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Granit Xhaka, el líder suizo que marcó en tres mundiales, puso en fila a sus compañeros en el estreno y sueña en grande
Xhaka, entre el espejo de su padre, los récords y el singular modelo de mando que incomoda en el vestuario
Un futbolista que forjó su carácter con su padre como guía. Un jugador que ensaya desafíos con sus palabras, actos y decisiones. Granit Xhaka esquiva los dobleces: puede resultar una pieza estratégica y también un provocador en el campo de juego. No pasa desapercibido tampoco en el vestuario y con elecciones personales que causan sorpresa en el medio. En el estadio BC Place Vancouver, de Canadá, desde las 17, Suiza se medirá con Colombia por los octavos de final del Mundial 2026: un desafío para los helvéticos, que pretenden cruzar la línea de jugar cinco partidos en una Copa del Mundo, también un reto para el capitán que, a los 33 años y después de convertir en los últimos tres mundiales, no deja de soñar. Hijo de padres albaneses procedentes de Kosovo, el fútbol y el orgullo familiar son columnas en su recorrido. Con la familia establecida en 1990 en Suiza, Granit y su hermano mayor Taulant se formaron en las divisiones inferiores de Basilea. Atrás quedaba el martirio que padeció Ragip, preso político en la antigua Yugoslavia, que estuvo encarcelado durante tres años y medio. Participar en manifestaciones contra el gobierno central comunista en Belgrado, años en los que era un estudiante en la Universidad de Pristina, el motivo del arresto y de una condena sumaria de seis años; la celda la compartía con cuatro hombres y solamente podía salir durante diez minutos, una vez al día.“Que yo sepa, sus primeros meses en la cárcel transcurrieron sin problemas, pero luego empezaron las palizas. Como hijo, su historia me conmueve profundamente y la llevo en el corazón. A veces pienso que no me contó todo. En su relato, en los momentos de silencio siento que se guardó detalles, que no soltó toda la verdad. Era un kosovar orgulloso y creía que su pueblo tenía derecho a existir. Defendía sus derechos, derechos democráticos básicos, como el derecho al voto”, contó en múltiples oportunidades Xhaka, que en la cancha -con sus actitudes- alimentó las diferencias geopolíticas cuando Suiza jugó con Serbia en Rusia 2018 y Qatar 2022. El festejo del primero gol en la victoria 2 a 1 en Kalingrado, juntando las manos para simular el símbolo del águila bicéfala que adorna la bandera de Albania, le costó una multa de 8600 euros por parte de la FIFA, que sanciona los gestos explícitamente políticos. Los hinchas kosovares armaron una colecta para solventar el castigo económico, que incluyó también a Xherdan Shaquiri y a Stephan Lichsteiner. “Mi padre demostró una fuerza increíble y con Taulant crecimos con su fortaleza mental. Ese era nuestro ídolo, y nos enseñó que hay que ser fuertes para lograr las cosas. Por eso, en la cancha, tenemos esa mentalidad para superar obstáculos”, revisa Granit, que tomó las oportunidades que le ofreció Suiza, pero no olvida sus raíces kosovar-albanesas y hasta esperó una convocatoria para ser seleccionado por Albania, aunque la Federación no mostró interés en citarlo. Francia en Brasil 2014, Serbia en 2018 y Bosnia y Herzegovina en 2026, los rivales a los que Xhaka le anotó en los mundiales, una estadística que comparte con Shaquiri. El comienzo de la actual aventura, con el empate ante Qatar, expuso el liderazgo de Granit. En la conferencia de prensa disparó contra sus compañeros: “No hace falta ser el centro de atención y querer hacer todo uno mismo. Es un tema de disciplina: si falta disciplina, es difícil. Necesitamos cambiar muchas cosas, poner los pies en el suelo y ver la realidad”. La fiereza de su discurso generó revuelo y algunos medios suizos informaron que algunos jugadores se sentían incómodos en la concentración: un ambiente tóxico, calificaron, mientras el seleccionador Murat Yakin intentó suavizar la polémica. “La gente sabe quién soy. Hay ciertas personas que no soportan las críticas, y yo soy de los que se autocritican antes de criticar a los demás. Siempre se interpreta de forma diferente cuando digo algo, pero no conozco otra manera. Quizás lo necesito y provoco un poco. Lo importante para mí es que el equipo me apoye”, relata quien en su recorrido jugó en Basilea, Borussia Moenchengladbach, Arsenal, Bayer Leverkusen y Sunderland. Campeón de la Bundesliga, de la Copa de Alemania en 2024, sorprendió que mientras sus compañeros firmaron con clubes de elite –Jonathan Tah (Bayern Munich), Piero Hincapie (Arsenal), Jeremie Frimpong y Florian Wirtz (Liverpool)-, él eligió Sunderland, que en 2025 regresó a la Premier League. “El club venía de una situación que me recordó a los inicios de mis padres, desde cero. Siento que esta experiencia me aportará de cara al futuro: quiero dedicarme a ser entrenador. Por eso es importante vivir momentos de sufrimiento y solidaridad”, expresó Granit, que lideró a Sunderland al séptimo puesto de la Premier League y jugará la Europa League. Chelsea lo pretende y de concretarse la negociación -la cifra todavía no equipara los 15 millones de euros que desembolsó Sunderland- se reencontraría con Xabi Alonso, que lo dirigió en Bayer Leverkusen. El crudo mensaje que Xhaka lanzó tras el debut despertó a Suiza, que goleó 4-1 a Bosnia y Herzegovina, superó 2-1 al anfitrión Canadá para finalizar en el primer puesto en el Grupo B y en los 16avos de final eliminó a Argelia (2-0). Con los helvéticos debutó con 18 años y es el futbolista con más partidos con la selección: 150. “Me llena de orgullo y alegría estar aquí. Nunca se olvida todo el esfuerzo que hiciste de niño. Mientras conserve esa ambición de levantarme cada día y mejorar, me verán en el campo de juego”, avisa Xhaka, el capitán que empuja para derribar paredes, el líder que alimenta la ilusión de Suiza.