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Éric de Chassey: “Odio cuando se habla más del curador que del artista”
El director de la Escuela nacional Superior de Bellas Artes de París anticipa algunas claves de su experiencia curatorial; mañana abortará el tema en una charla gratuita en Fundación Proa
“Hay suficientes obras de arte en el mundo. Las contemporáneas deben ser tan atractivas como las del pasado para que las necesitemos”. No parece temer a sembrar polémica con sus opiniones Éric de Chassey, director de la Escuela nacional Superior de Bellas Artes de París, cuando habla con LA NACION durante su primera visita a la Argentina. Mientras toma un café en Fundación Proa, donde mañana a las 16 dará una charla sobre su experiencia curatorial tras haber ofrecido otra ayer en la Universidad de San Andrés, este historiador dice por ejemplo que la actual edición de la Bienal de Venecia es aburrida, que odia “cuando se habla más del curador que del artista”, que las exposiciones internacionales están pasando por “un muy mal momento”, que hay una “inflación excesiva de las identidades” y que las redes sociales tuvieron un efecto “totalmente retrógrado” sobre la escena artística. “Llegué a la conclusión de que una exposición debe cumplir con tres criterios –opina-. Si falta uno, no es buena idea hacerla”.-¿Cuáles son? -Al hacer muestras viajan obras y personas. Debe haber una razón para mover las obras, porque las ponés en peligro y se gasta dinero. Así que los criterios son: primero y principal, dar placer a la gente. Pero debe ir de la mano con aprender algo. Debe traer nuevas ideas. Cuando hago una exhibición, pienso en dos tipos de público: yo mismo, que tengo que disfrutar y aprender algo. Si no, prefiero escribir un libro. Y también la gente que no sabe nada y que no va a leer textos largos en las paredes. Si no entienden algo de la muestra, fallaste. El tercer criterio es plantear nuevas preguntas. Una exposición que no abre preguntas no vale la pena. Y esa es la razón por la cual una muestra lleva a otra: si es buena, al terminar tengo más preguntas que respuestas. Cualquier muestra que no cumpla esas tres cosas no debería ocurrir. Es pensamiento ecológico, y también ecología de la mente. Hay demasiado pasando como para perder tiempo y dinero en cosas que no aportan eso.-¿Intentás llegar a todo tipo de público? -Sí, no sé si lo logro. Pero lo intento.-¿Cuál es la mejor exposición que has visto y por qué? -Es una pregunta muy difícil. Creo que la actual de las obras tardías de Matisse en el Grand Palais es muy buena. Presenta materiales que la gente cree conocer bien, pero las obras están elegidas con precisión y son importantes. Trae una nueva perspectiva, al mezclar pintura con recortes. Muestra que no son momentos aislados sino que se enriquecen mutuamente. Al final me sigo haciendo preguntas sobre el período 1943-1954, como si la guerra en Europa no fuera un problema para él. Y la pregunta no sólo se refiere a Matisse, sino también: ¿Qué tan bueno puede ser un artista si se separa de la situación política o cotidiana? ¿Es algo bueno o malo? No lo sé, y creo que es una pregunta muy relevante para hoy. ¿Es mejor relacionarse con el contexto luchando contra él o proponiendo belleza pura ante las cosas horribles que suceden? Todas esas preguntas están presentes en la exhibición. No creo que a propósito, sino que es algo que sucede entre las obras. -¿Cuál de tus exposiciones considerás más exitosa? -No sé. He hecho exposiciones que fueron verdaderos fracasos. Como una de 1999. Era muy joven. No fue buena porque intenté hacer demasiadas cosas a la vez. Se llamaba [Corps] Social. Quería que cada posición estuviera presente y resultó muy aburrida, porque no había suficiente conflicto ni elección de punto de vista. Es importante tomar decisiones.-¿El curador ha llegado a tener un papel más importante que el artista? -A veces sí, porque a mucha gente no le importa el arte sino el discurso. El curador debe ser solo un mediador entre el arte y el público. Los artistas a veces no saben qué están haciendo. Veo el rol del curador como muy activo, pero sin tomar el lugar del artista. Odio cuando se habla más del curador que del artista. Me importa el arte, y creo que es lo que le importa también a la gente en general. Si el sistema requiere que se destaque el curador, no me interesa. Hay curadores que han hecho exhibiciones de cientos o miles de artistas. Me interesa mucho más el compromiso a largo plazo: elegir, acompañar y hacer posible que el trabajo se vea, en lugar de ponerte adelante. No creo que yo sea un artista, ni creo ser tan interesante como el artista. El artista debe ir primero. Pero a la vez, una exhibición bien curada es muy necesaria para el artista. Lo que no me gusta son los curadores estrella con sus propias agendas, que usan a los artistas como accesorios o como ilustradores.-¿Creés que a veces los curadores fuerzan las obras para adaptarlas a su discurso? -Lo hacemos todo el tiempo. Es imposible no hacerlo. Por eso es vital empezar desde la obra, no desde una idea presupuesta. Intento no usar las obras como ilustraciones de mis ideas. Intento escuchar qué ideas me dan las obras, para expresar sus significados potenciales. Al mismo tiempo, sé que no hay otra forma que ser parcial. Es muy raro que incluya obras que no me gusten, incluso en una exposición histórica. Por ejemplo, hice una muestra sobre la cultura visual del punk en Europa entre 1976 y 1979, que viajó a varios países. Quería ser específico, para aprender. Sabía que estaba dejando afuera el resto del mundo, y a artistas que me gustan y admiro. Creo primero hay que ser muy específico, y luego podés construir desde ahí o alguien más lo hará. Creo que todo está situado, hay que saber qué visión del mundo traemos. Mi conocimiento viene de mi experiencia en París y Francia. No sé casi nada de la situación artística argentina. No haría algo sobre Argentina sin una investigación de largo plazo. -¿Qué te llevó a hacer una la muestra sobre Maria Jarema, que acaba de cerrar en el Museo de Arte Moderno de Varsovia?-La primera vez que vi su obra, en un museo de Cracovia en 2006, no sabía nada de ella. Fue una artista polaca que estuvo activa entre 1930 y 1950, completamente desconocida fuera de Polonia. Compré libros en polaco que no podía leer, y luego poco a poco aprendí más sobre ella y su contexto. En 2021, el director del Museo de Arte Moderno de Varsovia me preguntó si podría hacer una exposición y le dije sí, pero si traducía esos libros y me daba tiempo para viajar por Polonia y ver sus trabajos. Trabajé con una curadora polaca e hicimos la muestra. Este año se exhibirá también en Munich, y es muy probable que a viaje a París en 2027.-¿Por qué te gustó su trabajo? -No lo supe en ese momento. Todavía creo en que algo sucede cuando te relacionás con una obra. Es muy difícil saber de dónde viene, si es simplemente idiosincrático. Luego entendés si va más allá de vos, si es suficiente para hacer una exposición. Es lo mismo con los artistas contemporáneos: si sabés demasiado bien por qué te interesan, es una mala señal. Significa que es familiar y tal vez no sea sostenible. Si me interesa un artista, lo sigo por mucho tiempo. -¿Te gusta que las obras te sorprendan?-Necesito que me sorprendan. Hay suficientes obras en el mundo, no necesitamos más. Como historiador no distingo entre contemporáneo o antiguo. Si estoy en la Bienal de Venecia y las obras no son tan atractivas como un Bellini en San Zaccaria, entonces prefiero ir a San Zaccaria en lugar de estar en una sala en los Giardini. Las obras contemporáneas deben ser tan atractivas como las del pasado para que las necesitemos. De otra manera, son buenas para decorar casas burguesas o para un par de intelectuales aburridos, pero eso no me interesa.-¿Cómo ves la situación actual de las exposiciones internacionales? -Creo que estamos en un momento muy malo Nadie sabe en qué mundo vive o en qué mundo quiere vivir. Creo que ha habido una inflación excesiva de identidades. Las identidades tienen que ver con cosas que son identificables, y eso no me interesa. Creo que hay muchas cuestiones que debemos abordar: los prejuicios que el sistema del arte ha mostrado hacia las mujeres, los artistas no europeos y los artistas que no son heterosexuales, al igual que las situaciones coloniales o poscoloniales. Pero si se reduce todo a eso, el resultado es sumamente aburrido. Influye también la situación internacional, y creo que las redes sociales han acentuado esa tendencia a hablar solo de identidades, ya que son fácilmente transmisibles. Mientras que las obras de arte no se reproducen bien, y esa experiencia única que uno vive con una obra queda reemplazada por imágenes muy superficiales. Algo que, a mi parecer, es totalmente retrógrado. Porque muchas obras interesantísimas no se reproducen bien. Creo que hemos llegado a una especie de límite del sistema. Me refiero a la última Bienal de Venecia: todo el mundo estaba aburrido. Hubo buenos trabajos y descubrimientos, pero creo que fue la primera vez que no oí a nadie decir que estaba emocionado. -¿Por qué creés que sucedió eso? -Porque la única cosa que interesa son las identidades. Y terminás hablando de cosas muy poco interesantes y, en mi opinión, peligrosas. La relación con tu herencia y tu tierra, en Venecia, parece ser progresista. Pero basta con pasar de lo negro a lo blanco, o de lo queer a lo heterosexual, para caer en la extrema derecha. Quizás yo sea un modernista, pero necesito obras de arte que desafíen mis suposiciones. Y por eso creo que, en mi labor curatorial, he tendido a trabajar principalmente con artistas de mi generación. Porque sé que proyecto todos mis prejuicios sobre los artistas más jóvenes. Por eso también estoy muy en contra de ese tipo de curadores famosos que traen sus prejuicios a las obras de los artistas más jóvenes, y los engañan diciendo que podrán ver algo nuevo con una mente fresca. No conozco a nadie que sea capaz de hacer eso. Para agendar:Éric de Chassey hablará mañana a las 16 en Fundación Proa (Avenida Pedro de Mendoza 1929) sobre su experiencia curatorial. Entrada libre y gratuita, hasta agotar la capacidad de la sala.