Los tres riesgos de Milei

La escena internacional domina actualmente a la escena local, por muchas razones. La más obvia: los argentinos tienen la cabeza puesta en el Mundial, que se celebra en el hemisferio norte. Motivos deportivos. Pero existen también motivos políticos. Apareció inesperadamente, quizás por el poco cuidado que parece tener sobre sí mismo, el viceministro de Justicia, Santiago Viola, en una tribuna del estadio de Kansas. Y avisó que se quedará a ver el próximo partido frente a Inglaterra. Fueron miles las aclaraciones que tuvo que hacer. Mandó a explicar que las entradas no le fueron dadas por la AFA sino que las obtuvo mediante una reventa. Recalcó que el viaje lo hizo en un avión de Aerolíneas Argentina y no en un jet privado piloteado por su amigo y compañero de tenis, Gustavo Carmona. Viola no sería el único en haber asistido a la Copa del Mundo. Se rumorea además sobre la presencia de jueces federales, que inclusive habrían compartido una comida en una emblemática torre de la zona de Sunny Isles, sobre la avenida Collins, de North Beach. No son los únicos dos argumentos, futbolístico y judicial, que demuestran que lo internacional se ha vuelto local. La política también se ha internacionalizado. Se han compuesto familias ideológicas que cruzan las fronteras de los países. Una prueba ocurrirá la semana que viene, cuando Javier Milei viaje por diversos países de América Latina -principalmente Brasil, Colombia, Perú y Ecuador-, en un intento de hilvanar una especie de coalición de derecha pro-Trump. En Brasil participará de la asamblea del partido liberal, que consagraría como candidato de la derecha brasileña a Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente que está inhibido para participar de los comicios por la Justicia Penal. Las elecciones se llevarán a cabo el 4 de octubre. De haber balotaje, tendrá lugar el 25 de octubre. De acuerdo con la última encuesta dada a conocer por Atlas Intel, Lula se ubica por encima de Bolsonaro (48,8% y 42,3%, respectivamente).Los tres riesgos de Milei; el editorial de Carlos Pagni en Odisea ArgentinaLa sola travesía de Milei generará reacciones. El secretario de la presidencia de Brasil lo trató de “imbécil que quiere dar lecciones al pueblo brasileño”. La de Brasil será una elección determinante para la vida pública argentina. No es lo mismo para el país la imposición de Lula o la del hijo de Bolsonaro. Y tampoco lo es para Milei ni para las relaciones brasileñas con Estados Unidos. En su más profunda intimidad, ¿preferirá el Presidente la llegada de un nuevo gobierno de derecha que lo desplace del monopolio de las relaciones con Trump en el Cono Sur? El presidente estadounidense, mientras tanto, tiene especial interés en las presidenciales de Brasil. Tal es así que recibió al candidato en el Salón Oval. Antes había intervenido en favor de Jair Bolsonaro, aumentando los aranceles para las importaciones brasileñas en EE.UU. con la intención de presionar a la Justicia de Brasil que estaba por condenar al expresidente.El 27 de octubre se celebran otros comicios de gran trascendencia a nivel global: las elecciones parlamentarias de Israel. Decidirán si la coalición que hoy lidera Benjamín Netanyahu continúa, lo cual tendrá repercusiones en el destino de los conflictos de Medio Oriente, el vínculo entre Israel con Estados Unidos y el resto de la política internacional condicionada por ese frente bélico. Existe también una proyección particular sobre la Argentina. La reactivación de la guerra y cancelación del memorándum de entendimiento entre EE.UU., Israel e Irán cobra especial relevancia habiendo sido nuestro país víctima de un atentado impune que involucra a Irán, su jerarquía política y del que se conmemora un nuevo aniversario este 18 de julio.No termina allí el rosario de lecciones con repercusión en la política doméstica. El 3 de noviembre se llevarán a cabo las elecciones parlamentarias en Estados Unidos, que se verán condicionadas por la escena en Medio Oriente, en especial por el cierre del Estrecho de Ormuz y el impacto en el precio de los combustibles. La mayoría de los pronósticos prevén unos comicios difíciles para Trump. Existe la posibilidad de que el Partido Republicano pierda la Cámara de Representantes, pero no así el Senado. Si ya es difícil hoy que el gobierno de los Estados Unidos extienda un nuevo cheque como garante del programa económico argentino, después de una potencial derrota de tal magnitud, la posibilidad de ese “padrinazgo financiero” quedaría totalmente descartada.Una gran novedad excede el juego político internacional: en el Episcopado argentino tienen casi por segura, aunque dependerá de la intrincada burocracia de la Santa Sede en Roma, la visita del papa León XIV a la Argentina el 9 de noviembre. Visitará primero Uruguay. En Buenos Aires tendrá dos reuniones importantes. Una en la Universidad Católica Argentina con dirigentes, políticos, empresarios y sindicalistas. La otra en el Teatro Colón, con figuras de la sociedad civil y el mundo de la cultura. Desde Buenos Aires viajaría a Córdoba, y volvería para una misa multitudinaria en la Basílica de Luján. No es necesario aclarar el impacto religioso, cultural y político que tendría la visita del sumo pontífice para un gobierno libertario que en alguna medida empieza su campaña el 3 de noviembre, con las elecciones de los EE.UU.La presencia del Papa en la Argentina pondrá en primer plano la agenda de la Iglesia, frente al gobierno de Milei y otros liderazgos ultraliberales como el suyo. En su discurso, el oficialismo menciona una “batalla cultural” que se sostiene en la idea de que el mercado resuelve por sí solo los problemas socioeconómicos. La del Gobierno y la de la Iglesia son dos visiones antagónicas de la vida pública, lo que resultará en que la visita de León XIV influya en el clima político, emocional e ideológico.El estado de ánimo económico es sombrío. Un estudio elaborado por Federico Aurelio, líder de la consultora Aresco, exhibe una paradoja: un Ejecutivo que se sostiene bastante bien en la opinión pública, con posibilidades de reelección, pero que es impugnado por un malestar económico que envuelve a dos tercios de los consultados. Al juzgar la gestión Milei, el 42,8% la valora como positiva o regular positiva, que como la consideran los que prefieren frente a otras. Por el contrario, el 55,1% la considera negativa o regular negativa, que es como se agrupan aquellos a los que no les termina de gustar. Es una situación aceptable, para un gobierno cuya imagen había caído diez puntos porcentuales en tres meses, deterioro que se detuvo en los últimos dos meses. Encontró un piso. El 42,8% a favor se compone de un 10% que considera a la administración Milei como muy buena, un 17,2% que la ve como buena y un 15,6% que la percibe regular. Este último dato es de sumo interés para el oficialismo, ya que es el electorado que podría pasar hacia el otro bando. El 55,1% que rechaza a la gestión Milei, por su parte, se desagrega en un 13,1% que la califica como regular negativa, 8,2% que la considera mala y un 33,1% que la sitúa en el rango de muy mala. Las cifras de Aurelio coinciden con el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG), elaborado por la Universidad Di Tella: el respaldo de la gente al Ejecutivo es, en un rango de 0 a 5, de 2,07. De tomarse como porcentaje, se colocaría en el orden del 41,4%. Por una correlación misteriosa, el ICG se corresponde siempre con los votos que obtendría el oficialismo de turno. Quiere decir que hoy Milei sacaría 41,4% de los votos. Los números contrastan con la situación económica. En el mismo trabajo de la consultora Aresco, el 58% de los encuestados admite haber tenido que endeudarse para cubrir gastos corrientes en los últimos meses. El 18% tiene demoras en los pagos. Se percibe así un clima de malestar en la gente, lo que también afecta al sistema financiero, tanto a las pequeñas empresas de préstamo como a los grandes bancos. Al haber mucha mora, esas entidades deciden no prestar, lo que agrava el estancamiento de muchos sectores de la economía, que opera en el fondo del malestar con Milei.En otro indicador, asociado a las expectativas sobre la situación económica nacional, dos tercios de los consultados (66%) la evalúa como negativa. Esta cifra amenaza al casi 42% de imagen positiva que posee el Gobierno. Al hablar de expectativas, el resultado no es diferente: el 57% no cree que el escenario económico mejore. Un aspecto relevante es la competitividad de cada fuerza política. La intención de voto provisoria hacia Milei, dejando de lado a los indecisos, ronda el 40%. Debajo del Presidente está Axel Kicillof como “candidato natural” y referente opositor por el peronismo (30,4%). Entre ambos hay una diferencia de 10 puntos, lo que abriría la posibilidad a una victoria del oficialismo en primera vuelta, objetivo que se trazó el Gobierno.La Casa Rosada busca ganar en primera vuelta para no exponerse a un balotaje donde jugaría muy en contra el enorme caudal de imagen negativa que tiene Milei: muy inspirador de rechazos. Luego, 8,9% tiene la izquierda con Miryam Bregman, y una opción de peronismo no kirchnerista, con Juan Schiaretti y un 6,6%, siempre proyectando los indecisos como resultado final. Todo esto hace juego con los números de la Universidad Di Tella que le daba a Milei 41,4% si la elección se realizara hoy.A partir de esto surge otro interrogante: ¿Quién tiene capacidad para politizar el malestar? Aparentemente sería el peronismo. ¿Quién puede convertir las expectativas desfavorables y ese 66% de rechazo a la situación económica en movilización de la opinión pública y en votos? Esta es la incógnita de acá hasta el año que viene.Otra encuesta muy interesante es la que hizo el jesuita Rodrigo Zarazaga con el profesor Luis Schiumerini en el Centro de Investigación y Acción Social (Cias). Zarazaga es un especialista en estudiar el mundo de la pobreza, sobre todo en el conurbano. Se trata de una encuesta que indaga en la cabeza de los chicos de 16 a 24 años
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