Jeremías Sergiani-Velázquez: se fue en 2010 a Estados Unidos, obtuvo una beca del Mozarteum y hoy es violinista del MET de Nueva York

La Camerata Rosario, que dirige Danisa Alesandroni, emprenderá una mini gira de tres conciertos con un programa que incluirá las Cuatro Estaciones de Vivaldi y las Cuatro Estaciones Porteñas de Piazzolla. El maratónico periplo tiene funciones agendadas en Rosario (el jueves 16, en el Teatro El Círculo), Buenos Aires (viernes 17, a las 21, en el Auditorio de Belgrano) y en Córdoba (el sábado 18, en el Teatro Comedia).La particularidad es que tendrá como invitado al violinista Jeremías Sergiani-Velázquez, que lleva más de una década y media radicado en los Estados Unidos. Cuando se toma unas semanas de vacaciones enfila para la Argentina para visitar a su familia y, si se puede, tocar. En realidad, programar conciertos son la mejor excusa para volver. De hecho, su esposa, la flautista Katie Althen, es bastante fan de nuestro país y la que lo impulsa a programar actuaciones en la Argentina. Katie tiene agendado para el 12 de julio un recital de flauta y piano con Natalia Suriano en Pro Música Rosario. Jeremías, antes de la gira con la Camerata tiene un concierto como concertino invitado de la Sinfónica Nacional, con dirección de Emmanuel Siffert. El programa incluye obras de Franz Liszt y Alex Nante.Jeremías dejó su Córdoba natal a los 18 y llegó a los Estados Unidos en 2010. Se formó en el New England Conservatory (donde conoció a Katie) y luego en la prestigiosa escuela Juilliard. Integró la Orquesta Sinfónica de Pittsburgh y la Orquesta Sinfónica Grant Park de Chicago. Realizó giras con la Orquesta de Cámara Orpheus y fue concertino de los New York Classical Players. También realizó una intensa actividad en música de cámara e integró el cuarteto tanguero de Pedro Giraudo. View this post on Instagram Lo más cotidiano para Jeremías es ser solista de la fila de segundos violines de la orquesta de la Metropolitan Opera House de Nueva York (MET), que en la temporada 2026-2027, tiene una agenda de unos 18 títulos (el 30 por ciento son producciones de estreno). Es decir, estará ocupado, incluso con las giras que hace la orquesta. Pero busca nuevos desafíos.-¿Le podés explicar al lector el rol de primer violín de los segundos de la orquesta y como llegaste a ese lugar?-Iba a comenzar en 2020 pero por la pandemia se postergó. Pasé 17 meses en la casa de mis suegros. Es decir, en la casa de los padres de quien entonces era mi novia. Por suerte la pasamos bárbaro. Recién en 2021 comencé con la orquesta. Para explicarlo, una orquesta tiene unos 14 “primeros” violines, otros 14 “segundos”, unas diez violas y ocho chelos. La primera silla de los segundos violines lidera la sección y es el nexo entre esa sección y el director. Además tiene que estar en contacto con los solistas del resto de las secciones. Hay que liderar, dar confianza, musicalmente hablando, a la sección, y estar bien preparado y escuchando a los cantantes, porque hacemos ópera.-Con la cantidad de títulos que tiene el MET, la actividad es fuerte. ¿Queda tiempo para otra cosa?-El MET hace siete funciones por semana. Cada uno de nosotros tiene que participar en, al menos, cuatro, más los ensayos. Yo hago cuatro o cinco por semana. Pueden ser cuatro óperas diferentes y en los ensayos, otras que son las que tendremos funciones más adelante, en dos semanas. Es como una calesita de repertorio que se mueve y tenés que mantenerte a flote. Pero, la verdad, me encanta. Es buena la orquesta, son buenos los colegas, me encanta el repertorio que hacemos. Es mucho trabajo, pero es mi pasión.-¿Fuera de lo musical, como es tu vida allá?-La realidad de conseguir trabajo es complicada. Es estadísticamente difícil. Llegan 400 currículums para un puesto. Tenés graduados de distintas escuelas que tocan muy bien. Es una competencia, hay mucho de preparación y se trata de estar en la mejor forma posible. Y hay otro tanto de circunstancia. Me presenté en varios lugares. En las primeras audiciones que hice no me fue muy bien. Cuando gané en el MET logré algo que se sentía como un sueño. Luego, vivir en Nueva York, obviamente es una ciudad muy cara, pero por suerte estamos cómodos. Nos mantenemos muy activos. Mi esposa da clases, tiene un ciclo de música de cámara. Siempre está dando conciertos. Y ahora va a dar recitales en Buenos Aires y Rosario. Tratamos de hacer mucha música de cámara porque eso nos mantiene la inspiración rodando. No hay que perder la inspiración para que no se sienta como un trabajo. Obviamente, hay días en los que uno no tiene ganas de ir.-¿Cómo será la experiencia tanguera con la Camerata?-He tocado otras cosas de tango pero nunca las estaciones porteñas. Ignacio Quiroz y Danisa me hicieron la propuesta y me encantó la idea de esta Camerata que tiene la flexibilidad de muchos tipos de repertorios. La verdad que hasta ahora ha sido un placer. Son todos increíbles músicos en la orquesta y Danisa también. Estoy contento de colaborar con ellos.-¿Hay un plus emocional al momento de tocar acá?-Me pone nervioso tocar en Córdoba. Súper contento y nervioso. En los últimos tres o cuatro años vuelvo todos los años. Y toco música de cámara. También me gusta dar clases, cuando hay oportunidad. Porque me siento afortunado. La realidad argentina es difícil para salir a formarse. Mi familia lo vivió en carne propia. Sin la ayuda de mis padres, tías y abuelos, y de mi profesor en Córdoba, Fabricio Valvasori, no hubiera podido hacerlo. Ahora que estoy más establecido, mi sueño es volver más y dar clases, tocar conciertos, colaborar con la sinfónica o con otras orquestas.-¿Y tu esposa?-Y ella, que es de allá, es la que más le gusta venir. Le encanta Buenos Aires. “¿Cuándo vamos a ir?, me dice. “Vamos, organicemos un recital”. Y esa es la razón por la que comencé a venir más. A veces quiero descansar, porque la temporada [de ópera en el MET] estuvo muy ocupada. Pero al final venimos, organizamos cosas y me re engancho.-Ahora estarás de vacaciones del MET, que está por comenzar la temporada 2026-2027.-Claro. Empieza en septiembre, pero en la mitad de agosto nos vamos de gira por Europa. Salimos de gira una vez por año. El que viene nos toca Asia.-O sea que las vacaciones son para seguir trabajando.-Pero me da una energía bárbara. Me motiva. Me encanta mi trabajo. Venir acá es hacer cosas con otros anteojos. Otro punto de vista. Me recarga más que una vacación sin hacer nada.-¿Cuándo a los 18 decidiste formarte afuera, Estados Unidos fue la primera opción?-Originalmente pensé en Europa por los costos. En Estados Unidos los costos son prohibitivos para nosotros. El costo académico puede ser de 40 mil dólares. -¿Por año?-Sí. Mis padres son de clase media, empleados públicos. Nunca me faltó nada, pero no había chances para eso. Tuve la buena fortuna de haber conocido en Brasil a quien luego fue mi profesora, Miriam Freed. Fue ella la que me dijo si quería ir a Boston, para estudiar con ella. Y por suerte en New England me dieron una beca completa. Aun así fue difícil. Al año siguiente, el Mozarteum Argentino me dio una beca por tres años. Sin ellos hubiera sido imposible.-¿Cómo fueron las primeras experiencias?-La primera vez que fui a audicionar, iba escuchando al resto de los chicos y eran, literalmente, los mejores violinistas que había escuchado en mi vida, en persona. No hablo de discos. “¿Qué estoy haciendo acá?“, pensaba. Síndrome de impostor al máximo. Recién cuando me graduó dije: ahora quiero un trabajo. Mientras estudiaba en la Jiulliard tocaba música de cámara y tango, en milongas, con el grupo de Pedro Giraudo.-¿Qué fue lo más difícil?-Ese principio de ver a los chicos de mi edad tocando Paganini. Estuve cuatro años estudiando. No había atajos; había que estudiar. No salía, no conocía Boston. Me la pasaba estudiando. No era lo más saludable, pero me sirvió para mejorar.
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