Caminos y sabores: la feria celebra 20 años de tradición con emprendimientos familiares con mucha historia

Este viernes se llevó a cabo el segundo día de la feria Caminos y Sabores, que celebra dos hitos: sus 20 años y la primera vez que se organiza en los pabellones de BA Ferial, en Costanera Norte. Por eso, el corte de cinta fue una celebración de la que participaron el jefe de gobierno de la Ciudad, Jorge Macri, gobernadores de distintas provincias y el ministro de Desarrollo Económico de CABA, Hernán Lombardi, entre otras autoridades. Javier Calamaro abrió el evento entonando las estrofas del Himno Nacional, y lo siguió uno de los discursos inaugurales, el de Martín Schwartzman, CEO de Exponenciar, la empresa organizadora de la feria. “Hoy no estamos inaugurando una feria, estamos celebrando una historia. Una historia que comenzó hace 20 ediciones y que fue creciendo gracias al trabajo, la pasión y el compromiso de los miles de emprendedores, productores, empresas, instituciones, visitantes que hicieron de Caminos y Sabores un verdadero símbolo de la Argentina que crea, produce y sueña”, señaló.Por su parte, Macri mencionó el impacto, en el desarrollo económico de CABA, que significa un evento de tal magnitud: “Una feria que es probablemente una de las más federales de la Argentina, pero que además tiene la potencia de unir pequeños productores, medianos productores y grandes productores con un gran mercado. [A los productores] les falta dar ese saltito tan importante que es llegar a los grandes mercados, que te desafían, pero que, además, llenan de orgullo a cada productor. Detrás de una familia que por ahí tiene dos, tres o cuatro generaciones haciendo un producto, hay sueños, hay esfuerzos, hay corazón puesto en mejorar un producto, y que puedan llegar a este gran mercado que es la ciudad de Buenos Aires y el Amba”.Y eso justamente, las familias, los proyectos que se heredan de generación en generación, es algo que caracteriza a muchos de los emprendimientos que hoy forman parte de Caminos y Sabores.“En 1917 fueron los primeros carniceros de Colonia Caroya”Familia Grión se especializa en chacinados y fiambres. Como su nombre lo indica, el emprendimiento tiene la característica de ser un sueño familiar. La historia la cuenta Camila, guía de turismo que trabaja en la fábrica de Colonia Caroya, en Córdoba, de donde son originarios, y aunque no es parte de esa familia de sangre, sabe lo que significa: mantener viva la tradición.“Es una historia que nace en el año 1917. Eran los primeros carniceros de Colonia Caroya, una localidad que se encuentra al norte de la provincia de Córdoba. Empezaron haciendo reparto de carne y de chacinados, y actualmente son la cuarta generación elaborando este tipo de productos”, detalló.Ángel, Pepi y Juan Alberto Grión, el abuelo de Diego, uno de los que hoy están al frente de la empresa, empezaron con repartos de carne en jardineras, es decir, camionetas. Eran tres hermanos que recorrían, así, de norte a sur la ciudad de Colonia Caroya. Entre los productos, la carne, predominaban los chacinados.“Tenían una carnicería en su casa, entonces vendían, eran conocidos por ser los carniceros de Colonia, pero también empezaron a incursionar en el mundo de la salaminería, de los chacinados, porque en Colonia era un ‘pecado’ no hacer productos chacinados”, contó.Con el tiempo, solo Juan Alberto siguió con el negocio, el rubro carnicero que los había caracterizado hasta entonces. Su hijo, Armando Dante, siguió sus pasos y se unió al proyecto, al que también se incorporó, más tarde, su esposa Griselda. Sus hijos, Daniel y Diego soñaron desde pequeños con tener también una fábrica de chacinados. Y en 1995 la empezaron a visualizar. Pero esta recién se abrió en 2008, cuando inauguraron las plantas que todavía hoy tienen en aquella ciudad cordobesa. Ahora participa, a su vez, Cristian, de 19 años, que ya forma la cuarta generación de los Girón en el negocio.El legado familiar se siente también en las recetas, muchas de ellas heredadas de aquellos primeros parientes que arrancaron con el proyecto. El salame etiqueta negra, por ejemplo, es el mismo salame que hacía don Armando, el padre de Diego. “La tradición es la misma, es heredada”, remarcó Camila.“Nos caracteriza la historia, la cultura y la tradición directamente. La receta va trascendiendo de generación en generación, y seguimos tratando de trabajar para que siempre sea la misma, con algunas mejoras, pero yo diría que nos caracteriza eso, la historia, la cultura y la tradición de la familia”.Aunque los dueños están actualmente de viaje, ellos esperan cada año la nueva edición de Caminos y Sabores: “Nos gusta estar, ser parte, porque, el salame es un producto emblemático de Colonia Caroya y de la Argentina también. Entonces, más ahora con el aire mundialista que hay. El tema de la picada siempre hay que destacarlo, así que queríamos formar parte como todos los años, porque es un evento maravilloso donde uno puede conocer colegas, hacer nuevos clientes, dar a conocer la marca, por eso siempre tratamos de estar presentes”, concluyó.Con un horno chiquito en el comedorJimena Farías participa de la feria hace tres años, como en el caso anterior, también junto a su familia. Ella está al frente de Ajo Negro Oro Rubí, un proyecto que tuvo origen en la curiosidad de su madre y el acompañamiento de su padre. En 2014 se incorporó ella. “Mis hijos eran chiquitos y hoy en día están trabajando con nosotros”, contó. Una vez más, como muchos de estos emprendimientos, la familia está detrás de todo.Su producto es uno de los más originales: hacen ajo negro. Tienen su propia plantación en San Rafael, Mendoza, en donde cosechan ajo orgánico, y su planta de procesamiento en donde lo transforman en negro. ¿Qué significa eso?: “El ajo negro es ajo cocido. Nosotros partimos del ajo blanco, y tenemos hornos especiales donde controlamos solo la humedad y la temperatura, y cocinamos los ajos durante 35 días hasta que quedan dorados por fuera y negros por dentro. A partir de los bulbos, elaboramos distintos productos”, explicó.Entre esos productos se encuentran mieles con ajo, dientes enteros y pastas. El gusto de este tipo de ajo es similar al conocido, pero más suave, y, asombrosamente, las combinaciones —con miel, con quesos— son ideales. La idea original fue de su mamá, que buscaba una alimentación más saludable y así, de casualidad, se cruzó con el producto y le encantó. Además, como el blanco, este mantiene las propiedades por la que el ajo es tan alabado: para el colesterol, la hipertensión, como energizante. “Lo que buscaron con este proceso es que el hecho de consumir el ajo no sea tan invasivo y sea más amigable. Entonces ella lo encontró por ese lado, lo empezó a consumir, le hizo bien, le encantó, y empezó primero comercializándolo, y como tuvo muy buena recepción, pero no encontraba que abastecieran la demanda que ella tenía, empezaron a investigar, a tratar de de cocinarlo ellos mismos”, continuó. Empezaron en chiquito y caseros: en la casa. “Tenían un horno chiquito en el comedor. Entrabas a la casa y había un olor terrible”, bromeó. La idea prosperó y consiguieron abrir la planta. En este, su tercer año como participantes de la feria, destacó el acercamiento que le posibilita con los clientes: “Porque durante el año nosotros trabajamos con distribuidores, comercios y la tienda online. Pero este es el punto de encuentro que nosotros tenemos con el consumidor. Y la verdad es que el ajo negro, si bien en los últimos años ganó mucho protagonismo en la cocina, todavía necesita hacerse conocer. Acá lo pueden probar”.
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