A 15 años de la muerte de Facundo Cabral: su frases, sus canciones y el cambio de último momento que terminó con su vida

Predicador, vagabundo, juglar de finales del siglo XX, místico, fabulador sin malicia, humano: Facundo Cabral era un tipo raro. No por exótico sino porque su vida no estaba orientada al confort que la mayoría de los seres humanos busca. Tan simple como eso. Conoció el éxito gracias a canciones como “Vuele bajo” y “No soy de aquí ni soy de allá”, y los tiempos de andar con lo puesto. La vida lo hizo andar, durante décadas, y la muerte, que ese día andaba buscando a otro, se lo llevó por error. Hoy, justamente, se cumplen quince años de ese siniestro y nefasto malentendido.“Yo soy el hijo de Sara y con eso es suficiente. Además soy la peor parte de Isabel, que es mi mejor parte. Soy el cantor de un pueblo que no me pertenece; moderadamente argentino y exageradamente Cabral. Repetidor de Whitman e inventor de mí mismo; orgulloso del hambre que me tiene despierto y asombrado de ser parte de este asombroso universo. Soy un hombre que canta naturalmente entre los hombres que callan inexplicablemente. Y me acuerdo, porque la primera condición que debe tener un cantor es buena memoria. El sabio [Rabindranath] Tagore decía que cuando el hombre trabaja Dios lo respeta. Mas cuando el hombre canta Dios lo ama”, le gustaba decir.Entre aquél Rodolfo Enrique nacido en La Plata el 22 de mayo de 1937 y el Facundo de los escenarios, entre el mito y la veracidad, hay un punto medio de historia y realidad que hoy ya poco importa. Porque el personaje, las canciones y sus reflexiones convertidas en versos, se impusieron y trascendieron.La bala puso fin al hombre. Fueron varias balas. Aquello pasó en Guatemala. Luego de haber cantado en el teatro Roma de Quetzaltenango, Facundo Cabral se dirigió al hotel Gran Tikal Futura y al día siguiente (9 de julio de 2011), alrededor de las cinco de la mañana, partió para el Aeropuerto. Habría decidido tomar un transfer desde el hotel, pero el empresario Henry Fariña, que había sido el productor local que lo había contratado, le ofreció llevarlo. Facundo aceptó, subieron a la camioneta del productor y a poco de comenzar el trayecto fueron emboscados y acribillados. La muerte de Cabral fue instantánea. De la investigación surge que el atentado no era contra él sino un ajuste de cuentas planeado para sacar del medio a Fariña, un poderoso narcotraficante.Cabral habría sido payador, a principios del 1900, en la época de Gabino Ezeiza. O sería rapero, en estos tiempos de música urbana y freestyle. Fue un juglar porque eso era lo que mejor lo representó en su tiempo (aunque la juglaría es un arte que tiene siglos). Fue juglar porque cantaba canciones, contaba historias y era “entretenedor” de públicos que prefirieron sorprenderse escuchando comentarios sagaces que haciendo palmas en festivales de euforia. “Cantar y contar la vida es mi manera de andar”, decía quien se jactaba de no haber tenido casa y de vivir casi siempre en hoteles.Fue profeta de su propia religión, una que tuvo una considerable cantidad de adeptos. Ferrocabral (convertido en un disco) puede ser uno de esos ejemplos. El de un predicador que declama en tiempos en los que los libros de autoayuda todavía no estaban de moda; tampoco los de las soluciones mágicas para arreglar al mundo. Facundo era el de la generación del pacifismo, que entonaba oraciones, que cantaba prosas, con las “erres” un poco patinadas hacia la “g”. Lo hacía sin dogmatismos religiosos ni políticos. La utopía y la fe fueron pilares de su arte de voz y guitarra. La música no le permitió viajar. Fue al revés. Su espíritu andariego le permitió hacer música. Todo eso acompañado por un gran poder de reflexión e imaginación. Contada en sus propias palabras, su vida fue una especie de película. Solía decir que fue mudo hasta los 9, analfabeto hasta los 14 y que había enviudado de manera trágica a los 40.Su padre había abandonado a su madre poco antes de que naciera Facundo, séptimo hijo de la pareja. (Otra vez habrá que decirlo y repetirlo) en sus propias palabras, fue ese chico inquieto que conoció a Juan Domingo Perón en un acto público en La Plata (se trepó a su coche para pedirle trabajo). Estuvo preso, visitó 165 países, citó a personalidades como Gandhi y la Madre Teresa de Calcuta en sus espectáculos. Se nutrió de la obra de Walt Witman y de la de Jorge Luis Borges. Fue el que caminó y caminó. El que interpeló con sus frases la cotidianeidad burguesa del ser humano.“Ando solo por la vida con un tono y dominante, modestamente cantor sin pretensión de enseñarte. Porque si el mundo es redondo no sé qué es ir adelante. Andar y andar siempre andando nada más que por andar. No vine a explicar al mundo. Solo lo vine a tocar. No quiero juzgar al hombre, al hombre quiero contar. Mi condición es la vida y mi camino cantar. Cantar y contar la vida, es mi manera de andar”.Quince años pasaron de su asesinato. Cualquier búsqueda sobre Cabral nos traerá sus frases; las pacifistas, las místicas, las universales, las filosas y sagaces, las increpantes. Y muchas de ellas estarán recopiladas en su cancionero.En cancionesDurante el último lustro hubo un par de ediciones para evocarlo. En 2021, el músico Mauro Guiretti realizó un disco de homenaje, Esclavo de la libertad. Grabó casi una docena de canciones para recordarlo y para que, de algún modo, ese cancionero siga viajando. En agosto de 2024, Sony Music publicó sus primeras grabaciones, al cumplirse sesenta años de aquellos registros. Por entonces -mediados de la década del sesenta- parecía un nuevaolero que interpretaba canciones con el nombre artístico de Indio Gasparino. Actualmente, aquellos temas se pueden encontrar en plataformas digitales.
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