Estudiaron una dieta extrema en pacientes con esquizofrenia y trastorno bipolar: qué encontraron

Durante años, la dieta cetogénica o “keto” estuvo asociada principalmente a la pérdida de peso. Basada en una reducción drástica de los carbohidratos y un aumento del consumo de grasas, se volvió popular entre quienes buscaban adelgazar. Ahora, un grupo de investigadores decidió ponerla a prueba en un terreno muy diferente: el de las enfermedades mentales graves.El resultado fue un ensayo clínico aleatorizado y controlado, publicado el 8 de julio en la revista científica Schizophrenia Bulletin, que evaluó los efectos de una dieta cetogénica en personas con trastornos del espectro de la esquizofrenia y trastorno bipolar tipo 1. Los investigadores observaron mejoras metabólicas significativas tras un mes de intervención y encontraron señales alentadoras en síntomas psiquiátricos y cognitivos en quienes continuaron la dieta durante cuatro meses.El trabajo fue realizado por investigadores de la Universidad de California en San Francisco (UCSF), encabezados por Samantha Abram y Judith Ford. Según las autoras, se trata del primer ensayo clínico aleatorizado y controlado de este tipo realizado en pacientes con trastornos psicóticos.La investigación incluyó a 58 participantes con diagnóstico de trastornos del espectro de la esquizofrenia o trastorno bipolar tipo 1. De ellos, 28 fueron asignados a una dieta cetogénica y 30 continuaron con su alimentación habitual. Un total de 47 participantes completó la primera fase del estudio, que tuvo una duración de un mes.Posteriormente, 25 personas decidieron continuar con una extensión opcional de cuatro meses bajo el mismo esquema alimentario.Los investigadores explican que el interés por estudiar esta intervención surgió porque los trastornos psicóticos suelen estar asociados a importantes problemas metabólicos. El resumen del trabajo señala que los medicamentos psiquiátricos contribuyen a las elevadas tasas de disfunción metabólica observadas en estos pacientes y que investigaciones previas habían sugerido que las dietas cetogénicas podrían tener efectos beneficiosos tanto sobre el metabolismo como sobre algunos síntomas clínicos.Uno de los primeros hallazgos fue que la intervención resultó viable para la mayoría de los participantes. El 83% de las personas evaluadas diariamente logró mantener un estado de cetosis durante el primer mes del estudio. Entre quienes continuaron durante cuatro meses, esa cifra llegó al 94%. Los investigadores no registraron efectos adversos significativos asociados con la dieta.Tras el primer mes, los participantes que siguieron la dieta cetogénica mostraron mejoras estadísticamente significativas en varios indicadores metabólicos en comparación con el grupo control. Los investigadores observaron reducción de peso, disminución de la hemoglobina A1c y una menor resistencia a la insulina.Además, detectaron una relación que llamó especialmente la atención del equipo. Los niveles más altos de cetonas se asociaron con una disminución de la glucosa en sangre y con una reducción de los síntomas depresivos, incluso después de considerar el efecto de la pérdida de peso.Ese hallazgo llevó a los autores a plantear que la cetosis podría estar desempeñando un papel propio en los resultados observados y que los efectos registrados no se explicarían únicamente por el descenso de peso.Las conclusiones más llamativas llegaron durante la fase de extensión, en la que participaron 25 personas durante cuatro meses.Según el estudio, las mejoras metabólicas se mantuvieron en el tiempo y estuvieron acompañadas por una reducción de los síntomas depresivos y de los síntomas asociados a la esquizofrenia. También se observaron mejoras en el rendimiento cognitivo de los participantes.“La mejora que observamos en los síntomas cognitivos y psicológicos es particularmente importante en las personas con trastornos psicóticos porque los medicamentos actuales para la psicosis no abordan su bienestar mental integral, incluidos los síntomas cognitivos o depresivos, que pueden ser profundamente incapacitantes”, afirmó Judith M. Ford, profesora de Psiquiatría en la UCSF y autora principal del trabajo.Aun así, los investigadores pidieron cautela al interpretar los resultados.La propia Ford señaló que los hallazgos son alentadores, pero que se necesitan estudios más grandes, de mayor duración y completamente controlados para determinar si estos beneficios pueden reproducirse en poblaciones más amplias.Los autores también remarcan que un período de apenas un mes parece insuficiente para captar completamente los posibles efectos de la dieta sobre la salud mental. Por eso consideran especialmente importante que las mejoras observadas en la cognición y en los síntomas psiquiátricos durante la extensión de cuatro meses puedan evaluarse nuevamente en futuros ensayos.En el artículo, los investigadores concluyen que los participantes mostraron mejoras en la salud metabólica, el rendimiento cognitivo y los síntomas clínicos. Sin embargo, reconocen que todavía quedan preguntas abiertas sobre el verdadero alcance de esos efectos y sobre los mecanismos responsables de los cambios observados.Con información de la agencia AP
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