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“Algo de esta selección me conmueve”: los valores de la Scaloneta que se ganaron el corazón y la fidelidad de los argentinos
Más allá del triunfo, por qué resulta tan significativa la empatía y la pasión que genera el equipo nacional en este Mundial
Los extraños se abrazaban. Los desconocidos cantaban juntos. Todos bailaban, como si fueran uno solo. Carla Fernández, madre de Benjamín y Chiara, de 11 y 15 años, intentaba esconder las lágrimas. Todo era festejos en esa esquina de Caseros, después del triunfo de la Argentina frente a Inglaterra. “No sé por qué me emociona tanto. Hay algo de esta selección que me conmueve. Estos partidos que costaron tanto y significaron tanto”, decía la mujer con una alegría que se escurría en lágrimas. Era una sensación compartida, a la maratón de emociones que se vivieron durante el partido le siguieron otras tantas, igual de intensas y profundas. Alegría, orgullo, reivindicación, satisfacción, “sentido de pertenecer a algo que te gusta mucho”, definió.No es la única que creyó ver en la semifinal ganada algo muy inspirador, una Argentina que queremos ser. Un conjunto de valores que sacan lo mejor de los jugadores, pero también de la sociedad. Los especialistas hablar de algunas de las lecciones que se empiezan a pasar en limpio cuando baja la efervescencia.“Lo que emociona no es solo que la Argentina gane los partidos, sino la manera en que gana, con toda esta estructura de valores que representa. Desde la psicología social, la sociología, podemos decir que esto ocurre cuando una selección deja de representar únicamente a un país en un deporte y empieza a representar una manera de funcionar juntos. Encarnan ese ‘nosotros’ que tanto nos gusta. Por este motivo también el equipo genera tanta adhesión. No solo gana, representa valores que hoy son escasos”, explica Martín Wainstein, profesor consulto de la Universidad de Buenos Aires, sociólogo y psicólogo clínico.“Estamos en felicidonia, no podemos más de alegría y de emociones compartidas. Nos ponemos de ánimo mundial, todos somos generosos, amables, el desconocido es un amigo, todos somos argentinos. Pero hay muchas lecciones para pasar en limpio y que vamos a utilizar en las próximas semanas, para hablar con los chicos de todo esto”, apunta Lelio de Crocci, coordinador de deportes del Florida Day School, uno de los colegios de la zona norte que piensan capitalizar las enseñanzas que deja la selección.El orgullo argentino, el trabajo en equipo, el sentirse parte de algo más grande, no darse por vencidos cuando todo parece ir mal, son algunos de los valores que la Scaloneta encarna, según destacan los especialistas. “Nos sentimos identificados con este aspecto del equipo porque somos trabajadores, luchadores, correctos, educados, respetuosos. Me parece que la felicidad que sentimos también tiene que ver con esto y tenemos que hablarlo con los chicos. Esto vale más que el resultado final”, consideró la psicóloga Eva Rotenberg, directora de la Escuela para Padres.“Es muy importante el valor que se le da al entrenamiento y al esfuerzo. No se trata de milagro, se trata de entrenarse esforzándose y teniendo objetivos comunes, con un director técnico que no se arroga la última palabra, sino que lo que dice proviene del debate con los demás jugadores. No se trata de relaciones asimétricas, donde hay un sometimiento, sino de valoración simétrica. Esto genera alianzas, solidaridades, empatía”, detalló el psiquiatra José Abadi.Valores que faltan“Esta selección representa algo que hoy escasea en todo el mundo: la posibilidad de construir un nosotros por encima de las individualidades. Es una época donde todo parece girar alrededor de la marca personal, la visibilidad y el protagonismo. Este equipo transmite exactamente lo contrario. Cada jugador acepta un rol, incluso cuando ese rol no es el más brillante. En este equipo no hay dolor por quedarse en el banco, hay expectativa. Hay una ética de la cooperación que resulta profundamente atractiva. Durante muchos años la identidad argentina estuvo asociada a la idea de talento individual, del genio capaz de resolverlo todo. Esta selección conserva el talento, por supuesto, pero subordina todo a una organización colectiva. Es casi un cambio cultural donde el héroe ya no alcanza si no existe un sistema que lo sostenga. Esto conecta con una necesidad social muy profunda. Vivimos hace muchos años en un contexto de incertidumbre, de crisis económicas, de polarización política, de fragmentación social. Cuando una sociedad tiene dificultades de este tipo para encontrar espacios de confianza, un equipo como este funciona como una especie de experiencia reparadora. Creo que la selección se ha convertido en una especie de meta moral de la República”, aportó Wainstein.Y siguió: “Nos recuerda que es posible coordinar esfuerzos, que es posible confiar en el otro, que es posible obtener resultados superiores a la suma de los de los talentos personales o individuales. Y esto es algo realmente sanador para la sociedad argentina, acostumbrada a siempre lidiar con la incertidumbre cotidiana. Estos remontes, esta forma de ganar, alimentan la idea de que podemos levantarnos y salir adelante”.También las reacciones de los jugadores con respecto a las críticas o comentarios despectivos de otros jugadores permiten sacar en limpio algunos aprendizajes, dijo el especialista: “Las respuestas frente a comentarios despectivos no solamente expresan orgullo deportivo, también ponen en juego una necesidad de reconocimiento. Los seres humanos y también los países necesitan sentir que son vistos y valorados con cierta justicia. Cuando aparece una mirada que minimiza el logro, la reacción no es solo enojo, también hay que defender la propia dignidad”.Esa búsqueda de reconocimiento es un motor psicológico muy poderoso, afirmó Wainstein. “Es una cosa absurda que se acuse de ser arrogante a una selección que juega con las reglas del fútbol y gana. El equipo es resiliente y no se victimiza. Desde el director técnico, Lionel Scaloni, a los jugadores, se manejan con este orden de valores que son muy raros en el fútbol y en la sociedad en general. Muestran confianza mutua, esa que se necesita para salir adelante, y no es algo que necesita ser declamado. La selección argentina funciona como una metáfora de cómo nos gustaría que fueran muchas de nuestras instituciones”, describió.Las críticas de otros países, las acusaciones sobre un Mundial comprado y el mote de arrogantes es algo que duele. “Cada vez que Argentina gana, aparece la misma canción. Son soberbios, se creen el centro del mundo. Qué arrogantes los argentinos. Lo curioso es que nunca nos lo dicen cuando perdemos, nos lo dicen cuando demostramos de lo que somos capaces. Y quizá haya una razón: el argentino no aprendió a bajar la cabeza. Nos educaron para discutirle al poderoso, no para rendirle pleitesía, porque acá el respeto nunca fue obediencia. Por eso, cuando alguien intenta ubicarnos en un escalón inferior, nuestra respuesta suele ser la misma: no es soberbia, es una declaración de igualdad. Es la certeza de que nadie nació para mirar al otro desde abajo, porque un país que nació enfrentando imperios difícilmente aprenda a vivir de rodillas”. Así arranca un conmovedor video que se volvió viral, que fue subido por una estudiante de diseño de indumentaria de nombre Micaela, cuyo usuario en redes es @mica.magui View this post on Instagram Y continúa con palabras que emocionan: “Cuando José de San Martín cruzó los Andes, no fue a conquistar pueblos, fue a liberarlos con un ejército improvisado, mal equipado y enfrentando a una de las mayores potencias militares de la época. Si nos preguntan de dónde sale nuestro orgullo, sale de una historia que nunca pidió permiso porque el argentino no espera que le abran la puerta, va y la empuja. No nos creemos mejores que nadie, pero tampoco aceptamos ser menos que nadie”, concluye el video.“Siempre se habla mal de los argentinos: que somos ventajeros, que nos creemos superiores, como si eso definiera al país. Y yo creo que es todo lo contrario. Este equipo nos deja muchas enseñanzas. Primero que nada, el respeto, la educación, incluso frente a las injusticias”, sostuvo Rotenberg. “Muchas veces lo escuché al técnico decir ‘El momento es ahora, hay que poner todo, todo lo que tengan, y si uno pierde no se va a quedar mal, porque sabe que dio todo. No se guardó nada’”, agregó.Otra enseñanza es no bajar los brazos en ningún momento, añadió la especialista. No dar nada por perdido, no achicarse frente al rival por más inalcanzable que parezca, ni tampoco subestimarlo por no tener una historia. El compromiso es el mismo. “Estos jugadores no llegan a la final por casualidad. Tienen una preparación que nadie ve, tienen un buen entrenador y lograron pensar en equipo, no están ahí para lucirse individualmente. A Messi lo tienen como líder, no solamente porque es un excelente jugador, tiene un liderazgo moral: a pesar de que está cansado, siempre pensó en equipo. Muchas veces pasa la pelota para que el otro haga el gol. Eso es un ejemplo para la familia, para el país. Dejan muchas enseñanzas: no son cínicos, no maltrataban a nadie, no se burlaron de nadie. No tranzaron sus valores y sus creencias. Son muy buenos embajadores, nos hacen sentir orgullosos”, expresó.Crocci anticipó que en el Florida Day School las lecciones que deja la Scaloneta serán una oportunidad de aprendizaje. “Le podemos sacar un gran provecho. Desde este mensaje de que no existe el tiempo perdido, que se puede remontar el partido en el minuto 80 mientras no te des por vencido, que el partido se juega hasta que el árbitro dice se acabó. El mensaje es espectacular”, argumenta.“Parecen los espartanos. Más allá de tener a los mejores, el espíritu del equipo es lo que lleva adelante las victorias. Acá, cada uno cumple su función y hace su aporte. A uno por ahí un día le toca ser goleador y al otro día, estar en el banco, y todos se sienten parte del equipo. Todos van teniendo su espacio y cuando les toca la rompen toda”, continuó Crocci. Otros de los aprendizajes son las reacciones ante las agresiones o las injusticias: “Defenderse, plantarse, pero no escalar o dar lugar a las emociones que nos desborden. ¿C