Incendiar para evitar los incendios: Cómo funciona la “quema prescripta” y por qué la recomiendan como estrategia de prevención

No todo incendio es necesariamente una catástrofe y, por el contrario, el fuego es el que previene que haya más fuego. Esa es la gran premisa que la comunidad científica forjó a fuerza de mucha evidencia, y es lo que marca un nuevo paradigma para la ecología en general.
Contrario a la idea que primó siempre en la gestión de incendios, han demostrado que no siempre es bueno extinguirlos por completo, porque cumplen un rol clave en la dinámica natural del paisaje, y apagar cada chispa sólo alimenta las posibilidades de que haya cada vez más catástrofes.
Sobre esa renovada postura es que gira en torno el concepto de “quema prescripta”, una práctica especializada que se postula como la estrategia de prevención más eficiente y sustentable frente a la crisis climática actual.
En el inicio de una nueva “temporada de incendios”, la red nacional insta a ponerse las pilas de una vez tener una política de manejo del fuego coherente

Hace algunos años atrás, los ecólogos William Bond y Jon Keeley empezaron a trabajar en el rol que cumple el fuego dentro de los ecosistemas, y hallaron que se comporta como un “gran herbívoro” natural, permitiendo a cada ambiente “reiniciarse” y mantenerse sano.
De hecho, la evidencia arroja que una parte importante del mundo escribió su historia desde la cenizas, y fueron muchos los ecosistemas que evolucionaron gracias al fuego. Es el caso, por ejemplo, de los pastizales pampeanos, el palmar de yatay o los bosques secos que, si no hubiese incendios, hoy estarían completamente tapados por árboles o serían convertidos en selvas.
A nivel global, ya no son los incendios, sino la “arbustificación” lo que más preocupa a los científicos, quienes insisten en que combatir cada chispa deja una huella llamada, justamente, “déficit de fuego”: hojarasca, ramas, pastos y todo un material combustible que se acumula y aguarda para arder bajo las peores condiciones climáticas.

La lógica es sencilla: cada pequeño incendio que evitamos hoy guarda leña para uno gigantesco mañana. Por eso, la clave es conocer cada ambiente y mantener el combustible en el nivel justo, así, en vez de combatir todo el fuego, se evita los más destructivos.
En un artículo de divulgación que retoma varias décadas de evidencia sobre el tema, y fue difundido por la Red de Manejo del Fuego Rural, científicos argentinos destacan la importancia de las “quemas presciptas”, que reducen entre un 62% y un 72% la severidad de los incendios posteriores.
Se trata, en efecto, de una disciplina estrictamente planificada que consiste en aplicar fuego sobre una superficie delimitada, bajo una ventana meteorológica óptima (con rangos específicos de humedad, temperatura y viento) y ejecutada por personal altamente capacitado. La pregunta no es si quemar o no, sino cuándo y cómo hacerlo.

“Devolver el fuego, de manera deliberada y prescripta, a los lugares que lo necesitan es una de las formas más sensatas que tenemos de cuidarlos. Y de cuidarnos”, expresa el trabajo de Diego Broz, Guillermo Defossé, Sandra Bravo, Javier López y Lorena Paszko.
Al respecto, los especialistas destacan que en un pastizal permite consumir la vegetación de la superficie y en un bosque, limpia la vegetación baja entre los árboles, que generalmente funciona de “escalera” para que las llamas lleguen a las copas.
Bien aplicada, aseguran, la herramienta incluso restaura ecosistemas.
El río después del fuego: Investigadores del Conicet analizaron los cambios que sufren los cuerpos de agua tras un incendio forestal, que puede alterar hasta su composición

En Argentina, la efectividad de esta herramienta ya cuenta con antecedentes sólidos que arrojan investigaciones del Conicet y diversas universidades nacionales. Ensayos realizados en plantaciones forestales de Misiones, Neuquén, Chubut y Santiago del Estero demostraron que las quemas prescriptas reducen los combustibles finos hasta un 72%, y que además eso protege a muy bajo costo la inversión realizada.
“El mayor aporte económico de la quema prescripta es la prevención: cada incendio catastrófico que se evita son pérdidas que no ocurren, en infraestructura, en ganado, en plantaciones, en agua potable”, señala el informe.
Asimismo, programas aplicados en la Reserva Campos del Tuyú (Buenos Aires) y el Parque Nacional El Palmar (Entre Ríos) han demostrado que las quemas prescriptas en parches no solo previenen siniestros extremos, sino que restauran la biodiversidad nativa, controlan especies invasoras y multiplican la calidad del forraje para la fauna y el ganado.

“El combustible que no se quema de forma controlada hoy, es la leña de un incendio catastrófico mañana. La diferencia entre quemar y quemar bien es lo que nos separa de tragedias históricas”, expresaron desde la Red de Manejo del Fuego Rural, recordando el paradigmático caso de Puerto Madryn en el año 94, con un saldo de 25 bomberos muertos.
Asimismo, insistieron en que el cambio de paradigma implica ya no intentar expulsar el fuego de los entornos rurales y forestales, sino aprender a convivir con él. Las “quemas prescriptas” necesitan también de políticas públicas y gestión privada integrales que las habiliten y promuevan para resguardar la infraestructura, potenciar las economías regionales, proteger las cuencas de agua potable y salvar vidas humanas.
Leer nota completa en Bichos de Campo →