Tiene 100 años, todavía trabaja y cuenta el secreto de la felicidad: “La clave de la vida es que te quieran; así seguirás viviendo cuando ya no estés”

El reloj marca las 13.57 y Marta Beatriz Echaul espera tres minutos antes de nuestra cita en la entrada a su oficina, en el barrio porteño de Pompeya. Saluda con su mano, se presenta, acomoda el chal con patrones blanco y negro que cuelga de sus hombros y me invita a pasar. Su nieta Fernanda la acompaña y vigila, aunque todos los días hace el mismo recorrido prácticamente sin ayuda, desde que sale de su casa en Retiro hasta que desciende por el ascensor al estacionamiento del edificio y se sube a su auto. Son 20 escalones los que asciende con paciencia. Se anuncia como una especie de código entre sus empleados: “Hola, llegué”. Una de las mujeres que trabaja a su lado abre las dos puertas y ella accede. Se posiciona cerca de su escritorio, el cual tiene papeles con balances, costos y demás. En una esquina, un vaso de soda la espera. Ella no toma agua. Acomoda sus lentes, sonríe y da inicio a la charla como si estuviera en su casa. La mujer es dueña de Santa Marta, una empresa de transporte general que abrió hace más de 50 años, luego de atravesar una tragedia familiar. La resiliencia fue su mejor herramienta para adaptarse al paso del tiempo. Ahora, con 100 años, se hizo famosa por un video que la mostró conduciendo. Por eso, las personas de su generación buscan copiar sus pasos. En diálogo con LA NACION, habló sobre su historia, cuál es su secreto de longevidad y reflexionó sobre la clave para una vida plena. El video que volvió famosa a Marta En la oficina de Marta, la luz del Sol ingresa por el frente y por detrás. Además de su escritorio, que está en el centro, hay dos más. En la administración de la empresa tiene empleadas mujeres y “abajo están los hombres”, en particular quienes acomodan la mercadería y los camioneros. Marta trabaja con su hija. Tiene su secretaria y ahora su nieta se hizo un poco de tiempo en la rutina para ejercer de representante de su abuela. “Tengo 102.000 seguidores en Instagram”, dice la mujer, centenaria, con asombro y asegura que nunca se esperó experimentar este suceso o “boom”, tal como lo define. Todo el país habla de ella y mujeres que están cerca de cumplir 100 años se inspiran en su persona para no bajar los brazos. Ese es el mensaje que quiere transmitir cada día, desde @abuelamarta1925 o a través de las entrevistas que ofrece. Para Fernanda, su abuela siempre fue una estrella. Hace tiempo que en su círculo cercano destacan el ímpetu que tiene la mujer. Cómo se resignificó y está aún en pie con ganas de trabajar. “Hace más de 20 años que estoy acá. Marta como jefa, es buenísima”, dijo Susana, mientras me sirve un segundo vaso de soda que extrae de la heladera contigua. El tiempo de antesMarta nació el 13 de septiembre de 1925 y vivió gran parte de su vida en el barrio de Once. Su padre, árabe; su madre, turca de religión judía; se formó en una familia que le brindó apoyo desde siempre. Por ese entonces, la comuna era muy distinta a la de ahora. Los inmigrantes de Europa y Medio Oriente descendían de los barcos a montones y todos esperaban construir un futuro en la Argentina. Su padre llegó a los 15 años y, tanto como él, Marta ama esta tierra que tanto les proveyó.Creció a la par que Buenos Aires y presenció los cambios de las épocas. “Vivía cerca del colegio Quintana, específicamente en la zona de Azcuénaga y Lavalle. Mi papá vendía cosas importadas; antes era más fácil porque había todo por hacer. En ese Once veías los negocios y las vacas lecheras cruzar, mientras el tranvía pasaba. Yo no viví las cosas aisladas, sino que me adapté”, dice.Marta se casó cuando tenía 19 años con un conocido de su círculo familiar, Isaac, aunque siempre se percibió como una mujer libre. “Antes se conquistaba con piropos”, expresa ruborizada y mueve la pupila de sus ojos hacia arriba. Su primer auto fue un Cadillac que le regaló su padre cuando tenía 20 años, después de mucho insistir. Solo le reclamaba algo con cuatro ruedas y un volante. Ver a una mujer al frente de un vehículo antes de la segunda mitad del siglo XX era casi algo distópico y ella lo logró. “Antes era la mujer detrás del hombre. Yo no, yo estaba a la par”, sentencia mientras lamenta que en un momento de su juventud quiso ser cirujana, pero por cuestiones personales y de aquellos años desestimó esa idea. “El tiempo de antes era mejor que ahora; había más humanidad. Ahora hay mucho individualismo”, reflexiona la empresaria mientras se masajea las manos y mira fijamente hacia la ventana. Lejos de la camaLa empresaria acude a su lugar de trabajo al mediodía. El horario puede variar, a veces a las 12.00 otras a las 14.00, pero ella se levanta y conduce hasta Santa Marta. Maneja porque afirma que le da “libertad”. “La cama es un tentáculo que te agarra y te echa a perder si te quedás ahí, sentado frente al televisor”, es una de las frases que siempre dice. Hace unos días renovó el carnet de conducir y “no le costó nada”. Usa lentes aunque se operó de cataratas en la vista. Pero nada más. Su pelo rubio, ojos claros, mirada pacífica y una sonrisa tan coqueta como todo su look hacen de Marta un ícono porteño. “Hay que exigirle al espíritu de uno mismo y enseñarle que siempre tiene que ir para adelante. Yo no me doy vacunas, pero no estoy en contra, ojo. Dejo que mi cuerpo trabaje y se defienda solo. Fumé 20 años, pero lo dejé hace mucho. Lo que no faltaba en la mesa con mi esposo era la copita de vino. Ahora él no está, pero sigo con la copita”, reconoce entre risas. Bebe un poco de su soda y asegura que no tiene secretos para la longevidad. “No, nada de eso”, niega con la cabeza y apoya el vaso de plástico sobre la mesa del escritorio blanca. Antes de seguir, controla el nivel de la bebida. “No tomo agua. No salgo a caminar. Como de todo… No hago nada de lo que hay que hacer”, sostiene a la vez que reconoce que su trabajo es el motivo que la mantiene activa. Su rutina es simple y común a la de cualquiera. Se define como ávida lectora y toma mate como el resto de los argentinos. Ella es dueña de una empresa que hace envíos generales únicamente a Santiago del Estero y ahora, gracias al apoyo de su nieta, lanzó un vino Malbec: Santa Marta, que puede comprarse mediante contacto desde la cuenta oficial de Instagram.“Como llegué a los 100.000 seguidores, dije que hasta los 200.000 no paro. Por eso ahora regalamos un vino a las personas que llegan a los 100 años”, promete. Además, hay un propósito detrás: señala que el objetivo es el impacto en la gente, reforzando el mensaje de que si Marta puede estar activa y levantarse cada día a los 100 años, otros también pueden hacerlo.-¿Qué es la clave de la vida? Marta: “La clave de la vida es que te quieran. Entonces vas a seguir viviendo muchos años aún después de que te vas. No cuánta tanta plata tenés. Es lo único que nos llevamos, porque después dejamos todo; la gente quiere acumular y acumular. ¿Para qué? Ni siquiera lo van a poder usar. No nos llevamos nada”.Antes de cerrar, retomo el tema de su fama y el atractivo de Marta en la generación de 20 años que la conoció mediante los videos tendencia. “¿Qué mensaje puede dejarles a ellos?”. “Que no quieran ser ricos. Si terminan siéndolo, que sea porque luchan por serlo. También va mucho en la suerte, que existe. Pero es el trabajo para lograr eso que tanto quieren”, responde mientras de reojo mira la Mano de Fátima que cuelga detrás de ella, conocida en el mundo árabe para evitar la mala energía. El reloj marca las 14.38. Los rayos del sol calientan un poco más y las hojas amarillas de los árboles de la vereda que dan a la ventana principal resplandecen. El silencio de la oficina comienza a transformarse en un pequeño bullicio para organizar lo último del día. Marta se pone de pie, se acomoda el pañuelo blanco del cuello, los lentes y, con una sonrisa, me saluda con un beso. Mira hacia atrás, se sienta en su silla acolchonada similar a las gamers y sigue con su trabajo.
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