Bernarda, la de la casa: una destacada versión de García Lorca en clave de clown que no pierde el sentido de tragedia

Autor: versión sobre Federico García Lorca. Dirección: Compañía De Señoras, Eleonora Valdez. Intérpretes: Gabriela Biebel, Silvina Chivi García, Julia Muzio, María Pastur, Eleonora Valdez. Diseño de escenografía y vestuario: Primavera Amoruso. Músicos: Guido Briscioli, Santiago Comín. Diseño de iluminación: Gabriela Biebel. Proyecciones: Alejandro Bustos. Máscaras: Roberto Ordóñez. Pelucas: Gabriela Guastavino. Composición musical: Tomás Rodríguez. Producción general: Macarena Russo, Eleonora Valdez. Teatro: Auditorio AIC Abasto (Humahuaca 3640). Funciones: miércoles, a las 20.30 y sábados, a las 20. Duración: 90 minutos. Nuestra opinión: Muy buena.La tradición de puestas de clásicos en versión payasa en nuestro país es prolífica, variada y con una larga serie de propuestas de muchísima calidad. En ese sentido, Bernarda, la de la casa no es una excepción, ni una propuesta aislada, por el contrario, continúa una línea potente de nuestra escena. En este caso, además, se convirtió en un fenómeno de público. El escenario amplio tiene de fondo unas ¿cortinas? blancas cosidas como si fueran restos de telas diversas, ensambladas, con zonas de huecos sin unir y con otras áreas de una costura que marca de forma apretada la unión. Podría pensarse un modo apresurado de resolución para tapar una superficie demasiado grande, pero el procedimiento de construcción de la obra tiene mecanismos similares, lo mismo que el vestuario. Se puede decir que hay una determinación que prioriza reciclar lo textil y resignficar lo textual.La decisión sobre el vacío del escenario es tan poderosa que deviene dramaturgia. Y los objetos relativamente escasos van mutando su función: la escoba pasa de elemento de juego a cadáver de Antonio, por ejemplo. Todos los objetos que aparecen en escena se pueden portar: una bacinilla, un trapo, un plumero, un ovillo de lana, una canasta con telas, incluso una original mesa que habilita un chiste que convierte una frase hecha en una literal.Al costado y de manera visible, aparecen los dos músicos, Guido Briscioli y Santiago Comín y sobre las telas la belleza de los dibujos con arena de Alejandro Bustos (que en más de una ocasión trae a escena la extraescena). La iluminación que provoca consecuencias sobre el comportamiento de las intérpretes diseña espacios y construye dramaturgia.En apariencia se ponen en juego pocos recursos, solo en apariencia. Cada uno de los lenguajes se entrama para construir una totalidad: el golpe en el aire de Bernarda suena provocado por los músicos y tiene un gesto de recepción en la golpeada. La historia de La casa de Bernarda Alba está completa, sus personajes (aunque distribuidos entre las intérpretes payasas) también, pero la clave de la versión es el trabajo de insertar textos vernáculos, contemporáneos, incluso algunos corridos de la expectativa combinados con las palabras de Federico García Lorca. Lo mismo hacen los tonos y los ritmos porque no renuncian a la tragedia, a la potencia lorquiana, sino que la articulan y cada vez de manera distinta (algo corporal, lumínico, sonoro, verbal) para despertar la risa, pero también para construir un sube y baja de emociones. Incluso, los chistes metateatrales también tienen lugar, por ejemplo, se quejan de la extensión de un texto de García Lorca.La sorpresa es una intérprete más de la puesta. ¿Cómo se amalgama el humor, lo lúdico con una tragedia y con la crítica social? Bernarda, la de la casa ensaya una respuesta. Porque es imposible leer ese acontecimiento que tiene lugar en las primeras décadas del siglo XX sin comprenderlo como un juicio a la hipocresía o una denuncia al lugar preestablecido e inamovible de las mujeres en ese entonces.Existen zonas que son intransitables desde el humor, porque no buscan, como corresponde al lenguaje payaso, una propuesta lavada y sin compromiso de la obra de García Lorca. En ocasiones quienes no distinguen las transiciones son los espectadores. Pero se soluciona con más teatro, no con menos. Así que la decisión de que la propuesta sea a la gorra es una excelente alternativa.Gabriela Biebel, Silvina Chivi García, Julia Muzio, María Pastur y Eleonora Valdez construyen a sus payasas con multiplicidad de recursos, con la capacidad de transitar un clásico oscilando entre diferentes géneros y enhebrando una joya en la cadena de las magníficas propuestas de clown que las anteceden.
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