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Actuar con sentido común
El episodio protagonizado días atrás por personal de la Brigada Ambiental de una de las subsecretarías del gobierno de la Ciudad en el restaurante céntrico The New Brighton es ejemplo de la total falta de criterio con el que pueden actuar las autoridades gubernamentales.A raíz de una denuncia, un grupo de aquella repartición irrumpió en el local, sucesor de comercios diversos, pero todos ellos clásicos desde principios del siglo XX en Sarmiento al 600, y se llevó, ante la presencia desconcertada del público, cuatro cabezas de ciervos embalsamados.¿Por qué no haberlo hecho, si es que cabía hacerlo, con otra discreción y más criterio en ese lugar tan acreditado entre los porteños, cuando alcanzaba con un aviso previo a los propietarios del local? Se imaginará el lector la sorpresa de quienes atendían el restaurante, y también de la clientela, al observar cómo se descolgaban de las paredes cuatro cabezas que eran parte de la decoración del lugar desde tiempo inmemorial. ¿Para qué emplear ese tipo voltaje después de tantos años en que ninguna autoridad se había notificado de nada irregular en un espacio público?Un notable bar restaurante de la ciudad no es por definición el lugar ocupado por organizaciones delictivas en el que cabe a la autoridad irrumpir sin dar tiempo a reacciones por su presencia. Todo lo que hicieron fue descolgar, al cabo de años y años de estar ahí, las cabezas de un ciervo de los pantanos, de dos ciervos dama y de un ciervo axis, más conocido como ciervo moteado.Los agentes explicaron que habían pedido los papeles de procedencia de las piezas secuestradas y que se les contestó que no los había, algo bastante natural que ocurriera por el transcurso de tanto tiempo.Salvo el ciervo de los pantanos, las otras especies taxidermizada que se hallaron son intrusas en el ecosistema natural que habitamos los argentinos. Ocurre con ellas lo que sucede con los castores en Tierra del Fuego o con los jabalíes en inmensos espacios del país: son especies introducidas que invaden los ecosistemas argentinos ocasionando daños ecológicos y pérdidas económicas de envergadura.Nada impide la caza de las especies invasoras y menos que estas sean exhibidas como suerte de trofeos en espacios gastronómicos. Esto ha sido usual en establecimientos con alguna connotación germana. ¿Recuerda el lector los ciervos de la vieja Munich, tan próxima a La Biela?El ciervo de los pantanos corresponde a un capítulo aparte. Es un animal protegido por la ley, que estuvo hace décadas a punto de desaparecer después de haber tenido una presencia continuada desde el Pantanal hasta el bajo Delta del Paraná por unos 10.000 años, según estudios especializados. Con los esfuerzos conservacionistas, especialmente de la Fundación Vida Silvestre Argentina, realizados en los últimos 20 años su población se ha ido recuperando de manera sostenida.“Las investigaciones continúan”, manifestó una autoridad involucrada en el infortunado secuestro en The New Brighton. Lo hizo con el aire de quien podría encarar nuevas diligencias en asuntos de la extrema gravedad de los hechos de corrupción pública del célebre caso de los cuadernos de Centeno o de los escándalos ventilados en la AFA por el comportamiento de Tapia y Toviggino.Lo cierto es que no hay espacio cómodo para exhibir el trofeo de una especie amenazada, aunque sea de antigua data. La conciencia ambiental y, en particular, la animalista tiene militantes intolerantes que no discriminan si hubo o no mala intención.Esperemos que este caso sea dotado finalmente de la cuota de sentido común que ha escaseado hasta aquí. Las especies exóticas, a las que pertenecían tres de cuatro cabezas de ciervos secuestradas son tan nocivas para el entorno natural como cualquier elemento de contaminación.Es importante que los fiscales se involucren en los casos ambientales, pero sin perder de vista aquellos que revisten mayor magnitud, porque el caso que nos ocupa es despreciable frente al desmonte ilegal de las áreas chaqueñas, la pesca ilegal o los derrames de cianuro en ríos cordilleranos.