Sesenta vacantes, entre 2000 y 3000 postulantes

El frigorífico Cabaña Don Theo realizó una convocatoria para cubrir 60 vacantes. Se presentaron entre 2000 y 3000 personas.La TV cubrió el evento. Por aquello de que una imagen vale más que 1000 palabras, lo único que vimos fue una larga cola de personas. Los comentarios que complementaron la imagen sugerían que lo que estábamos visualizando era señal de una tragedia. Un análisis integral le presta atención a múltiples perspectivas.Primera: 60 vacantes es un número. No se trata de cubrir un puesto por renuncia o jubilación de algún obrero o empleado. Quien suma 60 personas a su lista de asalariados está pensando en un aumento de la demanda de sus productos, y no con carácter transitorio; porque si lo considerara transitorio, resolvería el problema ofreciéndole a su personal hacer horas extras. El de Cabaña Don Theo no debe ser el único caso y el frigorífico no está “ubicado en Vaca Muerta”, pero de este nos enteramos. Al respecto, registro la siguiente asimetría: los empresarios que tienen problemas, además de pelearla, van a la televisión; aquellos a los cuales les va mejor, trabajan y no tienen tanto tiempo, ni incentivos, para aparecer por radio o TV.Segunda perspectiva: entre 2000 y 3000 personas también es un número. ¿Señal de qué? Más precisamente, ¿en qué situación laboral se encontraban quienes hicieron la cola? De desocupación, puede ser; pero también puede ser de personas que quieren pasar de la informalidad a la formalidad laboral y de quienes piensan que la oportunidad laboral es mejor que su realidad actual, aunque también sea formal. Como bien se dice en economía laboral, “no es el salario el que busca a la productividad, sino la productividad la que busca al salario”.No hay que estar desocupado para pretender mejorar la situación laboral; contrariamente a lo que plantean algunos modelos macroeconómicos, según los cuales el desempleo es un fenómeno de equilibrio, es decir, que la gente está voluntariamente desocupada, esperando “el puesto adecuado”. Tontería que al genial Franco Modigliani le hacía decir que -según estos modelos- el enorme aumento de la desocupación verificado durante la década de 1930 se debió a una epidemia mundial de holgazanería. Mi lectura del evento, entonces, es una nueva manifestación de la lucha por la vida. Desafío que, de manera silenciosa, millones de compatriotas encaran todos los días. Son mis héroes.
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