El Aleph del pop ochentoso

La reciente muerte de Bonnie Tyler confirmó cómo el sonido y la estética de los 80 calaron en el público argentino hasta eclipsar lo bueno que pasó antes y después. Como si los peinados inflados a fuerza de laca y el exceso de maquillaje taparan todo lo demás; el triunfo de la imagen sobre la música.Curiosamente, la estrella británica ya había vuelto a ser parte de “la conversación” gracias a que las redes sociales recordaron que uno de los cánticos más comunes en el fútbol argentino, con el que las hinchadas expresan su disgusto con el juego de su equipo (“Jugadores, la co…”), tomó prestada la melodía del primer gran hit de la cantante: It’s a heartache. La canción es de 1978 y llegó a las canchas muy rápido, pero, por los comentarios que escuché a mi alrededor en estos días, evidentemente Tyler quedó pegada al look y la producción ochentosa de baladas como Total Eclipse of the Heart. No me sorprende. No es tanto lo que se conoce y reconoce -a nivel masivo- de la que quizá sea la mejor época del rock y el pop internacional después de los golden sixties. En la segunda mitad de los 70 están las raíces de la música que luego, acompañada por innovaciones sónicas y looks estrafalarios, germinó en los 80 y en la memoria colectiva. El uso generalizado de sintetizadores, cajas de ritmo, secuenciadores y samplers; la producción emblemática de la década de plástico, como el gated reverb (reverberación controlada) y la omnipresencia del saxo; todo empezó antes en ese lustro de explosión creativa y variedad casi incomparables. Hay razones lógicas para que la historia sea así. Los temas más cortos y ligeros, y el reinado global del videoclip, hicieron que artistas como Michael Jackson, Heart, Starship, Donna Summer, Tina Turner, Hall & Oates o la propia Tyler fueran mucho más conocidos entonces que en sus versiones anteriores y que sean instantáneamente arrojados al casillero de los 80, aunque iniciaran sus carreras mucho antes e incluso hayan tenido éxitos previos.Si uno quiere escuchar los 80 dentro de los 70, hay temas que parecen adelantar el tiempo, como I feel love, de Donna Summer (1976); Europe endless, de Kraftwerk (1977); Behind the Mask, de los japoneses Yellow Magic Orchestra (1979); Quiet Life, de Japan (1979); Sister Europe, de Psychedelic Furs (1980), o el celebérrimo Video Killed the Radio Star, de The Buggles (1980). Y son muchos más.Párrafo aparte para dos canciones compuestas por Peter Gabriel y Phil Collins, cantante y baterista del mejor Genesis, el de principios de los 70, quienes con Intruder (Gabriel) y el más conocido In the Air Tonight (Collins), publicados en 1980 y 1981, respectivamente, pero grabados en 1979, definieron tempranamente el sonido ochentero con el uso del famoso gated reverb creado por el productor Hugh Padgham, que dio protagonismo a una batería de golpes secos y sin platillos. Charly García haría el primer intento local de acercarse a esa fórmula con Llorando en el espejo, de Serú Girán. No es extraño que exponentes de los 70 quisieran hacer punta. Además de Gabriel y Collins, podríamos sumar, en registros bien diferentes aunque igualmente innovadores, a David Bowie y su disco Heroes, de 1977, y a Remember the Days of the Old School Yard, canción de Yusuf/Cat Stevens publicada ese mismo año. Pero si al prodigioso segundo lustro de los 70 le sumamos la enorme influencia del rock alemán de principios de la década, el krautrock, la conclusión es que esos 10 años son el Aleph del rock y el pop que vendrían después. ¿Qué llegaba de todo aquello al país? Bastante poco. Había que imaginárselo leyendo la “Pelo” y el “Expreso Imaginario” o bien gastarnos lo que no teníamos en disquerías de culto como El Agujerito. Plataformas digitales mediante, hoy está todo al alcance del oído. Solo hay que tener ganas de escucharlo.
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