La ilusión y el temor de los excombatientes ante el partido contra Inglaterra: “Puede ser insalubre, ya no somos los pibes”

USHUAIA.― El fin del mundo se prepara para vivir un partido de un simbolismo único. Un día antes del cruce entre la selección nacional argentina y la inglesa, en la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, los ánimos ya están alterados. “No se trata de trasladar una guerra a una cancha ni de confundir el deporte con lo que ocurrió en 1982. Se trata de entender que hay partidos que, por nuestra historia, inevitablemente significan algo más”, afirma Mauro Cabrera, hijo de un veterano de guerra, que vivirá el partido junto a su papá y su hijo de un año.El partido por las semifinales de la Copa del Mundo 2026 será seguido con particular interés en esta provincia, que sostiene de manera permanente e indeclinable el reclamo de soberanía sobre las islas Malvinas. Allí el conflicto con Inglaterra por este territorio forma parte central de la vida social, institucional y educativa, por lo que el partido de mañana toma una dimensión que excede lo deportivo. A modo de ejemplo, en Ushuaia los festejos tras las últimas victorias de la selección nacional se realizan en el corazón mismo de la ciudad: la emblemática Plaza Malvinas.Cómo lo viven los veteranos de guerraReferentes de centros de excombatientes señalaron que estos partidos suelen vivirse con una perspectiva particular. “Sé que no tiene nada que ver, que son jugadores de fútbol, pero lo que deseamos es ganarles, ganarles y ganarles. No hay otra historia”, indica a LA NACION el veterano de guerra Raúl Villafañe, del Centro de Veteranos de Río Grande, una de las ciudades con mayor presencia de excombatientes en el país.Villafañe afirma que los veteranos tienen “sentimientos que siempre están a flor de piel”. “Por eso y por nuestros camaradas, por nuestros compañeros y por todos… ¡a Inglaterra hay que ganarle! Como sea. Ese es mi sentimiento y mi pensamiento. Estaremos muy atentos al partido; tengo toda la fe y la esperanza de ganarlo y volver a levantar nuestra bandera celeste y blanca con las Malvinas argentinas”, sostuvo. Desde la capital provincial, Juan Carlos Parodi, presidente del Centro de Ex Combatientes de Malvinas de Ushuaia, también es rotundo en su análisis y expectativa. “Este partido va a ser histórico, sobre todo por el contenido emocional para todos los argentinos y para los veteranos de guerra en especial”, afirma. “Para muchos de nosotros hasta puede ser insalubre; ya no somos aquellos Pibes de Malvinas que podían soportar mucho. Así que a mis camaradas les digo: por favor, tómenlo con calma. Por cábala yo lo veré en mi casa, pero muchos se van a juntar en la sede que tenemos en Ushuaia”, contó. La expectativa de las nuevas generacionesPor su parte, Mauro Cabrera, integrante de la agrupación juvenil de Ushuaia “Herederos de la Causa”, conformada por hijos de veteranos, destaca el valor simbólico que adquiere el cruce futbolístico. “Hay partidos que se juegan durante noventa minutos y otros que empiezan mucho tiempo antes. Para quienes somos herederos de la Causa Malvinas, un Argentina-Inglaterra nunca es un partido más. Es imposible separar completamente la pelota de la historia, porque crecimos escuchando relatos, conociendo héroes y entendiendo que detrás de esas dos banderas existe una herida que todavía está abierta”.“En mi caso, está mi viejo. Están su historia y la de tantos veteranos que llevaron para siempre una parte de las Islas con ellos. Por eso, cuando juega Argentina contra Inglaterra, las sensaciones son diferentes. Este partido lo miraremos como todos, en casa, en Ushuaia, la capital de Malvinas, islas que se encuentran ocupadas de manera ilegítima por los británicos. Pero esta vez será especial: voy a vivirlo junto a mi viejo y a mi hijo. Tres generaciones unidas por la misma historia, mirando el mismo partido y atravesadas, cada una a su manera, por una causa que nos une y forma parte de nuestras vidas”.Los más jóvenes cargan con el relato, la historia y el simbolismo del histórico Argentina-Inglaterra de 1986, pero no forma parte de su memoria. “Formo parte de una generación que no vio a Maradona aquella tarde de 1986, que no vivió en directo aquellos goles que, apenas cuatro años después de la guerra, quedaron para siempre en la memoria colectiva de los argentinos como una especie de revancha deportiva”, dice Cabrera. Y suma: “pero sí soy de esta generación que creció viendo a Messi y hoy, quizás, sea su turno de renovar aquel legado y regalarnos uno de esos momentos que, con el paso de los años, se transformarán en parte de nuestra historia”.El miércoles, más que nunca, el canto “por los pibes de Malvinas que jamás olvidaré” tendrá un plus extra de emoción. “Se escuchará en las tribunas, en cada casa y en cada rincón de nuestro país, y será, sin dudas, un jugador más dentro de la cancha y una motivación extra para cada uno de los jugadores que lleve puesta la camiseta argentina. Porque en esas palabras estarán representados quienes quedaron para siempre custodiando nuestras Islas y también todos aquellos que regresaron al continente, pero dejaron una parte de sí en aquellas frías tierras del Atlántico Sur”.En el ámbito educativo y cultural, el partido también fue motivo de análisis previo. Docentes y referentes locales coinciden en que estos encuentros permiten “abordar la relación bilateral desde una perspectiva más amplia, evitando lecturas simplificadas y promoviendo un enfoque centrado en la memoria histórica, la soberanía y el derecho internacional”, dice una docente fueguina consultada por LA NACION. En los hogares fueguinos, la guerra de Malvinas y la soberanía no son conceptos aislados: son parte de la vida cotidiana. La expectativa por el rendimiento del seleccionado argentino y la posibilidad de acceder a una final conviven con un contexto particular que otorga al rival un significado adicional.
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