Este martes 7 de julio es, oficialmente, el último día de la familia Mastellone al mando de La Serenísima, y en las próximas horas finalmente asumirán la conducción plena de la empresa las firmas Arcor y Danone, dos socias que decidieron avanzar con la compra total del paquete accionario tras más de una década de trabajo conjunto.
Con la retirada de los Mastellone se cierra una etapa muy extensa en la historia láctea nacional, que se remonta un siglo hacia atrás y tiene entre sus páginas a inmigrantes, hitos industriales, y una presencia masiva e indiscutida en el mercado local e internacional.
Es un final muchas veces augurado, entre las tantas crisis económicas que azoraron a la empresa controladora de La Serenísima, pero que parece haber llegado en el momento justo, en un contexto de buen volumen de producción, pero con las dificultades propias de un negocio que recorta rentabilidad incluso a los más grandes.
Hacia adelante, la empresa francesa y la familia Pagani operarán en soledad un entramado industrial de 11 plantas productivas, proyectando unificar la producción que hasta ahora se segmentaban con los Mastellone y, aseguran, acelerar el crecimiento.
Estrictamente, con la muerte de José Mastellone, el último hijo vivo del fundador, el pasado 21 de abril, la familia lechera ya había terminado de oficializar esa retirada que hoy consta en los papeles. No casualmente era apodado “el último lechero” y hasta sus últimos días trabajó en el Complejo Industrial Pascual Mastellone, que ahora terminará de pasar a manos de los dos gigantes alimenticios.
Los orígenes de este árbol genealógico se le atribuyen a Antonino Mastellone, un joven “tano” de la localidad de Piano Di Sorrento que llegó a sus 26 años a Argentina con el conocimiento acumulado por una familia abocada a la elaboración de quesos.
Demoró sólo un año en cumplir su cometido, pues en 1927, el dueño del frigorífico Trapani, donde trabajaba junto a su hermano José, les ofreció una casa en General Rodríguez para instalar su propia quesería. Fue ese el germen de La Serenísima, aunque la propia marca ubica su punto de partida oficial recién el 29 de octubre de 1929, cuando Don Antonino contrajo matrimonio con Teresa Aiello.
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Como buena historia de inmigrantes, la de los Mastellone tiene detalles muy curiosos. Uno de ellos es la elección del nombre para su marca. Fue Antonino el que se topó con la leyenda “La Serenissima” -con doble “s”- en 1918 durante la Segunda Guerra Mundial, pues estaba inscrita en una escuadra de aviones que, en vez de bombardear Viena, arrojó folletos y pidió por la paz.
Igual de curioso es el crecimiento que tuvo la firma. En sus comienzos, los hermanos producían sólo muzzarella y ricota a una muy pequeña escala, que luego enviaban en tren hasta la estación Once y desde allí entregaban a pie en los barrios porteños. La mayor clientela estaba en la zona portuaria del bajo, donde vivían las familias europeas recién llegadas al país.
Así funcionó la logística por casi una década, pues recién en 1935 pudieron adquirir un camión usado y comenzar una muy modesta flota de distribución.
Hay un antes y un después en el ingreso de Pascual Mastellone a la empresa. Fue en realidad una toma de mando forzada por la muerte de su padre, Antonino, hacia 1952, cuando el primogénito tenía sólo 21 años.
En pocos años, y al calor de un mercado consumidor en expansión, La Serenísima se convirtió en el gigante industrial que hoy conocemos.
La década del sesenta marcó el punto de quiebre. Inició con el hito de procesar leche pasteurizada, clave para asegurar el abastecimiento todo el año; y asistió además a la expansión de su portfolio: incorporaron el yogurt (1962), el dulce de leche (1967), el uso del sachet (1968), la leche en polvo (1971) y la manteca, que hasta ese entonces (1977) se producía a fasón.
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La relación con Danone, que se convertiría luego en uno de sus posteriores compradores, comenzó en 1996, cuando ambas empresas sellaron una alianza para la elaboración, comercialización y distribución de las líneas de yogures y postres La Serenísima.
Es un compromiso que mantuvieron, en esencia, hasta el día de hoy. Operativamente, Mastellone Hermanos se centraba en los productos básicos, como leche, quesos y manteca, y la firma francesa gestionaba las categorías de mayor valor agregado y refrigerados, como yogures y postres.
De hecho, la integración operativa es un objetivo que Danone persigue hace ya varios años, y que ha ofrecido a la familia Mastellone cada vez que la crisis económica y las deudas les puso la soga al cuello.
El primero de esos intentos de compra fue en 2009, cuando Mastellone afrontaba deudas de más de 230 millones de dólares y Danone ya exploraba la posibilidad de utilizar su asociación con Arcor en Bagley para hacerse de la mayoría accionaria. La oferta tuvo que esperar más de 15 años para prosperar.
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El desembarco de la familia Pagani al gigante lácteo se efectivizó en 2015, cuando Mastellone firmó una alianza con Arcor. Se trató, fundamentalmente, de una sinergia, pues ambas marcas lanzaron productos en conjunto y fue ese movimiento el que también permitió a La Serenísima desembarcar en el mercado boliviano.
Ese mismo acuerdo contemplaba el germen del desenlace que se hará efectivo las próximas horas: Mastellone otorgaba a Arcor y Danone la opción de adquirir el 100% de la compañía en etapas.
Fue en abril de 2025 cuando los socios mayoritarios de Bagley finalmente decidieron ejercer el derecho de compra por el 51,32% restante, pero con una oferta económica que, según trascendió en ese entonces, estaba muy lejos de las intenciones de la familia fundadora.
La cifra final no se dio a conocer, pero de seguro fue un punto medio entre los 40 millones de dólares ofrecidos y los 250 millones exigidos.
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En el mes de marzo, Danone y Arcor confirmaron la operatoria, que representa un punto de llegada tras más de una década de expansión sostenida. Para adquirir el control del 100% de la empresa dueña de la marca La Serenísima crearon una sociedad que fue denominada no casualmente “La Serenísima S.A.”, ya que el foco estará puesto principalmente en el mercado lácteo local.
“Este joint venture lácteo con Danone permitirá apalancar la capacidad comercial, las operaciones, los procesos y las mejores prácticas de ambas empresas y acelerar el crecimiento, gracias a una estrategia unificada para el desarrollo de productos diferenciales”, afirmó en ese entonces Alfredo Pagani, presidente de Grupo Arcor.
En ese sentido, desde ambas firmas ratificaron que la decisión no se aparta de su compromiso con el consumidor argentino, que absorbe un 85% de su prodicción. Es de destacar que La Serenísima procesa actualmente casi 4 millones de litros de leche diarios que distribuye entre más de 70.000 puntos de venta internos. Fronteras afuera, envía anualmente unas 76.000 toneladas.
“La combinación de nuestras capacidades creará una plataforma de crecimiento con mayores oportunidades para la innovación y la eficiencia operativa, junto con un mayor alcance”, señaló, por su parte, Antoine de Saint-Affrique, CEO global de Danone.
Agro & Campo
El último día de la familia Mastellone en La Serenísima, la empresa que fundó un inmigrante italiano hace casi un siglo, y que ahora controlarán Arcor y Danone
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