocupación sanitaria que Ayala remarca con insistencia. El cultivo formoseño tiene ya un foco leve de cigatoca amarilla y está expuesto a que llegue la cigatoca negra, una enfermedad que en otros países bananeros del mundo es prácticamente terminal para la producción y que en Ecuador solo logran controlar a fuerza de fungicidas. “En 2005 el SENASA estableció la resolución 520 para que no ingrese banana a nuestra provincia, para evitar esto. La provincia de Formosa tiene que ser de tránsito, no de permanencia. Lo invito a que vaya a cualquier ciudad de Formosa, a cualquier supermercado, y va a encontrar banana boliviana, ecuatoriana. Eso demuestra la falta de cumplimiento de una normativa que está bajo la órbita de SENASA. En 2020 hicimos una denuncia penal al respecto, por este incumplimiento”.
El estado de los caminos es otro de los reclamos centrales. “Ningún sector productivo se puede desarrollar si no hay lo más básico, que son los caminos. Hay cerca de 700 kilómetros, de los cuales 60 son de ripio, y el ripio que ustedes transitaron hoy es calamitoso. Llueven 30 o 40 milímetros y se inunda todo, hay baches por todos lados. ¿Qué producción podemos sacar en buenas condiciones con este estado deplorable de los caminos? Se necesita inversión en infraestructura. Para la agricultura, la tecnificación es plata en el bolsillo: el productor tiene que tener plata para hacer un galpón, para comprarse una maquinaria nueva. Los tractores de los pequeños productores acá datan de los años 70”.
Y ahí aparece, inevitable, la comparación con el otro lado de la frontera. “Paraguay es envidiable. Está por terminar la ruta de la banana, que va a llegar hasta Formosa para que después salga a todo el país. Paraguay tiene una ley que destina fondos por cada hectárea de banana a todos los productores, como una garantía de resarcimiento ante cualquier eventualidad. Son políticas
Agro & Campo
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