Corazones argentinos, el arte de lo indestructible en apenas 90 horas al ritmo de la selección

En la cancha, Lionel Messi llora como sólo lo hemos visto en el banco de suplentes, cuando se lesionó en la final de la Copa América 2024 y tuvo que dejar la cancha frente a Colombia. Sólo que esta vez es de emoción, de una alegría que le recorre el cuerpo como pocas veces. Y eso que tiene una carrera incalculable en títulos, goles y premios como para soltar millones de lágrimas. En lo alto del Atlanta Stadium, decenas de argentinos corren desaforados, como si hubieran visto un monstruo, pero en rigor estaban festejando el gol de Enzo Fernández. Las vibraciones que provienen desde el alma son irrefrenables. Esos hinchas son plenamente conscientes de lo que está sucediendo, pero no pueden contener ese fuego interno que se siente pocas veces en la vida. En Buenos Aires, y en cualquier ciudad del mundo donde se vive y se siente Argentina, nadie toma en cuenta la distancia que lo separa de Estados Unidos: es como si estuviera ahí. Reunidos en familia, en el trabajo, con los amigos, en un bar o escuchando la radio sentado junto a un árbol, a la vieja usanza, porque ya no se banca más ese sufrimiento por TV. Pero, ¿hasta cuándo aguanta ese corazón? ¡Si todavía estaba convalesciente de la operación a cuore abierto del viernes pasado frente a Cabo Verde y fue sometido demasiado pronto a otro test de supervivencia! Habían pasado 90 horas y una nueva sesión de estrés pronunciado nos puso a prueba. Evidentemente, las únicas garantías que otorga la selección en este Mundial 2026 son las de carácter, que aflora a modo de salvataje cuando futbolísticamente está en falta.Aunque lo que está sucediendo no es un capítulo aislado. La historia de Argentina en los Mundiales reúne muchos capítulos en los que resultó necesario blindarse contra el estrés. Situaciones límite. Instancias cruciales que marcaron el peregrinaje de las distintas selecciones. Tomemos, antojadizamente, como piedra basal aquella primera conquista de 1978. Muchos no habían nacido, otros venían de decepciones (Alemania 74: eliminación en primera rueda; México 70: no se clasificó). Los corazones se paralizaron en el minuto 90 de la final, contra Holanda, con el score 1-1, cuando Rob Rensenbrink estrelló su remate en el poste derecho del arco del Pato Fillol. En el suplementario llegarían más destellos del Matador Kempes para celebrar un 3-1 histórico y la ansiada consagración. La euforia infinitaUn egipcio fue a grabar la tristeza de los argentinos, y terminó viendo la alegría de la remontada que pegó Argentina. pic.twitter.com/F8Zsg6hj0o— milanesaliberal (@milanesaliberal) July 7, 2026Ocho años después, en el Azteca, la mejor función del equipo de Bilardo en el match decisivo (2-0 hasta los 74’) se enturbió en sólo ocho minutos con un par de pelotas paradas. ¡Justo goles de córner al doctor, increíble! De la euforia a la angustia, pronunciada. Más estrés. “¿Qué te pasa fútbol, qué te pasa selección?“, pensamos todos en ese pasaje crítico. Hasta que la última genialidad de Maradona le dio un pase a la gloria a Burruchaga para el 3-2 sobre Alemania. Segunda estrella. En Italia 90 no hubo título, sí un subcampeonato, pero sobre todas las cosas, ese domingo inolvidable en Turín con el gol de Caniggia a Brasil, con otra jugada mágica de Maradona con récords de visitas en youtube. Un domingo en el que nadie se explicaba (aún hoy) porqué los remates de las figuras brasileñas pegaban en los palos y el travesaño del arco defendido por el Vasco Goycochea. ¡Corazones indestructibles! Y también estómagos cerrados: se jugó en el mediodía argentino. ¿Hay más? Sí, claro. También pasaron los penales contra Inglaterra en Francia 98. Y más penales contra Holanda en Brasil 2014, cuando Chiquito Romero se convirtió en héroe. La historia se prolongó en Qatar 2022, primero contra Países Bajos y luego en la final ante Francia, con un partido electrizante y nuevamente penales. La mejor final de todos los tiempos que terminó consagrando a Messi. La tercera estrella que llegó en una época distinta del año: no fue ni el 25 ni el 29 de junio, como las del 78 y el 86, sino un 18 de diciembre. ¡Qué lindo fin de año nos dieron! ¡Y qué contentos estaban los corazones! Hubo dos o tres generaciones que por fin pudieron darse el gusto de ver una final en la cancha o por TV en tiempo real y no como un recuerdo de internet. La etapa preliminar del Mundial 2026 fue como una típica cabalgata al paso para Argentina. Hasta que llegaron los playoffs y volvieron los cimbronazos. “Esto es un parto”. “Por qué sufrimos tanto”. “No estamos igual que en Qatar”. ¿Por qué algunos nunca entran?”. Muchas sensaciones y también preguntas, que por ahora sólo tienen aproximaciones a respuestas. Sí, es un Mundial que viene ofreciendo sorpresas, actuaciones sorprendentes de equipos menos poderosos y caídas de grandes protagonistas históricos, como Brasil y Alemania, por ejemplo. Argentina anduvo coqueteando con el abismo. No por elección propia, claro: no es un plantel de masoquistas. Pero la realidad la puso en ese sitio, navegando en la incertidumbre hasta que el carácter la saca a flote. Una vez más los corazones quedaron expuestos a ver qué tan fuerte era su resistencia. ¡Explotan los corazones!Del silencio y la calma a la explosión del pueblo con el tercer gol de ArgentinaQue video grandioso pic.twitter.com/0qH8qAHp4W— Modo Scaloneta 🇦🇷🏆 (@ModoScaloneta) July 7, 2026Contra Cabo Verde, hubo sensación de no poder controlar en ningún momento las ventajas obtenidas. “Corregiremos”, anunció esa noche Lionel Scaloni, que apuntó que el partido “fue el que más lo marcó” entre los 100 que condujo a la selección. Hubo cambios, reingeniería táctica, pero el siguiente choque con Egipto por los octavos de final fue el compromiso en el que más cerca se estuvo del precipicio. Presagiando una despedida demasiado prematura, con resignación. Apurado por la necesidad de descontar un 0-2, jugando contrarreloj (hasta los 78′), y con el sarcófago egipcio listo para cerrarse, sepultando para siempre la última ilusión. Con un corazón que latía casi por inercia, aparentemente vencido.¡Aguante corazón que no todo está perdido! Como si un par de manos celestiales hubiesen ensayado una maniobra de RCP, la selección volvió a brincar. Para vivir un nuevo capítulo de esos que se relatarán por siempre. Con la connotación que cada uno elija. Nos fuimos a dormir con una sonrisa. Pero seguramente nos seguimos preguntando: ¿cuál es el límite de tolerancia del motor que nos impulsa? Los corazones, como el equipo, futbolísticamente hablando, necesitan algo de paz. Claman por ello.
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