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Scaloni y la decisión más incómoda: sostener o tocar el mediocampo campeón antes de la semifinal contra Inglaterra
De Paul, Enzo y Mac Allister están lejos de su mejor versión; el técnico tendrá solo cuatro prácticas para definir si sostiene la base
KANSAS CITY (Enviado especial).- Habían pasado pocas horas desde que Argentina había consumado el triunfo agónico contra Suiza cuando Lionel Scaloni ingresó a su habitación en el hotel Origin, se reunió con sus ayudantes y volvió a observar completo el partido que por momentos dejó a su equipo al borde de la eliminación. El técnico quería detectar por qué la selección había jugado su peor encuentro del ciclo en la Copa del Mundo y empezar a corregir errores desde este domingo. Tendrá apenas cuatro entrenamientos -el primero, sin la presencia de los titulares, que trabajarán en el gimnasio- para llegar con un funcionamiento más sólido al cruce ante Inglaterra, un equipo que tampoco parece invencible, pero que será el primer escollo de verdadera jerarquía en el torneo y que, frente a esta versión deslucida de Argentina, puede convertirse en algo más que un rival exigente.Entre los problemas que dejó el partido, hubo uno imposible de ignorar. El mediocampo que durante cuatro años fue el orgullo de Scaloni y despertó elogios en todo el mundo dejó de ser una garantía para la selección. Rodrigo De Paul, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister, tres históricos del proceso, la base del campeón de Qatar y los intérpretes de una manera diferente de jugar, no pasan su mejor momento justo antes del partido más importante del Mundial. La selección está entre los cuatro mejores, pero llegó con el sector de la cancha que marcó su identidad muy por debajo de su nivel colectivo e individual. Esa es hoy la principal preocupación del entrenador.Después del partido, Scaloni fue muy autocrítico en la conferencia de prensa. Admitió que Argentina había jugado mal, que Suiza había sido superior durante varios pasajes, que ganó las segundas pelotas y dominó el trámite durante buena parte del encuentro. Incluso admitió que la expulsión de Breel Embolo, promediando la segunda mitad y a instancias del VAR, cambió el desarrollo del partido y terminó inclinando la balanza para la selección, cuando el panorama volvía a complicarse más de la cuenta.Hay cuestiones que tienen que ver con la postura y con la estrategia elegida por el propio entrenador. Llamó la atención la actitud pasiva del equipo, que por momentos renunció a la tenencia, intentó saltar líneas y apostó al jugo directo para Lionel Messi y Julián Álvarez, incluso desde los saques de arco. Pero el problema fue más profundo. La selección volvió a tener a la mayoría de sus futbolistas con un rendimiento inferior al habitual y, especialmente, a tres nombres que durante años parecieron intocables.De Paul, Enzo Fernández y Mac Allister no fueron solo los volantes del equipo campeón del mundo. También fueron el sello futbolístico de la selección y le dieron a Argentina dinámica, presión, pase, pausa, llegada y una capacidad única para dominar los partidos. Hoy, en cambio, los tres aparecen entre los rendimientos más bajos del equipo.El 1-0 mejoró la actuación de Mac Allister, en una jugada de tiro de esquina que preparó Walter Samuel. El volante levantó en relación con otros partidos, aunque todavía está lejos de su mejor versión. Enzo Fernández tampoco marcó la diferencia, más allá del gol del 3-2 sobre Egipto: tal vez condicionado por su situación contractual en Europa, todavía no termina de arrancar y, por tramos, resultó difícil encontrarlo en la cancha, sin el protagonismo que suele tener. El de De Paul es un caso en sí mismo. Salvo ante Argelia, fue reemplazado en todos los partidos y no ingresó frente a Jordania, cuando Scaloni cuidó titulares, pero a varios les dio minutos durante el segundo tiempo. Es cierto que juega demasiado recostado sobre la derecha y muchas veces tiene que realizar un esfuerzo extra para colaborar con Nahuel Molina, otro de bajo rendimiento y cuyo lugar vuelve a estar en discusión. Pero también que ya no logra imprimirle al equipo el ritmo ni la intensidad que lo volvieron indispensable. Aun así, por su ascendencia dentro del plantel, cuesta imaginarlo afuera en un partido con la carga emotiva de una semifinal contra Inglaterra.La entrada de Leandro Paredes aportó algo de equilibrio, pero no alcanzó para resolver el problema. Ese desorden también repercutió en el fondo. Ante Suiza, Cristian Romero y Lisandro Martínez tuvieron varios cruces importantes, pero fueron tantas las veces que los rivales los atacaron de frente y con pelota dominada que, en el balance, les costó sostener la firmeza de otros partidos. Dibu levantó su rendimiento y se lució con algunas atajadas en el segundo tiempo, aunque tampoco pudo evitar la caída de su arco por cuarto encuentro consecutivo.Scaloni construyó gran parte de su era desde el mediocampo. Por eso, la decisión no pasa solo por cambiar nombres. Tendrá que determinar si toca a futbolistas pesados en la previa de una semifinal, o si modifica la manera de ubicarlos y asignarles funciones dentro de una estructura que vuelva a contenerlos. O si, simplemente, renueva la confianza y apuesta a que recuperen por sí mismos una versión que hasta ahora apareció solo de manera esporádica.Después del 3-2 ante Egipto, el entrenador eligió sostener la formación. Entendió que una remontada semejante podía darle confianza al equipo y que no era momento de tocar demasiado un once que había sabido salir adelante. Esta vez, sin embargo, la posibilidad de introducir cambios parece más concreta. No solo porque el rendimiento ante Suiza fue todavía más preocupante, sino porque Inglaterra junta mucha gente en el medio, tiene futbolistas de buen pie y a Jude Bellingham como principal arma para romper a espaldas de los volantes y encarar hacia el arco. El problema es quién podría ingresar. Una probable inclusión de Nicolás González, la carta que Scaloni se guardó para los segundos tiempos, también implicaría un cambio en la manera de jugar: una Argentina más vertical y con mayor recorrido por las bandas. Otros futbolistas, como Exequiel Palacios, Valentín Barco o Giovani Lo Celso, casi no tuvieron oportunidades más allá del partido ante Jordania.Argentina necesita reconstruir el mediocampo que durante cuatro años fue el corazón del equipo. La duda es si Scaloni lo intentará con los mismos nombres o si buscará alternativas. Porque en una semifinal, ante el rival más duro del torneo, posiblemente no alcance con resistir, sufrir y esperar otra genialidad que mantenga al equipo con vida en el Mundial.