Economía
El poder de cambiar la pregunta
Las innovaciones más transformadoras no siempre nacen de una nueva tecnología; muchas veces surgen cuando alguien descubre un uso inesperado para una herramienta que ya existía
¿Qué tienen en común un radar militar, el GPS y un chat de inteligencia artificial? Que ninguno terminó (solo)haciendo aquello para lo que fue creado. El caso fundacional es de 1945: Percy Spencer, ingeniero de la empresa Raytheon, que descubrió que el magnetrón (tubo que genera ondas en los radares militares) le había derretido el chocolate que guardaba en el bolsillo. En lugar de anotar el incidente como una falla, probó con maíz, después con un huevo, y de esa curiosidad nació el horno de microondas. La tecnología no cambió; cambió la pregunta que alguien le hizo.Martina Rua: cómo encontrar foco en tiempos de distracción y el método japonés que propone resignificar los erroresLos alemanes, como siempre, tienen una palabra para describir esto: umfunktionierung, que se refiere a la transformación funcional de lo que ya existe. La conocí a través del newsletter de Seth Godin, el autor best seller y pensador de marketing. Godin trae el concepto, acuñado por Bertolt Brecht en los años 30, y lo convierte en un llamado a la acción para esta era: no siempre innovamos inventando algo desde cero, a veces el impacto está en cambiarle la función a lo que ya tenemos sobre la mesa. La mayoría de nosotros tomamos las herramientas que recibimos y las usamos tal como fueron concebidas. Seguimos el manual y aceptamos las funciones definidas por quienes vinieron antes que nosotros. Pero quienes desafían el statu quo se hacen otra pregunta: ¿Y si esta herramienta pudiera servir para algo completamente distinto? Si prestás atención, estamos rodeados de ejemplos en los que fueron los usuarios y las sociedades las que desafiaron lo obvio en busca de más. Twitter no fue creado para impulsar movimientos sociales, pero los activistas lo transformaron en una herramienta con un propósito que sus creadores nunca habían previsto. El correo electrónico no fue diseñado para enviar newsletters, pero los creadores de contenido lo resignificaron y dieron origen a un nuevo medio de comunicación. Los teléfonos inteligentes no fueron concebidos para filmar documentales, pero muchos cineastas redefinieron su uso. WhatsApp pasó de ser una app de mensajería instantánea a ser la infraestructura de negocios de muchas pymes argentinas. Hoy son millones las empresas que venden, cobran, atienden clientes, envían presupuestos y hacen soporte desde WhatsApp. No fue diseñado como un ERP para pymes, pero terminó cumpliendo ese rol. La umfunktionierung no exige presupuestos de innovación ni laboratorios de I+D: exige mirar distinto lo que ya está: ¿Qué dato, proceso o activo que hoy tratamos como un subproducto o un desperdicio operativo, podría ser el corazón de un nuevo negocio? ¿Qué están haciendo nuestros clientes con nuestro producto que nosotros no diseñamos ni imaginamos? (Ahí suele estar la próxima línea de ingresos, escondida a simple vista) ¿Y qué función le estamos dando a la IA: la usamos para hacer más rápido lo de siempre, o nos animamos a repensar el negocio? La innovación no siempre es invención. A veces es que, alguien, frente a un chocolate derretido, vea más allá de lo evidente y haga la pregunta nueva.