Quién es Paz Cardoso, la esposa de Diego Forlán que llegó tras el escándalo con Zaira Nara

El fútbol uruguayo atraviesa un proceso de renovación institucional tras la salida de Marcelo Bielsa. Ante este escenario, la Asociación Uruguaya de Fútbol oficializó a Diego Forlán como nuevo director técnico de la selección mayor y del equipo Sub 20. Ignacio Alonso, presidente de la entidad, subrayó la importancia de recuperar el ADN futbolístico de “La Celeste” a través de un proyecto que busca unidad tras años de desconexión. Forlán, quien no dirigía profesionalmente desde 2021, enfrentará su debut en las próximas fechas FIFA con la misión de reinsertar los valores que forjaron la historia del equipo nacional. Este nuevo rol, que combina la gestión estratégica con el liderazgo técnico, representa el capítulo más importante en la etapa post-futbolística de un ídolo que supo reinventarse lejos de los flashes.En este contexto de exposición pública renovada, la figura de Paz Cardoso emerge nuevamente como el pilar fundamental en la estabilidad del exfutbolista. La historia entre ambos comenzó en 2013, cuando Forlán, ya alejado de la vorágine mediática que caracterizó su ruptura con Zaira Nara en 2011, encontró en Cardoso el perfil de vida que buscaba para consolidar su futuro personal. A diferencia de sus parejas previas, Cardoso, médica de profesión y exjugadora de hockey sobre césped, representó desde el inicio una alternativa de vida orientada a la privacidad, el deporte y la estructura familiar.El contraste entre su presente y su pasado mediático resulta inevitable, ya que mientras que el vínculo con la modelo argentina ocupó las portadas de los medios durante meses, y culminó en una separación abrupta a semanas de la boda, y del famoso “Menos mal que no me casé”, su unión con Cardoso se caracterizó por una gestación discreta en el barrio de Carrasco, Montevideo. Según fuentes cercanas, el deportista buscaba activamente la normalidad y el equilibrio que una mujer con intereses alejados del espectáculo podía ofrecerle. Este cambio de rumbo no fue solo emocional, sino que fue una decisión estratégica para salvaguardar su rendimiento y salud mental tras el intenso escrutinio público sufrido tras el fallido compromiso con Nara.La trayectoria de Cardoso como deportista de alto rendimiento facilitó una comprensión profunda de las exigencias que Forlán enfrentaba. Durante el tramo final de su carrera, marcado por destinos exóticos como Japón, ella no se limitó a acompañar, sino que desarrolló emprendimientos propios, como su proyecto de repostería Sweet Devotions. Esta independencia profesional fue un factor clave para que la relación se mantuviera sólida frente a los cambios de residencia y las presiones inherentes a la carrera de un futbolista de elite. Con el paso del tiempo, el proyecto familiar se consolidó con la llegada de sus cuatro hijos: Martín, Luz, César y José.Desde su entorno, la transición de Forlán hacia el retiro y su posterior incursión en el tenis profesional fueron acompañadas por Cardoso, quien logró canalizar su experiencia mediante proyectos educativos y comerciales, como el emprendimiento Riza Juegos y la publicación del libro Mamurrí. Esta faceta de empresaria y dedicada a la crianza permitió que la pareja se mantuviera al margen de las polémicas de la farándula rioplatense, lo que transformó su presencia en redes sociales en una vitrina de hábitos saludables y vida familiar en Punta del Este. Incluso cuando las redes sociales rememoran el pasado del exfutbolista, él prefirió mantener un perfil bajo, focalizado en su nuevo rol como estratega nacional.Para el flamante entrenador de Uruguay, Paz Cardoso no fue solo una compañera, sino la arquitectura que permitió el resurgimiento de su tranquilidad. A sus 47 años, Forlán enfrenta el desafío de dirigir a su país con el respaldo de una familia que le brindó el refugio necesario cuando la prensa argentina aún cuestionaba los motivos de su separación. Mientras el ámbito del fútbol espera ver los resultados de su gestión técnica, su vida privada sigue como el baluarte de estabilidad que le permite afrontar, con otra perspectiva, la presión de conducir el destino de la selección charrúa.
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