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Por amor a Mara: una terapia matrimonial poco convencional que reflexiona sobre la autenticidad de los vínculos
Crítica de la obra Por amor a Mara, dirigida por Carlos Belloso.
Autoría: Diego Carreño. Dirección: Carlos Belloso. Intérpretes: Sol Canesa, D. Carreño, Cecilia Roche y Miguel Ángel Vigna. Escenografía y Vestuario: Vanesa Abramovich. Iluminación: Víctor Chacón. Producción general: Malditas producciones. Sala: La Carpintería (Jean Jaures 858). Funciones: sábados, a las 22. Duración: 60 minutos. Nuestra opinión: muy buena.¿Cómo separarse y salir indemne? Entregarse a alguna terapia de pareja parecería una razonable estrategia: bajo el manto de haber hecho todo lo posible para el rescate, la desvinculación en cuotas allana el camino al irremediable adiós. Pero no siempre las dos partes coinciden en sus expectativas con el tratamiento. Mientras una alienta cierta esperanza, la otra sabe que será inútil.Mara y Darío son un matrimonio con muchos años de convivencia que ha llegado a ese límite entre caer al precipicio o remontar. Primero, se fueron a vivir a la costa para cambiar el paisaje y, después, contrataron a un par de especialistas en la “terapia neuro-electro-biomolecular”, creada por un tal doctor Bernard Hermann (casual o no, similar al nombre del músico compositor de películas de Alfred Hitchcock). Los dos coaches, llamados Constelación (Sol Canesa) y Astro (Miguel Ángel Vigna), de guardapolvo blanco y anteojos, concurren a domicilio para poner en práctica una metodología poco ortodoxa que, además de generar situaciones disparatadas, deja en claro que la única interesada en insuflar un poco de ternura a esa relación descascarada es Mara (Cecilia Roche), mientras que Darío (Diego Carreño, también autor de la obra) parece cumplir con un trámite aburrido. Sin embargo, todo se desarrollará según el plan acordado por el marido y los “terapeutas”. Por amor a Mara podría ser una comedia matrimonial pero no lo es. Detrás de esa excusa narrativa, emergen otras cuestiones que se vislumbran desde el inicio, a kilómetros de convenciones realistas. No hay living ni sillones. Apenas unas sillas y, de fondo, la imagen de un geométrico laberinto dibujado en una superficie blanca. Ni el timbre es un detalle “hogareño”: suena como carcajada y hace titilar las luces. Aunque hablen entre sí, Mara y Darío no se comunican, están encerrados en sus propios discursos que cada tanto colisionan en las disímiles reconstrucciones del pasado. Solo un recuerdo los convoca juntos, cuando ganaron un concurso de baile que reviven con una coreografía de Footloose (un clásico de la Generación X a la que declaran pertenecer). Salvo este caso, en la que los cuerpos dialogan en movimiento, no hay coincidencias y es Mara quien siempre queda desacomodada en su intento reconciliador.Como en la anterior obra de Carreño (La lengua es un músculo pero el lenguaje es un virus que va por la quinta temporada), el lenguaje es protagonista y esta vez, desde el título: Mara es anagrama de amar como Darío de odiar. Y en lugar de comunicar, genera equívocos y obstaculiza cualquier intento de construir sentido, una constante en la producción de Carreño que en su recorrido de autor e intérprete lleva las marcas de directores como el “Macoco” Gabriel Wolf, Leo Masliah, Claudio Martínez Bel, Leandro Aíta y ahora, Carlos Belloso, que habita el absurdo y la risa inquietante con comodidad no solo como actor sino también cuando dirige. No todo se evapora en palabras que se lleva el viento. Aparece un libro, escrito por Mara, que Darío leerá demasiado tarde. Funciona como un guiño cómplice del autor al personaje de la esposa que aparece, en un muy buen final, bailando “Te espero”, un tema en castellano de Charles Aznavour cuya letra, ahora sí, tiene algo reconciliador para decir sobre la autenticidad de los vínculos y el desaliento que provoca su ausencia. 4 stars