Ney Matogrosso: las reacciones que provocó en las mujeres y en los hombres en sus inicios, su visita a Buenos Aires y qué opina de “colgar los botines”

En escena es todo un divo. Cara a cara, aunque sea a través de una comuniacación vía Zoom, es todo lo contrario. En diálogo con LA NACION, Ney Matrogrosso sorprende por su sencillez, su humor y su enorme franqueza. También por su capacidad para contar historias. No le teme a los temarios abiertos, le da lo mismo hablar de música, de moda, de ecología o de sexo. Es un hombre tan amplio que pareciera que en él habitaran varios. Detesta las etiquetas impuestas y su carta de presentación es tan contundente como escueta: “Soy un hombre libre”.El artista brasileño que en breve cumplirá 85 años se presentará en Buenos Aires el 15 de octubre en el teatro Gran Rex, en el marco del Bloco Na Rua Tour. La cita será la ocasión ideal para volver a tomar contacto con un performer inigualable, que a puro talento y transgresión revolucionó las escenas paulista y carioca de los 70 y que desde entonces no paró de sorprender disco tras disco, show tras show. Hoy lleva registrados más de 30 álbumes solistas, además de los que grabó en sus inicios con el grupo Secos & Molhados.El año pasado se estrenó su biopic Un hombre con H, que en la Argentina se puede ver en Netflix. Allí quedó explícita la génesis de su personalidad y de su arte a través de su lucha contra el autoritarismo paterno y la censura de la dictadura militar; de su culto por la libertad sin límites y su innegable capacidad para fusionar la música MPB con una estética andrógina y teatral. Para los que aún quieren saber algo más sobre Ney de Sousa Pereira (tal su verdadero nombre), pasen y lean.-¿Cómo será el show que brindarás en Buenos Aires, dentro del Bloco Na Rua Tour?-Es el mismo espectáculo que estoy haciendo en Brasil y que tiene un éxito enorme. Empecé a presentarlo en 2019, justo antes de la pandemia. Después del confinamiento, cuando regresé a los escenarios, seguí haciendo el mismo show. Pero para no cansarme, fui cambiando el repertorio. No tengo paciencia para hacer un espectáculo completamente nuevo. Entonces elegí las mejores canciones, las que más me gustan y las que más disfruta la gente. Esas las mantuve, sí, pero ahora estoy renovando todo de nuevo. La segunda parte del espectáculo es prácticamente otro show. Es más rockero.-¿Sólo incluirá temas del disco que le da nombre al tour o sumará algunos otros?-No, ahora también incluye canciones de otros discos. Al principio eran solamente temas de Bloco na Rua, pero hoy el repertorio es más amplio. -¿Están los temas más conocidos, los grandes clásicos?- Sí, creo que sí. Pero también hay una canción que no sé si ustedes conocen, que es muy famosa en Brasil y se llama “Na Rua, na Chuva, na Fazenda” (del cantautor Hyldon). Es un éxito enorme. Yo nunca la había cantado y la incorporé a este espectáculo. Me di cuenta de que fue un gran acierto. Hay una parte de la canción en la que todo el mundo hace un gesto con las manos, como si estuviera formando el techo de una casita de paja. Cuando yo canto “ergue as suas mãos para o céu, (levanten las manos al cielo), todo el público levanta las manos y canta conmigo: “E agradeça se acaso tiver alguém qu você gostaria que estivesse sempre com você (y agradece si acaso tienes alguien que te gustaría que esté siempre contigo). Es un momento muy lindo.-El uso de maquillaje y vestimenta exótica supo ser parte de tu estilo escénico, allá en los años 70 y 80. ¿Qué quedó de todo aquello en tus presentaciones actuales? -Los vestuarios sí, me siguen gustando y los mantengo. En cuanto a los ojos, solamente me los delineo con lápiz. Ya no uso aquellas máscaras tan elaboradas de antes. Pero no es un maquillaje femenino. Me marco los ojos de una forma gruesa. Mantengo el gusto por el vestuario y por los ojos pintados porque creo que, desde lejos, la mirada se destaca más.-¿Seguís considerándote un transgresor?-Sí, sigo siendo un transgresor. ¿Y qué voy a hacer? Soy libre. En realidad, casi nadie puede decir que es verdaderamente libre. Yo sí. Las personas están sometidas a muchas cosas: la religión, la Iglesia, el gobierno... Yo no. Me mantengo lejos de todo eso. No me preocupa nada de eso. Lo que quiero es hacer un trabajo hermoso para la gente y hacerlo con total libertad.- Rita Lee dijo que vos eras el David Bowie brasileño. ¿Él fue, en un principio, tu referente máximo?-No, fue Caetano Veloso. Voy a contarte cómo empezó esa historia. Yo vivía en Brasilia y era empleado público. Estoy hablando de principios de los años sesenta. En esa época había un solo hotel en la ciudad y una única heladería que estaba dentro de ese hotel. Fui a tomar un helado y, cuando llegué, vi salir del hotel a Caetano Veloso, con ese pelo y ese vestido completamente rosa. En aquella época ningún hombre usaba ese color, ni siquiera a escondidas. Además llevaba encima otra ropa verde larga, y junto a él estaba Rita Lee. ¡Imaginate esos dos juntos! Me llevé un susto porque jamás había visto a un hombre vestido de rosa y de esa manera. Entonces pensé: Si algún día fuera artista, me gustaría provocar algo así. No quería ser como él. Quería provocar en los demás lo mismo que él había provocado en mí. Porque despertó en mí una reflexión muy profunda sobre estar en el mundo, sobre qué significa ser hombre. Siempre lo admiré muchísimo. Ese fue el momento que, de alguna manera, marcó todo el resto de mi vida.-¿Qué importancia tuvo después la figura de Carmen Miranda en el desarrollo de tu propuesta artística?-En realidad, yo no tuve ninguna relación directa con Carmen Miranda porque ella murió cuando yo era un niño. Pero te voy a contar cuál fue mi relación con ella. Viví en Bahía durante la guerra [Segunda Guerra Mundial], porque mi padre estaba en el frente y yo me quedé con mi madre. Escuchaba mucho a Carmen Miranda. Detrás de nuestra casa había un templo de Candomblé. De un lado estaba el mar, del otro un cuartel militar, más atrás una lechería y también ese templo de Candomblé. Una vez me escapé de casa y todos salieron desesperados a buscarme. Cuando finalmente me encontraron, yo estaba en el templo porque creía que aquellas mujeres que veía allí eran Carmen Miranda. Pensaba que Carmen Miranda estaba ahí. Siempre la admiré muchísimo. Es muy gracioso porque, cuando empecé a viajar a Europa y todavía no me conocían, para explicarle a la gente quién era yo me comparaban con Carmen Miranda. Pero yo nunca hice nada inspirado en ella. Nunca pretendí ser Carmen Miranda. Yo soy un hombre; Carmen Miranda era una mujer. Aunque, la verdad, no le doy demasiada importancia a esas divisiones entre hombre y mujer... al menos en lo que tiene que ver con el vestuario.-Aunque fuiste contemporáneo del tropicalismo, no te sumaste a ese movimiento. ¿Por qué?-Porque no era mi historia. Mi camino era otro. Yo vengo de Mato Grosso, que en esa época era un estado muy desconocido de Brasil. Era una tierra de indígenas, de bandidos, de frontera. Mi abuelo era de Corrientes, Argentina, y mi abuela era paraguaya. La ciudad donde nací estaba en la frontera con Paraguay. Había un río que cruzábamos con el agua hasta la cintura. Los bandidos mataban del lado paraguayo y cruzaban hacia Brasil; los de Brasil hacían lo mismo, pero en Paraguay. Y la policía iba detrás de todos ellos. Yo vengo de ese ambiente, de esa realidad.-¿Qué peso tuvo y tiene el ingrediente sexual o sensual en tus shows?-Yo siempre tuve esa libertad y siempre me gustó jugar con ella, expresarla. Y creo que, en la medida en que fui liberándome durante todos estos años, también ayudé a liberarse a muchas otras personas. Voy a contarte otra historia. Después de mi primer espectáculo, que no había sido un gran éxito, decidí reducir todo y mudarme a un teatro para apenas cien personas, el Teatro Ipanema. Allí hacía un espectáculo casi como una revista musical. Un día estaba entrando al teatro. Para ingresar había que pasar por delante de la boletería. Había una señora muy elegante, de cabello gris. Cuando pasé junto a ella me dijo: “¿Así que vos sos el que está volviendo locas a las mujeres?”. Yo le respondí: “Sí”. Y enseguida le dije: “Muchas gracias por darme esa información”. Porque en realidad yo no tenía idea de eso. Sabía que provocaba reacciones en algunas personas, pero tenía miedo de que las mujeres me rechazaran. A partir de ahí di rienda suelta a toda mi sensualidad. -¿Quedaste conforme con el film sobre tu vida, Hombre con H, que se estrenó el año pasado en Netflix?-Sí, me gustó muchísimo. Era imposible hacer una película contando toda mi vida. Son más de cincuenta años de carrera y más de ochenta de vida. La película fue un gran éxito en Brasil. Lo único que lamenté fue que la retiraran de los cines cuando estaba a punto de llegar al millón de espectadores para llevarla a Netflix. Yo creo que deberían haber esperado a que alcanzara el millón.-¿El éxito de la película te acercó a las nuevas generaciones?-Sí, sucedió algo muy interesante: apareció muchísimo público joven. Niños y adolescentes. Ahora muchos adolescentes aparecen con la cara pintada de blanco, como yo me la pintaba. Lo que ocurrió conmigo, a partir del film, fue tan inesperado como fascinante.-¿Me imagino que la película te habrá invitado a revisitar tu pasado. ¿Cuáles fueron los mejores y los peores momentos de tu vida y de tu carrera?-No creo que haya existido un momento especialmente malo en mi vida. Todo formó parte de mi proceso de maduración para convertirme en quien soy hoy. Por ejemplo, la relación con mi padre fue muy difícil, pero logramos reconciliarnos al final de su vida. Hoy soy un artista muy respetado en Brasil. Mis espectáculos siempre se llenan. Siento que ya no hay nada importante que haya quedado inconcluso o que no haya funcionado. Obviamente, en una película no era posible contar todo. Lo único que le pedí al director fue: “No puede haber mentiras. No quiero una ficción. Solo quiero la verdad”. Él aceptó completamente esa condición. Todo lo que aparece en la película es verdadero. Después vi algunos comentarios en internet diciendo: “Hay demasiado sexo”. Y sí, hay mucho se
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