Bedson, el laboratorio que después de dominar la sanidad avícola ahora se la juega por la ganadería bovina

Bedson es, desde hace más de cuatro décadas, un nombre fuerte en la sanidad avícola argentina. Fundado en 1979 por el microbiólogo Arnaldo Colusi junto a Omar Romano, el laboratorio construyó su reputación con productos que se volvieron referencia en aves y cerdos, al punto de exportar hoy a más de 50 países. Pero en los últimos años la empresa decidió escribir un capítulo nuevo, consistente en meterse de lleno en la ganadería bovina, un terreno donde hasta ahora no era tan conocida y que hoy encara como su próxima gran apuesta.
“A Bedson lo tenemos más emparentado y lo asociamos más con lo que es la avicultura, de hecho ese es el origen del laboratorio”, resume Felipe Schlapbach, gerente comercial para Argentina de la firma, al repasar el camino recorrido.
Según cuenta, la compañía “se caracterizó por tener un par de productos muy fuertes en el área avícola y porcina” y canalizó allí buena parte de sus esfuerzos durante años. El giro hacia los rumiantes no nació de cero, ya que hace dos años la empresa decidió “reflotar la idea de sacar uno de esos productos” para el área bovina, retomando ensayos que ya se habían hecho tiempo atrás en tambos, con buenos resultados, aunque en ese momento el laboratorio “no hizo foco en el área de ganadería”.

El protagonista de este desembarco tiene nombre propio: Bedgen 40 Rumiantes, un aditivo zootécnico en polvo pensado para bovinos, ovinos y caprinos, formulado a partir de extracto de hojas de alcachofa (Cynara scolymus) y cloruro de colina protegida. Según describe la propia empresa, sus componentes “favorecen el metabolismo lipídico y aportan propiedades antioxidantes, contribuyendo al equilibrio fisiológico y metabólico de los animales para un mejor rendimiento productivo”.
Bedson lleva más de 15 años trabajando con extracto de alcachofa y, según destaca Schlapbach, la empresa desarrolló durante años proveedores propios que le permiten garantizar “una calidad del extracto de alcachofa y su concentración de ácido clorogénico que creo que ninguna empresa lo tiene realmente”, una combinación que en el organismo del animal actúa principalmente sobre la protección hepática.
Los ensayos que reactivaron el proyecto se hicieron primero en lechería y luego se extendieron a la producción de carne en feedlot, sobre todo en el norte del país, en Salta.

“Realmente estamos con resultados muy sorprendentes. Los de leche ya los sabíamos, pero los de carne realmente nos impactaron”, cuenta el gerente comercial, que atribuye buena parte del hallazgo al trabajo del profesional Javier López López, quien “encontró más utilidad y más uso de lo que pensamos en un primer momento”.

El dato más contundente que arrojaron esas pruebas tiene que ver con la dieta, ya que el agregado de Bedgen 40 permitió reducir el maíz, un insumo muy costoso para la producción en un 16 por ciento, sin resignar kilos de carne producidos y, en algunas categorías, incluso mejorándolos. “Esa reducción hace que el retorno de la inversión de un aditivo sea realmente atractiva”, resume Schlapbach.
Ese resultado conecta directamente con la idea que la propia Bedson eligió como bandera para esta nueva etapa, que es mejorar la capacidad productiva del rodeo sin necesidad de aumentar la cantidad de cabezas. Alicia Romero de Colusi, presidenta de la empresa, lo explica desde la lógica de la compañía: “Trabajamos desde nuestra cartera de productos en las mejoras combinadas de nutrición y sanidad como la variable que define el margen de rentabilidad del productor”. Para Bedson, todo parte del bienestar interno del animal, porque “si el metabolismo no funciona bien, el ternero se enferma más y rinde menos”.

Además de Bedgen 40, la empresa ya suma a su cartera bovina un buffer ruminal y una línea de suplementos con inmunoglobulinas, Omega-3, prebióticos y antioxidantes pensada para las guacheras, ese período crítico de los primeros días del ternero donde se concentran las diarreas y la mortandad.
Schlapbach también pone el foco en otro punto que hoy pesa en los mercados internacionales: estos aditivos apuntan a acompañar la tendencia mundial que busca reducir el uso de antibióticos promotores de crecimiento en la producción bovina, una exigencia cada vez más presente afuera, donde además se valora especialmente la mejora en el marmoreo de la carne, esa grasa que está entretejida entre el músculo y que resulta muy apetecida en esos mercados.
¿Quién fue Arnaldo Colusi? Su esposa Alicia, presidenta del Laboratorio Bedson, destaca los aportes del científico a la industria avícola y recuerda cómo armaron una “pyme multinacional” desde un viejo salón bailable de Pilar

Para el gerente comercial, este desembarco no es un producto aislado sino una apuesta de largo plazo: “Tenemos productos en desarrollo para agregar a la cartera y seguramente tengamos alguna representación de firmas de afuera”. Y agrega que, en un contexto donde “los números se hicieron finos”, el productor ganadero “cuando ve que hay una proyección a futuro, empieza a medir estos productos que le están dando resultado y beneficios”.
Con la misma convicción científica que llevó a Bedson a construir su nombre en el mundo avícola, la empresa apuesta ahora a que la eficiencia y la sanidad sean también el motor de su crecimiento en la ganadería bovina, en un momento que Schlapbach describe con optimismo: la Argentina atraviesa, según sus palabras, “un panorama de muchos años de bonanza” en el sector.
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