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¡Parev!: un cuento sumamente emotivo que toca las fibras más íntimas del espectador
La obra escrita por Pablo Mascareño y dirigida por Herminia Jensezián relata la vida en la Argentina de una sobreviviente al genocidio armenio; se presenta los domingos, a las 19, en el Centro Cultural de la Cooperación
¡Parev! Un saludo que puede ser el tuyo. Autor: Pablo Mascareño. Dirección: Herminia Jensezián. Intérpretes: María Marta Guitart (actriz), Santiago Chotsourian (músico). Voz en off: Thelma Biral. Vestuario, escenografía e iluminación: Herminia Jensezián. Sala: Centro Cultural de la Cooperación, Corrientes 1543. Funciones: domingos, a las 19. Duración: 80 minutos. Nuestra opinión: muy buena.El genocidio de Armenia (deportaciones forzosas y extermino de cerca de un millón quinientas mil personas) provocado por el gobierno de los jóvenes turcos entre 1915 y 1923, es un tema sobre el que la directora Herminia Jensezián trabaja dramáticamente desde hace largo tiempo. Es su manera de poner en cuestión, una y otra vez, aquella masacre que nunca ha sido juzgada. Turquía siempre ha declarado que se trató de “bajas de guerra” o “conflictos interétnicos”.Lo cierto es que muchos sobrevivientes se vieron obligados a cruzar el desierto sirio en busca de una posible vida mejor. En ese trayecto muchos murieron producto del cansancio y de la hambruna. Solo unos pocos sobrevivientes lograron encontrar en otras tierras un lugar de respeto y pertenencia y eso les permitió comenzar una nueva vida.¡Parev! Un saludo que puede ser el tuyo (cuando alguien se encuentra con otra persona le dice “parev”, “buenas”) rescata la historia de la abuela Yeba, la que, siendo muy niña, se vio obligada junto a sus padres y una hermana a realizar una travesía inesperada, compleja y dolorosa, que le posibilitó llegar hasta Buenos Aires. En el trayecto sus progenitores y su hermana fallecieron en el desierto. Ella pudo llegar a Francia porque otra familia la hizo suya y eso le permitió encontrar resguardo seguro.Quien relata en escena es Talin, la nieta de Yeba, En algunos pasajes, su primo Sarkis la ayuda a completar la información que ella aporta. La casa ubicada en el barrio de Valentín Alsina, donde vive parte de esta familia, es el lugar donde se atesoran los recuerdos que irán recuperándose a lo largo del espectáculo.La infancia de Talin está muy marcada por su abuela quien, además, mantiene intactas las tradiciones de su comunidad original. La comida, el café, las reuniones familiares domingueras, la vestimenta (la anciana viste cotidianamente cuatro polleras, una sobre otra, de diversas cualidades textiles, de acuerdo al clima). El monte Ararat asoma muchas veces en las conversaciones porque la anciana nació al pie de él. También la imagen de San Gregorio, por el que Yeba sentía una profunda devoción.A veces la comida, otras el paisaje o las costumbres. Todo se combina entre el pasado y el presente. Los niños aprenden que hay ciertas palabras que es mejor no utilizar, como genocidio, diáspora, hambre. A la abuela le hace daño que el vecino de al lado denomine a los niños, “los turquitos”.A la hora de instalarnos en el presente todo cambia. De a ratos, desaparece el dolor y la nostalgia. Valentín Alsina es un barrio donde varios armenios han logrado instalarse y esto hace que se sientan más acompañados o menos desolados. Si aparece alguna alusión o una canción de Sandro (criado en la zona) las sonrisas se renuevan. También lo hacen si el que canta es Charles Aznavour, el preferido de la abuela, porque era armenio. Más contundencia agrega al relato el momento en que descubrimos que Yeba, se escondía en un cuarto alejado para cantar tangos a solas.Pablo Mascareño construye una historia extremadamente sensible. Logra equilibrar los momentos más duros del relato, con aquellos que exponen una cotidianeidad tranquila y feliz. El dolor no está presente siempre, solo aparece en algunos momentos. El autor sabe cómo activar la memoria y resguardarla y, en ese juego, concibe potentes imágenes que el espectador puede seguir con mucho interés.Herminia Jensezián concibe una puesta austera en la que potencia el relato trabajando detenidamente con su actriz, María Marta Guitart. De ella aprovecha sus recursos genuinos (la expresividad, la emoción) y con ella arma un cuento sumamente emotivo que toca las fibras más íntimas de un espectador que no podrá quedarse al margen de los sucesos que se exponen. Santiago Chotsourian aporta, con su música, los climas ideales para que este acontecimiento teatral tenga un atractivo desarrollo. 4 stars