Cambio climático: un estudio de expertos arrojó un resultado novedoso con las vacas

¿Pueden las vacas ayudar a mitigar el cambio climático? La ganadería aparece a menudo en el banquillo de los acusados cuando se habla de emisiones de gases de efecto invernadero, responsables del calentamiento global. Un estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA (Fauba) destacó que vale la pena, sin embargo, “rumiar” un poco más la pregunta. En esa línea, los investigadores compararon cuánto carbono entró y cuánto salió de un campo agrícola y de un pastizal con ganado vacuno en la región pampeana. El resultado fue contundente: dijeron que mientras, en el balance, la rotación agrícola entera funcionó como emisora de carbono, el pastizal pastoreado fue destino de este elemento. El informe lo escribió Pablo A. Roset en Sobre la Tierra, el sitio de divulgación científica de la Fauba.“Los sectores de energía, industria y transporte solo emiten carbono a la atmósfera, pero los sistemas agropecuarios además pueden capturarlo. En ese sentido son únicos, y por eso los manejos agronómicos resultan decisivos”, indicaron. Ley de semillas: hubo acercamiento entre el campo y la industria semillera, pero persisten diferencias por la adhesión a un tratado internacional“Entonces, si los cultivos hacen fotosíntesis y capturan carbono, ¿por qué la agricultura terminaría siendo una fuente neta y la ganadería —con sus vacas pastando y respirando— un destino de este elemento?”, agregaron.Ulises Marconato, docente de Ecología en la Fauba, se planteó ese interrogante en su doctorado en la Escuela para Graduados de esa Facultad. Para abordarlo, instaló sensores de dióxido de carbono en dos campos de Carlos Casares, provincia de Buenos Aires. Uno, agrícola, con una rotación típica de tres años: maíz, trigo, soja de segunda y soja de primera. El otro, un pastizal manejado con pastoreo rotativo.Granja Tres Arroyos realizará una parada programada de una planta que tiene en Córdoba“Entre 2018 y 2021 hicimos una ‘contabilidad’ de carbono. Por primera vez para el hemisferio sur, determinamos cuánto entró y cuánto salió de los dos sistemas y realizamos los balances en cada caso”, explicó Marconato. Pero sus cuentas incluyeron algo que pocas veces aparece en este tipo de estudios: el carbono que sale del campo en los granos cosechados y en la carne producida. Ese dato impactó en el balance final.El resultado principal del estudio es que en una rotación completa de tres años, una hectárea agrícola perdió casi dos toneladas de carbono, mientras que una de pastizal pastoreado ganó cerca de cuatro toneladas. “Una regla práctica, entonces, es pensar que en la Región Pampeana, una hectárea ganadera podría compensar las pérdidas de carbono de dos agrícolas”, planteó Marconato.“Por un lado, la agricultura fijó más carbono que el pastizal, pero casi el 70% se fue con la cosecha. Si bien los cultivos absorben mucho carbono mientras crecen, cuando consideramos la rotación completa más la cosecha terminan siendo una fuente neta de este elemento”, señaló.En particular, los barbechos —presentes el 40% del tiempo estudiado— fueron momentos de pura pérdida de carbono. “Son críticos para el balance porque no hay cultivos creciendo y los organismos del suelo siguen respirando carbono hacia la atmósfera. Por eso, implantar cultivos de cobertura en vez de realizar barbechos es una gran opción para fijar carbono en estos períodos”, afirmó el docente.“Por otro lado, el pastizal se comportó al revés. Aunque capturó menos carbono que el cultivo, el 96% de lo fijado quedó en las raíces, en el suelo y en los organismos del suelo. El 4% restante se fue del sistema como carne”, agregó.
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