Análisis de Ignacio Iriarte: Para compensar la crisis de producción de carne, en Estados Unidos mandan a faena novillos de hasta 700 kilos, el doble de peso que aquí

La fuerte liquidación del rodeo que sufrió Estados Unidos en los últimos años, producto de la sequías, baja rentabilidad de muchos establecimientos de cría y la falta de recambio generacional en el campo, terminó modificando profundamente la producción de carne vacuna en ese país.
Con menos animales disponibles, la industria y los feedlots comenzaron a apostar por un esquema que busca obtener la mayor cantidad posible de carne de cada cabeza.
Los datos que recopiló el analista ganadero Ignacio Iriarte en su último Informe Ganadero muestran con claridad esa transformación.

Mientras en la Argentina un novillo suele enviarse a faena con un peso promedio de entre 430 y 450 kilos vivos y una vaquillona ronda apenas los 350/380 kilos, en Estados Unidos los novillos provenientes de feedlot ya alcanzan en promedio los 692 kilos y las vaquillonas llegan a los 620 kilos.
“Según el reporte mensual de la Kansas State University (Focus on Feedlot), en los últimos diez años el peso de faena de los novillos engordados a corral pasó de los 630 kilos en mayo de 2016 a los 692 kilos actuales”, destacó Iriarte.
No se trata solamente de animales más pesados, sino de un sistema que decidió prolongar la permanencia en los corrales. En el mismo período, el tiempo promedio de encierre de los novillos aumentó de 164 a 192 días, es decir, casi un mes adicional de alimentación.
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Lo llamativo es que ese incremento del peso final no respondió a una mejora sustancial en la eficiencia biológica. La ganancia diaria de peso prácticamente no se modificó: pasó de 1,59 a 1,62 kilos por día. Tampoco hubo cambios importantes en la mortandad, que permaneció estable en torno al 1,68%.
El mayor peso de faena, por lo tanto, es consecuencia casi exclusivamente de mantener durante más tiempo los animales en el feedlot para obtener más kilos de carne por cabeza en un contexto de escasez de hacienda.
Ese proceso, naturalmente, elevó los costos de producción. Iriarte indicó que “el costo por kilo ganado en los últimos diez años subió de 1,75 a 2,25 dólares”, un incremento cercano al 30%.
Aunque los insumos también aumentaron, lo hicieron en menor medida. El maíz utilizado en la alimentación pasó de 150 a 167 dólares por tonelada, mientras que el heno de alfalfa subió de 112 a 150 dólares por tonelada.
Sin embargo, el verdadero cambio de escenario estuvo dado por el valor de la hacienda. Como consecuencia de la fuerte reducción del stock bovino estadounidense, la reposición se encareció de manera extraordinaria.

“El precio del novillito de engorde (Feeder) pasó de 3,26 a 7,80 dólares por kilo vivo, reflejando el cambio de fase del ciclo ganadero”, señaló Iriarte. Es decir, hoy un feedlot debe pagar más del doble por el animal que compra para engordar.
Al mismo tiempo, el precio del novillo terminado también marcó un salto histórico. En diez años pasó de 2,64 a 5,50 dólares por kilo vivo, un aumento del 108%.
Las vaquillonas siguieron un camino similar. Actualmente llegan a faena con 620 kilos vivos, unos 53 kilos más que hace una década. También permanecen más tiempo en los corrales: 188 días promedio, frente a los 153 días registrados diez años atrás.
En este caso, la ganancia diaria de peso prácticamente no varió y continúa en torno a los 1,46 kilos por día. El costo de producir cada kilo adicional, en cambio, alcanzó los 2,43 dólares, aproximadamente un 30% por encima del registrado una década atrás.
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Detrás de estos números aparece una transformación estructural de la ganadería estadounidense.
Con un rodeo que cayó al nivel más bajo en 70 años, se dejó de generar internamente toda la carne que demanda su mercado y así Estados Unidos pasó a competir cada vez más fuerte por la oferta mundial, especialmente con China.
Mientras tanto, la producción intenta compensar la menor cantidad de animales obteniendo muchos más kilos de cada uno. El contraste con la Argentina resulta contundente: aquí todavía predominan sistemas que envían animales mucho más livianos a faena, aunque cabe destacar que el peso medio por res producida llegó a un récord histórico en el país de 240 kilos.
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