Biodiésel: hay que agrandar la torta

El Congreso tiene ante sí la posibilidad de modificar el esquema de uso de los biocombustibles en nuestro país. Se trata de una cuestión que no solo tiene que ver con la matriz energética o el cuidado ambiental, sino profundamente con el entramado productivo agrícola e agroindustrial, de la sostenibilidad del productor rural, de la red de pymes en el interior agrícola argentino y de la creación de puestos de trabajo de calidad en el gran polo aceitero de Rosario. Es por ello que se vuelve imprescindible poner en contexto de qué se trata esta discusión.Lo primero es mirar el mundo. El crecimiento poblacional se desacelera. En varias regiones la cantidad de nacimientos se encuentra por debajo de la tasa de reposición, la población se envejece y algunos países directamente están perdiendo población. Países que traccionaron la demanda en el primer cuarto de siglo como China ya no crecen a las tasas de antes y buena parte de su mejora en la calidad nutricional se completó. Al final del día esto significa menos demanda de alimentos.El carnero Tim Payne y la vaca Tini Tini, que nació en el barrio de Palermo, fueron los primeros animales en llegar a la Exposición RuralDel otro lado del mostrador, la producción agrícola crece a una tasa que supera la demanda. A escala global la cosecha de los principales granos –maíz, soja, trigo, arroz- aumenta año tras año a una tasa que supera a la demanda. Los precios son el fiel reflejo de esta situación.Dicho esto veamos qué hacen dos grandes productores de maíz y soja, que son Brasil y los Estados Unidos y competidores de la Argentina como proveedores globales de productos y subproductos de ambos cultivos. Sintéticamente buscan crear mercado interno mediante el uso de los granos para elaborar biocombustibles. En el caso de la soja, ambos países tienen a China como su principal comprador del poroto. En el contexto global mencionado, eso representa un peligro para sus sectores agrícolas, por la alta dependencia de un casi exclusivo comprador. Por eso impulsan el uso del aceite de soja para elaborar biodiésel y diésel renovable, al punto que dedican más aceite a este uso que al uso culinario. Para tener un orden de magnitud: en 2008 Brasil y la Argentina utilizaban unas 800.000 toneladas de aceite de soja para producir biodiésel. En 2025, Brasil utilizó 7,3 millones de toneladas y nuestro país, apenas un millón. En tanto los EE.UU. pasaron de 1,5 millones de toneladas en 2008 a 6,6 para este 2026 y proyectando 8 millones de toneladas para 2027.Al moler más soja, retiran oferta del mercado global y pasan a ofrecerle el principal subproducto de esta oleaginosa: la harina proteica. La Argentina fue y todavía lo sigue siendo el principal exportador mundial de este subproducto, al igual que lo es con el aceite. Pero ese liderazgo está amenazado por Brasil y los EE.UU., ya que para ellos la política de biocombustibles es una política agrícola. Ya en algunos países, la harina de soja brasileña y estadounidense está desplazando a la argentina.Plano localHay dos grandes sectores vinculados al biodiésel: los vinculados a la industria aceitera que montaron grandes plantas orientadas a la exportación, y las vinculadas a la ley de promoción 26.093 que montaron plantas de mediana escala para proveer al corte interno. Hoy, el proteccionismo que expresan la Unión Europea, los Estados Unidos y aquellos países que siguen sus directrices han hecho que las exportaciones argentinas se hayan reducido a volúmenes mínimos. Del más de 1,6 millones de toneladas que la Argentina supo exportar en 2016 y 2017 pasamos a magras 280.000 en 2025.Del otro lado hay unas 30 plantas que proveen el corte interno, detrás de las cuales hay varios centenares de extrusoras, pymes distribuidas en todo el territorio agrícola que les proveen el aceite crudo de soja con el que elaboran el biocombustible, y detrás de ellas miles de productores que le proveen el poroto.La responsabilidad del legislador es armonizar ambos sectores, preservando el ecosistema productivo actual, promoviendo la generación de empleo mediante el agregado de valor, con el objetivo de cuidar la sustentabilidad económica del productor rural y su familia. Para ello hay una cuestión esencial, que el proyecto oficial pasa por alto: es necesario elevar el corte de biodiésel y bioetanol al 15% como piso. Se trata, por otra parte, de ir hacia la convergencia con la principal economía del Mercosur, Brasil, con quien el Congreso de la Nación ratificó el acuerdo comercial con la Unión Europea.El corte del biodiésel al 10% y la inevitable exclusión de las empresas no integradas por efecto de “la frazada corta”, como lo plantea el proyecto del oficialismo, es algo absolutamente inaceptable para lograr el desarrollo armónico y virtuoso de la comunidad rural. El mismo criterio que se plantea para el corte de bioetanol, donde se armoniza el interés del sector cañero con el maicero, debe replicarse para el biodiésel.No hay que inventar nada, solo mirar alrededor y ver qué es lo que nuestros competidores están haciendo. “Agrandar la torta” es la respuesta para que las grandes plantas elaboradoras de biodiésel se vuelvan a abrir y que las plantas que hoy vuelcan su producción al corte no tenga que cerrar y despedir trabajadores.Duplicar el corte actual con biodiésel, retirando oferta mundial de aceite, ayudará a sostener el precio e incluso apalancar la competitividad de la harina, todo lo cual a la vuelta de la esquina se traduce en mejor precio para el productor argentino. Ese es el camino que el legislador tiene que visualizar a la hora del voto.Los autores son secretario de Asuntos Agrarios del PJ e integrante del Equipo Técnico de la Secretaría del PJ, respectivamente
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