Economía
Las mil y una vidas de Mario Pergolini: el hombre que anticipa las olas
Desde CQC hasta Otro Día Perdido, la innovación, los riesgos y la convicción de que quedarse quieto nunca fue una opción, forman parte de su ADN de emprendedor serial
Hay personas que entienden antes que nadie hacia dónde va el mundo. Mientras la televisión todavía dominaba el prime time, Mario Pergolini ya imaginaba internet. Cuando la radio parecía haber encontrado una fórmula inalterable, decidió romperla. Y cuando muchos seguían discutiendo el presente de los medios, él ya estaba pensando en la próxima plataforma. Su carrera puede leerse como una sucesión de cambios de época. Y, en buena medida, también explica cómo cambió la manera en que los argentinos consumimos contenido durante los últimos treinta años.Conductor, productor, empresario y emprendedor tecnológico, Pergolini es uno de los grandes protagonistas de la transformación de los medios argentinos. Desde Caiga Quien Caiga hasta Vorterix, pasando por Rock & Pop, Cuál Es?, CQC, su paso por la televisión, la radio, el primer streaming que llegó antes que la audiencia y el universo digital siempre estuvo atravesado por la misma obsesión: adelantarse.Pero detrás del personaje provocador conviven varias contradicciones que a él mismo le divierten y hasta reconoce. El hombre que durante años sostuvo que la televisión había muerto hoy volvió a conducir uno de los programas más exitosos del prime time, Otro Día Perdido. El que hizo de desafiar lo establecido una marca personal admite que cambiar de opinión también forma parte del aprendizaje. Habla mucho más de errores que de éxitos aunque su realidad fue justamente lo contrario, entiende que emprender implica convivir con la incertidumbre y encuentra en la inteligencia artificial un punto de inflexión tan grande como el que significó la llegada de internet.En esta nueva edición de Hacedores que inspiran, de LA NACION + EY, uno de los innovadores más influyentes de la Argentina reflexiona sobre el futuro de la tecnología, el rol de los medios, el liderazgo y la importancia de animarse, una vez más, a empezar de nuevo. Un emprendedor serial que encontró también en su familia y en la intimidad de su casa su verdadero lugar en el mundo. -¿Qué significó la etapa del Walkman en tu vida y en la de los argentinos?-El Walkman marca algo increíble. Uno se tiene que trasladar a lo que eran los ’80, cuando escuchabas música en tu cuarto y tus padres te decían: “Bajá el volumen”. Esa guerra entre padres e hijos.El Walkman me pareció una locura: poder salir a la calle con música. No había existido nada así. Te ponías los auriculares, se apagaba el audio urbano, te aislabas y empezaba otra película. Para mi generación, el Walkman fue hacer portátil la música. Era algo increíble.-¿Y la radio fue un refugio, un escape? ¿Qué fue para vos?-No. Para mí la radio fue un lugar donde quería estar. Desde que empecé, a los 16 o 17 años, cuando me rateaba del colegio para ir a la radio y conseguir ese primer trabajo, todavía estando en el colegio.Para mí era algo increíble porque creo que tenía la vocación. Yo quería hablar, quería contar cosas y, sobre todo, quería pasar música. Lo importante era la música. Me parecía que en esa época nadie hablaba demasiado de música. Por supuesto había gente súper importante, como Badía, pero desde otro lugar. Gente que admiré desde chico y en la que me vi reflejado para hacer todo lo que hice, incluso Larrea.Yo de chico escuché mucha radio porque en mi casa estaba muy presente. Entonces entrar a la radio fue decir: “Yo soy de acá. Yo pertenezco acá. Yo puedo hacer cosas acá”. No me imaginé todo lo que iba a venir -¿Empezás con Malas Compañías a la noche?-Empiezo un programa que se llama Todo Mal y después hago Malas Compañías a la noche. Primero hago un programa con Ari Paluch que se llamaba Feedback, al que le fue muy bien. Después, por cosas de chicos, decidimos romper esa sociedad.Ari se queda con la tarde y yo me voy al final de la noche, que era un horario marginal para la FM. Nadie escuchaba radio de noche..-Se hace un hábito, empezás a crecer. ¿Y cómo llegás a la mañana?-Hago mucho tiempo la noche y llego a la mañana porque queda libre ese horario en Rock & Pop. La mañana de Rock & Pop había sido Radio Bangkok con Lalo Mir. Era una mañana que sin dudas era una escuela de radio. Con la FM ya protagonista de una generación. Los jóvenes escuchaban FM y la AM era para gente mayor. Rock & Pop rápidamente se entrega a los oyentes y se destaca muy rápido.Nosotros empezamos un programa llamado Cuál es?. En realidad empieza a la tarde unos meses, hasta que la mañana queda libre y Daniel Grinbank me dice: “Ponete a hacer la mañana”. Era una locura porque hacer la mañana, a esa edad, era ordenar demasiado mi vida: levantarme temprano...Si bien ya estaba casado, llamo de vuelta a Eduardo de la Puente, con quien había dejado de trabajar. Éramos muy chicos. Estoy hablando de principios de los ’90. Y ahí empieza Cuál es?. Un programa que marcó una generación.-¿Daniel te había sugerido eso para ordenarte?-No. Viéndolo hoy, con el diario del lunes, creo que Daniel tenía otra mirada. Con Malas Compañías había pasado algo muy fuerte. Un horario marginal terminó siendo casi un horario central. Llegó a tener el 78% de la audiencia. Una barbaridad.Yo creo que Daniel apostaba a que, con el tiempo, yo iba a terminar siendo televisivo. Después me lo dijo. Me decía: “A mí me parecía que eras el único que iba a terminar siendo televisivo”. De hecho, después me invita a hacer Rock & Pop TV y ese tipo de cosas, que fueron un éxito fracaso.-¿Cuántas vidas hay en tu vida?-Creo que hay una primera etapa radial. Después otra, mucho más conocida, toda la etapa de Rock & Pop. Creo que tengo otra vida televisiva, que va más allá de La TV Ataca y Hacelo por Mí. Esa fue con pelo largo, mucho rock, súper flaco. Y digo súper flaco como un problema, no como algo estético.-Te voy a mostrar cuatro tapas tuyas de la revista Rolling Stone. Contame con cuál te sentís más reflejado...-Hay una que es de las tapas de Rolling Stone más recordadas. Fue el número dos de Rolling Stone Argentina.-¿En qué momento te encontraba?Creo que ya empezando Cuatro Cabezas con Diego Guebel. Me iba muy bien en radio y doy el paso a la tele. La TV Ataca y Hacelo por Mí habían sido un paso muy importante para mí. Tal vez para una generación, pero indudablemente yo no fui el ganador de esa contienda. No para el mainstream.Otra es una tapa del libro de Rolling Stone y siempre me llamó la atención que pusieran “Anatomía de un psicópata”. Mi hijo mayor, Tomás, era chico. Me acuerdo que fuimos a ver una muestra por el aniversario, donde entrabas por mi boca, y me preguntó: “¿Psicópata es bueno?”. Le dije: “Sí, bueno... en este contexto es bueno”.Otra es cuando yo decido irme. Y esta es Cuál Es?, cuando cambiamos todo un piso. Yo le digo a la gente de Rock & Pop que necesitábamos empezar a hacer contenido diferencial.Les hablo de internet, les digo que había una nueva tecnología que podíamos usar, y ellos no creían mucho en eso.Entonces dije: “Bueno, yo me hago cargo de todo esto nuevo que se llama internet”, e hicimos el primer programa que se hizo vía streaming a nivel mundial. Es una locura decirlo ahora, pero no había programas así.De hecho, hasta desarrollamos tecnología para hacerlo. Y por culpa de eso nace una compañía que todavía seguimos teniendo, que empezó haciendo todo el desarrollo tecnológico solamente para un programa de radio, que era Cuál es?.-¿Cómo recordás la etapa de romper con un éxito semejante?Para mí fue difícil porque era romper con Rock & Pop después de casi veinte años. También había terminado la tele, habíamos vendido Cuatro Cabezas, yo me había ido de Caiga Quien Caiga y directamente dejé la televisión. Hace catorce años de eso.Tenía que renovar el contrato con Rock & Pop. Me dicen que siga haciendo la mañana y les digo: “No. Hay un teatro acá cerca. Esto va a cambiar. Los medios están cambiando. Todavía no se percibe, pero está pasando”. O, por lo menos, eso era lo que yo veía.También les doy la derecha por haber desconfiado, porque era muy difícil entender que eso podía pasar. Era una apuesta muy fuerte. Les digo que no voy a renovar y que solo lo haría si hacíamos lo del teatro. Me dicen que no.Entonces, junto con quienes hoy tienen el teatro, que es MTS, armamos todo ese proyecto para hacer Vorterix, que fue el primer streaming comercial del mundo. Todavía YouTube no hacía streaming. La tecnología no estaba instalada. Ni siquiera había suficiente ancho de banda en las casas para transmitir audio y video de esa manera. Y lo hicimos. -Te arranco por una serie de emprendimientos, algunos más conocidos y otros menos conocidos. Por ejemplo, el tema de internet y vos se cruzaron todo el tiempo, al punto de crear una compañía.-Claro. Cuando yo me meto con un grupo de gente, con Hernán Arrojo y Luis Quineli, ellos estaban armando lo que eran los BBS. Yo los conocí ahí, aprendiendo cómo conectar una computadora vía módem telefónico con otra computadora.Eso era preinternet. Eran los BBS, y ese BBS era Sion, que terminó siendo una compañía grande de internet. Le fue muy bien. Perdimos un amigo en el medio del proceso, Hernán. Éramos todos muy chicos.-¿Fue un duelo muy grande?-Cuando sos chico no pensás que tus amigos se van a morir. La muerte no está en los veinte o treinta años. Nosotros éramos una generación que jugaba al límite, pero nunca pensábamos que eso podía pasar.-Cuatro Cabezas también fue un cambio de modelo de negocio para la televisión. Vos venías de Hacelo por Mí, de desarrollar proyectos como empleado, y en un momento decís: “Toco la puerta de alguien”, y ¿qué decís?-Ahí nos encontramos con Diego Guebel. Nos conocíamos desde los 17 años. Los dos estábamos sin trabajo. Bueno, yo hacía radio, pero no era lo mismo que hacer televisión. Eran otros números. Justo en ese momento la televisión estaba pasando un momento económico complicado y le costaba apostar por cosas nuevas. Eduardo Eurnekian estaba comprando América. Nosotros sin trabajo y él arrancando, con una mentalidad muy visionaria. Ahí empiezan Cha Cha Cha y muchos proyectos.Nos preguntan a Diego