La noche que Messi se sentó en el banco para jugar contra Inglaterra, pero no podía

No podía jugar, estaba suspendido. Pero tampoco lo iban a dejar sentadito en una platea del Stade de Genève, a lo sumo, acompañado por algún dirigente de la AFA entre los 29 mil espectadores de aquella noche. Precisamente lo que más querían era arroparlo, integrarlo, por eso lo habían citado para una doble fecha de amistosos, sabiendo que el primero se lo iba a perder. Tarde plomiza en Ginebra, lloviznaba. Con un camperón de la selección, mezclado entre suplentes y auxiliares, se escabulló en la cancha. Se amuchó en un rincón del banco. Tampoco nadie iba a hacer un escándalo reglamentario por ese desconocido. Lionel Messi siguió desde el banco de suplentes el Argentina-Inglaterra que no pudo jugar. Y desde entonces espera jugarlo. Tenía 18 años y era una tumba. Reconstruir aquellos días no ha sido sencillo porque casi todos los consultados no tienen recuerdos de él. “Una charla con Leo no pasaba de los cinco minutos, eran casi monosílabos. No hablaba y miraba siempre con asombro”, recuerda un integrante de la delegación. Era el 12 de noviembre de 2005. Contra los ingleses debió cumplir una fecha de castigo por su expulsión la tarde del 17 de agosto, en Budapest, 87 días antes, en su debut contra Hungría. Cuando reemplazó a ‘Licha’ López y 47 segundos más tarde estaba otra vez afuera de la cancha por un exceso de celo del árbitro alemán Markus Merk. En el medio, la ‘Pulga’ había intervenido en el cierre de las eliminatorias sudamericanas ante Paraguay, Perú y Uruguay, todos partidos oficiales. Por eso, debía pagar una fecha por amistosos... y justo cayó Inglaterra. Messi se lo perdió, sin imaginarse, ni él ni nadie, que en los siguientes 21 años no volverían a cruzarse estas selecciones. Hasta hoy. El fin de semana anterior a viajar a Ginebra, Messi y Barcelona se enfrentaron con Getafe. De visitantes, en Madrid. Lionel formaba parte de la política de rotación del entrenador Frank Rijkaard y aquella tarde ingresó a los 23 minutos del segundo tiempo por el francés Giuly. Ganó Barcelona 3-1. Cuando terminó el partido, se le acercaron Lionel Pernía y Aníbal Matellán, los argentinos del rival capitalino. ¿Para qué? “Me dijeron que siga para adelante, que así voy bien”, le comentaría tímidamente Messi al enviado de LA NACION, que presenció ese encuentro, y luego seguiría rumbo a Suiza a cubrir a la selección. “Cada vez que me acuerdo de aquella expulsión me quiero morir”, asumía, al paso, ante la mención de la roja contra Hungría que le impediría jugar contra los “Pross”. José Pekerman, que tanto había insistido para llevar adelante el operativo blindaje en 2004, para que el chavalito que lo había encandilado cuando lo fue a ver en las juveniles de Barcelona como DT del Leganés, ya estaba casi convencido en noviembre de 2005 que debía hacerle un lugar en la lista de 23 para el Mundial de Alemania 2006. Faltaba algo más de medio año. Quería tenerlo cerca. Messi era una gratísima esperanza que, algunos meses antes, había deslumbrado al universo con la consagración del Sub 20 en la Copa del Mundo en Holanda.La Argentina perdió aquel encuentro, el último duelo con los ingleses, entonces dirigidos por el sueco Sven-Goran Eriksson, que murió en agosto de 2024. Con goles de Hernán Crespo y Walter Samuel ganaba 2 a 1 hasta el minuto 88. Pero apareció Michael Owen, siempre verdugo cuando tenía la casaca albiceleste por delante, y con dos cabezazos quebró a Roberto Abbondanzieri. Derrota en el descuento, siempre angustiante.Aquellos días estuvieron atravesados mediáticamente por la negativa de Diego Maradona a sumarse al cuerpo técnico de Pekerman, una propuesta que había nacido en Julio Grondona. Javier Mascherano y Gabriel Heinze, ambos recuperándose de lesiones, se sumaron como invitados a la estada en Ginebra. “Murmuraba, hablaba muy poquito”, recuerdan. Con ellos, y con Gabriel Milito también que estaba en el plantel, Messi comenzaba una cercanía que, con los años, hasta hoy, se volvería una fuerte amistad. Cuatro días después, Pekerman lo incluyó entro los titulares contra Qatar, en Doha. Un amistoso en el que el entrenador aprovechó para hacer algunas pruebas porque también arrancaron el partido Sebastián Battaglia, Martín Demichelis y Daniel Bilos. Ninguno de ellos llegaría al Mundial, Messi sí. Jugó con la 18 en la espalda hasta el minuto 81, cuando lo reemplazó Carlos Tevez. La Argentina goleó 3-0 (Riquelme, Julio Cruz y Roberto Ayala) y él hizo un partido correcto. LA NACION lo calificó con un 6, pero Messi no se aprobó: “Realmente no quedé conforme con lo que hice. Por momentos, estuve bastante nervioso y por eso tomé algunas decisiones apresuradas y perdí varias pelotas”. Vaya autocrítica. Nadie podía imaginarse que en esa ciudad, 17 años después, se abrazaría a la gloria.“Nos sigue entusiasmando con su juego. Aunque es cierto que a veces puede hacer alguna jugada de más o tratar de entrar por el lado menos favorable”, analizaba Pekerman, que intentaba disimular su debilidad. El próximo amistoso de la selección sería en marzo de 2006, ya muy cerca del Mundial. En Basilea, contra Croacia –el día del debut de Luka Modric- y perdió la Argentina 3-2. Messi marcó el primer gol de su vida en la selección. Hoy, lleva 125. Para entonces, Pekerman ya había definido que lo llevaría a su primer Mundial. No podía releerse el capítulo ‘Diego Maradona Argentina ‘78’. Si en aquellos encuentros con Inglaterra y Qatar el compañero de habitación de Messi había sido Javier Saviola, por cierta cercanía generacional y por el vínculo de Barcelona, en la Copa del Mundo había que lograr que Messi estuviera lo más cómodo posible para intentar perforar esa coraza de timidez. Y nació un plan. Hubo deliberaciones y finalmente, consenso en aquel cuerpo técnico. Salvo casos extraordinarios, el tercer arquero no juega en los mundiales. Oscar Ustari asomaba como un gran arquero en Independiente, había sido una de las figuras en la consagración del Sub 20 en Holanda 2005 y se relacionaba muy bien con Messi. Llegaba donde casi nadie podía... Y juntos compartieron la habitación en el predio de Herzogenaurach, el bunker albiceleste durante la primera Copa del Mundo de Messi. Messi pudo enfrentar a Inglaterra en el quinto partido de su carrera en la selección… y sin embargo ocurrirá recién en el 206. Realmente peculiar. En un recorrido amplísimo que incluye a todas las potencias y también a rivales decorativos como Hong Kong, Haití, Angola o Indonesia... nunca se cruzó el equipo ‘de los tres leones’, el England national football team, en su camino. En los mundiales, fue Sudáfrica 2010 la ocasión que más los aproximó: la selección de Maradona eliminó a México en los octavos de final y el paso siguiente hubiese sido Inglaterra... pero Alemania la trituró por 4-1. Si pasaba aquel conjunto inglés que dirigía Fabio Capello, el clásico hubiese reunido todos los atractivos: Messi y Maradona contra los ingleses. Trepidante, pero no sucedió. ¿Qué hace 40 años, desde México ‘86, que la Argentina no le gana a Inglaterra? Quizás el destino estaba esperando el eslabón perfecto. ¿Faltaba Messi? El día llegó. Y no estará en un rinconcito del banco de suplentes.
Leer nota completa en La Nación Deportes →