Decorar las paredes de casa con platos de porcelana: una historia que se remonta a más de 1000 años

Durante el siglo XX, los platos no solo servían para comer, sino que también tenían el propósito de decorar las paredes de los comedores y livings de las casas de clase media. Dos, tres y hasta media docena de esta vajilla de porcelana con pinturas delicadas se diferenciaban de los utensilios que se destinaban al almuerzo o cena. Esta tradición, por más argentina que parezca, nació a miles de kilómetros de distancia.El “oro blanco” La vajilla de porcelana nació en el 206 a. C. en China, gracias a una fórmula especial que combinaba caolín y feldespato, y que los artesanos eligieron conservar para asegurarse una exclusividad en el mercado y en la antigua Ruta de la Seda.En comparación con la arcilla, era resistente; brillaba y su textura suave la diferenciaba de otros materiales como la madera, la plata o el oro. Además, el sabor de la comida no se contaminaba y lo preservaba con el correr de los minutos. Se trataba de un lujo que fuera de los límites del imperio oriental; solo unos pocos podían acceder.Al mismo tiempo, en Europa, las personas comían en cuencos de madera o platos tallados, de un costo ínfimo y accesibles a cualquier estrato social. Gracias al comercio con Asia, años más tarde de su surgimiento, llegaron las primeras piezas de porcelana al continente en el siglo XV.Así es como surgió la necesidad de contar con vajilla ornamentada y llamativa. Se buscaba tener objetos únicos, con el propósito de demostrar riqueza y poder, según mencionó el sitio alemán Battle Marchant. De esta manera, la influencia china impulsó la compra y venta de porcelana al otro lado del mundo. Poseer un plato o una taza de este material representaba un cierto estatus económico. La nobleza de la corte y los reyes eran dignos del “oro blanco”, según se mencionó en el sitio web ruso Dvaveka.Tan imponentes eran aquellos utensilios que en los palacios reales no se utilizaban para comer, sino que se contemplaban como una obra de arte. Eran caros y se exhibían a los invitados en mesas, esquineros o en pequeñas vitrinas, pero nadie los utilizaba para comer, a excepción de cenas o almuerzos importantes. La popularización de la vajilla de porcelana en EuropaA diferencia de China, los europeos transformaron en tendencia el uso de la vajilla de porcelana con diseños pintados en tinta azul y otros colores oscuros. En el siglo XVI los franceses desarrollaron una pequeña industria de estos utensilios y más tarde se replicó en Italia. Así los artesanos aprendieron las técnicas para hacer sus propios platos, tazas y fuentes sin la necesidad de depender del comercio chino.Aunque la calidad no se comparaba con la oriental, la vajilla europea empezó a estar presente en los hogares de la pequeña burguesía. Para el siglo XIX, cada vez más familias eran dueñas de una colección de porcelana.En Europa del Este se continuó con la costumbre de mostrar los platos como símbolo de estatus. Aquellas personas de clase media colgaban como cuadros estos utensilios en las paredes y los mostraban al resto, como en la Edad Media. Gracias a la inmigración europea a la Argentina en el siglo XX, esta tradición también se instaló aquí y se volvió popular. En la actualidad, colgar platos como un objeto decorativo puede resultar antiguo y hasta extraño. Sin embargo, esa costumbre conserva un hilo histórico de más de 1000 años, que nació en China, mutó a una identidad de poder en Europa y más tarde se mantuvo en Argentina, como una obra más de arte para embellecer los comedores y livings.
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